14.09.2016
Chéride Kasonga acaba de regresar de Pibor, una de las regiones más necesitadas de Sudán del Sur, un país perpetuamente propenso al conflicto. De marzo a septiembre de 2016, el doctor congolés trabajó en una clínica de referencia apoyada por Médicos Sin Fronteras. Para él, ir a una misión con la organización fue una forma de satisfacer su ideal de proporcionar atención médica de calidad a todos. 
 
"En mi país me enfrenté a la realidad de un sistema de salud sin el suficiente subsidio, que requiere que los pacientes paguen por sí mismos el costo de su atención médica. Así que fue difícil para nosotros proporcionar atención a quienes no tienen los recursos financieros adecuados y, al mismo tiempo, respetar el juramento Hipocrático que requiere que todo doctor haga de la salud de sus pacientes una prioridad. Por eso elegí trabajar con MSF, para poder practicar la medicina que estudié de una manera libre y con mi consciencia tranquila.”
 
Desde 2007, usando un chaleco con el logo de MSF, Chéride ha trabajado en el proyecto Karibu en Kisangani, y en el proyecto Niangara en la República Democrática del Congo (RDC). Después comenzó a trabajar para la organización como expatriado. Él pasó algo de tiempo en Mali, en Mauritania, en la República Centroafricana (RDC) y, más recientemente, en Sudán del Sur durante una misión de seis meses. 
 
"Trabajé durante ocho años en mi país. Tengo amigos que se quedaron ahí, que están con sus familias y que ganan más dinero que yo. Pero trabajar fuera de la RDC me permitió obtener muchas experiencias valiosas. Como un doctor, es importante que conozcas a tu paciente, su forma de vida, sus preferencias alimenticias y sus creencias para poder atenderlos adecuadamente. Esta habilidad que gané, entre otras, me hizo más humano al momento de practicar mi profesión. Además, trabajar en lugares en los que la gente verdaderamente necesita nuestra ayuda es muy importante para mi, incluso cuando a veces involucra riesgos." 
 
Chéride Kasonga era el único médico de MSF en el centro de referencia de Pibor. Este proyecto de MSF tiene como objetivo a una población de alrededor de 170,000 personas que no tienen otro acceso a la atención médica en su país. Entre abril y julio de 2016, el centro realizó 19,488 consultas para pacientes externos y más de 230 consultas para pacientes internos. 
 
 
Los días laborales del doctor congolés que incluían actividades de supervisión, tareas de administración, la atención de pacientes a nivel clínico, el entrenar al personal, siempre fueron una especie de maratón. Sin embargo, proporcionar servicios de salud gratuitos a una población que no tiene acceso a atención médica fue muy satisfactorio para él. 
 
"A veces experimentamos grandes dificultades para llegar a algunas clínicas: durante la temporada de lluvias, los caminos frecuentemente son imposibles de cruzar, y el agua en los ríos a veces no es lo suficientemente profunda como para que un bote se use. En esa situación, estas clínicas no pueden referir a los pacientes seriamente enfermos a Pibor. Pero cuando llegas a proporcionar atención y restaurar sus ganas de vivir, las sonrisas de los pacientes o de sus parientes, te hacen muchísimo bien,” dice el doctor.  
 
En su propio país, y en casi todos los países en los que ha trabajado con MSF, su labor siempre se desarrolla en medio de un contexto de seguridad inestable. Pero incluso cuando hay una situación tensa, “mi entusiasmo por el trabajo humanitario nunca se ha ido,” dice Chéride.
 
Más allá de las preocupaciones humanitarias causadas por la inseguridad, otro problema, más médico en su naturaleza, lo molestaba: la costumbre de usar medicina tradicional, en la que Chéride no tiene confianza alguna. “Estas prácticas han provocado que muchas personas vengan con nosotros en un estado de salud muy deteriorado porque durante mucho tiempo se pusieron en las manos de practicantes no profesionales; o tomaron durante mucho tiempo y sin saberlo, sustancias tóxicas; al mismo tiempo que nosotros proporcionamos atención médica de calidad totalmente gratuita,” dice Chéride, lamentándose.
 
La malaria, la diarrea y las infecciones respiratorias son condiciones comunes en el centro de referencia de Pibor. Pero otros casos causaron una impresión en Chéride Kasonga, como las heridas causadas por cuchillos o balas, que frecuentemente son resultado de conflictos entre personas diferentes generaciones. 
 
"Una vez, un joven de 25 años llegó con nosotros en un estado de confusión mental y con múltiples heridas en la cabeza, en la espalda, en sus brazos y piernas. Había sido golpeado con un machete por integrantes de la familia de una chica con la que estaba saliendo. Él perdió la consciencia durante 24 horas antes de despertar, y permaneció confundido durante varios días. Lo admitimos en la clínica y lo atendimos. Nos complació mucho verlo salir del hospital recuperado de sus capacidades físicas y mentales después de 45 días de hospitalización.”
 
Ahora que está de regreso en su país, Chéride Kasonga dice que disfruta estar con su familia, pero sabe bien que otra parte de él disfruta pasar tiempo atendiendo las necesidades de sus pacientes. Y nos cuenta que está esperando, con  una impaciencia difícil de disimular, ir a algún otro lugar junto a MSF. Su misión es salvar vidas, ¡cueste lo que cueste!
 

LEER MÁS

 
 

Entradas relacionadas