28.10.2017

27 de octubre de 2017, Nueva York, Estados Unidos

Discurso de Jason Cone

Director Ejecutivo, Médicos Sin Fronteras (MSF) EE. UU.

Brain & Behavior Research Foundation

 
Buena noches. Es para mi un gran honor aceptar el Premio Humanitario Pardes en Salud Mental esta noche, en nombre de Médicos Sin Fronteras (MSF) y de todos mis colegas que trabajan en nuestros programas de salud mental en todo el mundo, especialmente a los que asistieron esta noche, el Dr. Kaz de Jong y la Dra. Frédérique Drogoul.
 
Estamos muy agradecidos por este reconocimiento de la Brain & Behavior Research Foundation. Esperamos que este premio arroje luz sobre las inmensas necesidades de salud mental que enfrentan las personas que padecen las cicatrices de la guerra y el conflicto, de la migración forzada, la violencia sexual, el aislamiento de los trastornos psiquiátricos y el estigma de diagnósticos devastadores como el VIH y tuberculosis
 
Como organización médico humanitaria internacional, Médicos Sin Fronteras, o MSF, brindamos atención médica donde las necesidades son mayores. Nuestro trabajo nos lleva a zonas de guerra, a desastres naturales, a buscar y rescatar embarcaciones en el Mediterráneo, a lugares donde las personas mueren por enfermedades olvidadas. Nuestros médicos y enfermeras a menudo son vistos tratando dolencias físicas: vendando a los heridos de guerra, rehidratando a un paciente de cólera, realizando una cesárea de emergencia.
 
Pero algunas heridas son invisibles. Y se manifiestan en violencia, depresión o ansiedad.
 
Un niño en un campamento para refugiados sirios en Jordania, mojando la cama o teniendo pesadillas. Madres o padres que se vuelven violentos con sus hijos, atormentados por recuerdos de la violencia que sufrieron y de la que huyeron. Mujeres que han sobrevivido al abuso sexual por parte de bandas criminales en su trayecto desde América Central hasta los Estados Unidos, cargando culpa y vergüenza por la violencia de otros.
 
Es por eso que durante casi 20 años hemos tratado la salud mental como parte de nuestro trabajo de emergencia. En 1998, MSF reconoció formalmente la necesidad de implementar intervenciones de psicosociales y de salud mental  como parte de nuestro trabajo de emergencia.
 
En 2016, MSF gestionó 143 proyectos de salud mental en 49 países, proporcionando 229,000 sesiones de salud mental. Nuestros programas apuntan principalmente a reducir los síntomas de las personas y mejorar su capacidad para funcionar. Con frecuencia, este trabajo lo realizan asesores locales especialmente capacitados por MSF. Los psicólogos o psiquiatras de MSF brindan apoyo técnico y supervisión clínica. Cuando corresponde, los servicios de asesoramiento de MSF refuerzan o complementan los enfoques de salud mental que ya existen en las comunidades locales.
 
Las personas a las que estamos tratando en todo el mundo se han enfrentado a una violencia terrible, a pérdidas inimaginables y a las indignidades y peligros del desplazamiento. Entendemos que este tipo de trauma puede conducir a problemas de salud mental que inmovilizan a las personas justo cuando necesitan tomar decisiones para ellos y para sus familias.
 
En MSF, decimos que no hay atención médica sin atención de salud mental. Proporcionamos trabajo de emergencia médica: tratamiento de heridas de bala, desnutrición, quemaduras o epidemias para tratar de asegurar la supervivencia de nuestros pacientes. Pero la atención en salud mental es un trabajo de emergencia: al proporcionar salud mental y apoyo psicosocial, estamos ayudando a nuestros pacientes a volver a funcionar, y esto brinda a las personas una mayor probabilidad de supervivencia y la posibilidad de volver a unirse con sus comunidades.
 
Estamos en medio de la mayor migración de personas desde la Segunda Guerra Mundial. Más de 65 millones de personas han sido forzadas a abandonar sus hogares. En Bangladesh, en Libia, en México y en Siria, la crisis migratoria está ocurriendo en todo el mundo, con enormes repercusiones para la salud mental de millones de personas.
 
Mis colegas y yo somos testigos de la implementación de políticas que envían a las personas de regreso hacia zonas de guerra, que evitan que las personas huyan de zonas de guerra y que les impiden cruzar fronteras y llegar a lugares seguros.
 
No hay un final a la vista para esta crisis. Como actores humanitarios y como comunidad médica, apenas estamos empezando a lidiar con el impacto de estos conflictos en la salud mental y con el impacto de las políticas gubernamentales que exponen a las personas a más violencia, trauma y sufrimiento emocional.
 
Como organización en que trabaja en la primera línea de algunos de los principales conflictos del mundo, tratamos a personas en zonas de guerra y en las rutas de migración; escuchamos sus historias y somos testigos del costo mental que están teniendo estos conflictos y estos desplazamientos. Una y otra vez, cuando nuestros trabajadores humanitarios terminan sus misiones, escuchan estas palabras de nuestros pacientes: "No nos olviden".
 
Nunca olvidamos a nuestros pacientes. Consideramos que es nuestra misión dar testimonio y continuar hablando acerca de ellos y de sus desafíos, incluso mucho después de que hayamos terminado nuestras misiones.
 
Agradecemos a la Brain & Behavior Research Foundation, por iluminar y apoyar este trabajo. Sobre todo, gracias por ayudarnos a garantizar que cumplimos con nuestra palabra y que nuestros pacientes nunca sean olvidados.
 
Muchas gracias.

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