Una tercera parte de la población mundial está infectada con el bacilo de la tuberculosis, pero solo una de cada 10 personas desarrolla la forma activa de la enfermedad. 
 
 
Un sistema inmunológico sano la mantiene en estado latente (no presenta síntomas ni puede transmitirse), pero la enfermedad se desarrolla fácilmente en un sistema inmunológico debilitado y por eso es tan común en las personas con VIH. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2017, unos 10 millones de personas desarrollaron la enfermedad y 1,6 millones murieron a consecuencia de ella; y se estima que en 2017 enfermaron de tuberculosis un millón de niños y que 230 000 niños murieron debido a esta causa (inlcuidos los niños con tuberculosis asociada al VIH). El 85% de los casos se dan en Asia, África y Europa del este.
 
Además, debido a las deficiencias en el manejo de la enfermedad y a la mala adherencia de los pacientes a los tratamientos, se están propagando cepas resistentes a los medicamentos más comunes: en 2017, cerca de 558.000 personas desarrollaron TB resistente a la rifampicina, el medicamento de primera línea más eficaz, y un 82% de ellas tenían TB multirresistente (TB-MDR).
 

¿Qué es? 

La tuberculosis (TB) es una enfermedad contagiosa trasmitida por el aire. Sólo una de cada 10 personas infectadas desarrollará la forma activa de la enfermedad; un sistema inmunológico sano la mantendrá en estado latente. Pero estas infecciones pueden reactivarse años, incluso décadas más tarde, si se debilitan las defensas. Esto explica por qué las personas con VIH, al estar inmunodeprimidas, son tan vulnerables a la TB.
 
La forma pulmonar de la TB se caracteriza por tos persistente, falta de aliento y dolores pectorales. Las personas con la forma activa de la TB, si no se tratan, infectarán de 10 a 15 personas cada año.
 
La infección también puede afectar a casi cualquier parte del cuerpo, como los nódulos linfáticos, la espina dorsal o los huesos. Ésta es la forma extrapulmonar de la TB, más frecuente en pacientes VIH-positivos y en niños.
 

¿Cómo se diagnostica? 

Las técnicas más utilizadas en países en desarrollo consisten en examinar muestras de esputo de pacientes al microscopio, un método desarrollado hace más de un siglo y que detecta menos de la mitad de casos de TB.
 
La mejor alternativa que existe ahora mismo es el cultivo, que consiste en incubar muestras de esputo para ver si contienen micobacterias vivas de la TB. Esta técnica es más precisa, pero debe realizarse en un laboratorio con personal formado y los resultados pueden tardar hasta ocho semanas. Se estima que el 85% de los enfermos de TB acuden a clínicas y puestos de salud pequeños, donde no pueden realizarse las pruebas o solamente el análisis de esputos al microscopio.
 

Esto significa que los médicos a menudo se ven obligados a empezar a medicar a los pacientes antes de conocer su diagnóstico completo, por lo que el tratamiento se administra a ciegas y no siempre es el adecuado.

 
En el caso de la tuberculosis resistente a los medicamentos (DR-TB por sus siglas en inglés), no sólo es importante saber si la persona está infectada, sino a qué medicamentos han desarrollado resistencias sus cepas. Las pruebas de sensibilidad a los medicamentos, también basadas en el cultivo, permiten establecer los patrones de resistencia de cada paciente. Pero, al requerir laboratorios equipados y personal cualificado, apenas se encuentran en países en desarrollo y además los resultados pueden tardar de 8 a 12 semanas.
 
 
Una prueba más reciente, basada en la tecnología molecular, proporciona resultados en apenas dos horas e incluso detecta ciertas resistencias a medicamentos como la rifampicina (uno de los más potentes). Aunque requiere una máquina de alta tecnología (con un suministro eléctrico estable), es fácil de usar por un técnico que haya recibido una rápida formación. La muestra de esputo (mezclada con un reactivo) se introduce en la máquina, que detecta tanto las bacterias de la TB como aquellas que son resistentes a la rifampicina. En todo caso, tampoco es perfecta: un reciente estudio en Suazilandia ha identificado que más de un 25% de las cepas de TB-MDR portan una mutación que esta tecnología no es capaz de detectar.
 
 

¿Cómo se trata? 

Los medicamentos para la TB datan de los años cuarenta y el tratamiento de la forma no complicada dura seis meses. La mala gestión y una mala adherencia al tratamiento han provocado la aparición de nuevas cepas resistentes a uno o más de los medicamentos habituales.
 
La TB multirresistente a los medicamentos (MDR-TB) es una forma más grave que presenta al menos resistencias a los dos antibióticos de primera línea más potentes (isoniacida y rifampicina). No es imposible de curar, pero el tratamiento tiene muchos efectos secundarios y dura como mínimo dos años.
 
 
Para el tratamiento de la TB multirresistente, existen dos nuevos fármacos, la bedaquilina y la delamanida, más cortos y fáciles de administrar. La bedaquilina (fabricada por Johnson & Johnson) y la delamanida (de Otsuka) recibieron autorización comercial en 2012 y 2014, respectivamente, y sin embargo apenas un 5% de los enfermos los reciben; esto se debe, principalmente, a que estas farmacéuticas no los han registrado en muchos de los países más afectados por la enfermedad y además los venden a un precio demasiado alto.
 
Por su parte, la TB extrarresistente (TB-XDR) define a las cepas de TB-MDR que, además, son resistentes a los medicamentos de segunda línea, incluyendo al menos uno de las fluoroquinolonas y al menos uno de los de segunda línea inyectables (capreomicina, kanamicina y amicacina). El tratamiento por tanto también es complicadísimo, y muy pocos pacientes sobreviven a la enfermedad.
 

MSF y la tuberculosis

 
Llevamos 30 años implicados en la atención a enfermos de TB: hemos trabajado codo con codo con las autoridades nacionales de numerosos países para proporcionar diagnóstico, tratamiento y cuidados en zonas de conflicto, campos de desplazados y refugiados, apartadas regiones rurales, barrios chabolistas en grandes ciudades e incluso en las prisiones. En 1999, empezamos a atender a personas con formas resistentes de la enfermedad y en la actualidad somos uno de los principales proveedores de tratamiento para estos pacientes. En 2018,19,400 pacientes con TB iniciaron su tratamiento en nuestros proyectos, de los cuales 2,840 tenían TB resistente.
 
Cerca de un millón de niños contrajeron TB en 2016 y 250.000 murieron ese año a causa de la enfermedad. Hasta ahora, para tratarlos había que trocear las pastillas para adultos. Pero en 2015 empezamos a utilizar en Níger la primera combinación de medicamentos adaptada a los niños, creada a partir de tres fármacos ya existentes: son menos pastillas y además son fácilmente solubles y tienen un sabor agradable. No obstante, el tratamiento sigue siendo largo: seis meses. Necesitamos nuevos medicamentos en lugar de los que se vienen utilizando desde hace 50 años, para acortar los tiempos de tratamiento, ya que cuanto más largos son estos, mayor es el riesgo de resistencias. También urge el desarrollo de métodos de diagnóstico adaptados a los más pequeños.