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25.07.2016
Por Edgar Escalante, cirujano de Médicos Sin Fronteras en el proyecto quirúrgico de emergencia de MSF en Ramtha, Jordania.   
 
Comencé a trabajar con Médicos Sin Fronteras desde que me retiré en 2013. Esta es mi cuarta misión, anteriormente trabajé en Yemen y Afganistán. 
 
Después de haber estado en Yemen y Afganistán,  esperaba encontrarme con un escenario similar en Ramtha, al norte de Jordania. Pero siempre estuve positivamente impresionado con este contexto en general, porque estábamos muy cerca de la zona de conflicto, sin dejar de estar en un lugar tranquilo y a salvo al mismo tiempo.  Ha pasado casi un año desde que me trasladé al proyecto quirúrgico de emergencia de Ramtha en Jordania y he visto muchos cambios desde ese momento. 
 
Uno de los casos que me ha tocado realmente y que nunca voy a ser capaz de olvidar fue el de un joven sirio que vino a nosotros después de que una explosión de bomba lo hiriera. Él tenía un trauma severo en la cabeza, daños masivos en su abdomen y múltiples fracturas abiertas en sus brazos y piernas. Las posibilidades de salvar su vida eran prácticamente nulas. Después de aplicar un fijador externo  para las extremidades fracturadas, fue transferido a otra instalación porque necesitaba cuidado intensivo que nosotros no podíamos proveer en Ramtha, ya que teníamos múltiples víctimas en ese momento y nuestro hospital estaba completo. Él fue sometido a severas cirugías en su pecho, abdomen y cerebro, y cayó en un coma profundo que duró aproximadamente tres semanas.
 
Cada vez que hacía mis rondas, veía a su madre siempre con él y ella me decía todos los días “salve a mi hijo… no lo deje morir”. El caso fue considerado  irremediable, pero independientemente nosotros continuamos la batalla.  Un día durante la ronda, por unos segundos, noté que uno de sus ojos se movía diciéndome que todavía estaba con nosotros. Sostuve su mano y me la tomó, entonces supe con certeza que la batalla estaba a punto de comenzar. Han pasado siete meses desde ese momento y después de muchas operaciones en su pecho y cerebro, además de varias cirugías ortopédicas, se ha recuperado en nuestras instalaciones en el campo de refugiados de Zaatari. Ahora, él habla conmigo, canta y está comenzando a caminar de nuevo. Cada semana lo visito en el campo y siempre recibo la mejor recompensa por todos estos esfuerzos: una gran sonrisa, una apretón de manos y la palabra “Shukran”.
 
Lo que más disfruto de trabajar en este proyecto, no solo es contribuir con el tratamiento de los heridos sirios, sino también trabajar mano a mano como mis colegas de Jordania por la misma causa: marcar la diferencia en la vida del pueblo sirio. Hoy, con la apertura de este nuevo departamento de operación, una nueva fase en la vida del proyecto de cirugía de Ramtha está a punto de comenzar. 
 
Este programa es de gran importancia para la población de Siria y Jordania. Tenemos ahora altos estándares de atención para los heridos de guerra sirios así como buenas oportunidades de capacitación para el personal jordano. Mirando hacia adelante, en un futuro cercano, espero que este proyecto pueda expandirse para incluir nuevos criterios de admisión y oportunidades de capacitaciones, no sólo para el equipo de Jordania, sino también para médicos y enfermeras sirias que trabajen en la frontera en las instalaciones apoyadas por MSF. 
 
 

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