26.01.2017
La brutal crisis en la República Centroafricana ha pasado ampliamente desapercibida a nivel internacional excepto, quizás, por esta emblemática imagen: un mar de personas desplazadas acurrucadas en los fuselajes de aviones abandonados y oxidados.
 
Esto fue en el aeropuerto internacional de Mpoko, en Bangui, la capital del país. En su apogeo, 100,000 personas vivían en este campo. Quienes no podían refugiarse en los vestigios de los viejos aviones se congregaban en almacenes abandonados, o construían refugios con los materiales que pudieran conseguir. 
 
Sin embargo, tres años después, los vuelos internacionales que aterrizan en Bangui lo hacen junto a tierras vacías. La mayoría de las 20,000 personas que seguían viviendo en Mpoko han regresado a sus lugares de origen.
 
Pero el cierre de este campo aún importa por las siguientes razones:
 

Porque la crisis no ha terminado

 
El cierre de Mpoko es una buena noticia: es una señal de estabilización en la República Centroafricana, un país en el que incluso los ciudadanos con más edad sólo pueden recordar breves periodos de relativa estabilidad. Pero este cierre sigue siendo, en gran parte, simbólico. Las personas desplazadas no tienen mucho a qué regresar en sus lugares de origen: se enfrentan a una seguridad precaria, a infraestructuras deficientes o inexistentes, a casas destruidas. En este contexto, familias de seis integrantes han recibido del Gobierno 150 euros en efectivo para rehacer sus vidas desde cero. En todo el país, una de cada cuatro personas está desplazada ya sea dentro o fuera de las fronteras nacionales.
 
Oficialmente, el cierre del campo fue una prioridad durante casi tres años. Por ejemplo, después de un año de relativa calma en Bangui en septiembre de 2015, la población del campo se había reducido a 6,000 personas y MSF se estaba preparando para cerrar su hospital y sus clínicas. Pero unos días antes de la reducción programada de las actividades de MSF, el conflicto repuntó de nuevo. Una vez más, miles de personas huyeron hacia la relativa seguridad del aeropuerto y el hospital se llenó de pacientes: el número de consultas pasó de 250 a 400 por día.
 
Así que, si bien hay razón para ser cautelosamente optimistas, lo que nos muestra la historia del campo de Mpoko es que el futuro es incierto en la República Centroafricana.
 
 

Porque (no) todo fue miseria y desolación

 
El conflicto en República Centroafricana, que provocó el surgimiento del campo, alcanzó niveles terroríficos de violencia; con atrocidades cometidas por ambas partes. Los equipos de MSF, que comenzaron a proporcionar ayuda médica en Mpoko un día después de que comenzaron a llegar las primeras familias, presenciaron actos horribles.
 
Las condiciones de vida en el campo eran difíciles para las miles de personas traumatizadas que buscaban refugio en el lugar pero, como sucede en todo el mundo, la vida y la muerte van de la mano. Durante tres años, las familias hicieron todo lo posible para mantener un mínimo de dignidad a pesar la situación: 5,807 bebés nacieron en el hospital de MSF en Mpoko. 
 
Al momento del cierre del campo, se proporcionaban servicios a personas ajenas al campo, que no eran desplazados. Dos tercios de los pacientes del hospital de MSF en Mpoko venían de las afueras del campo, algunos caminaban durante horas para llegar al hospital porque no había otros servicios médicos gratuitos y confiables a los que pudieran acceder. Ahora que el hospital cerró, tendrán que depender de los deficientes servicios públicos de Bangui. La República Centroafricana no ha resuelto sus problemas profundamente arraigados. 
 

Porque era una situación de relevancia internacional 

 
El conflicto en República Centroafricana comenzó en 2012. El 4 de diciembre de 2013, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y  Francia se comprometieron a actuar para detener los que ya eran niveles intolerables de violencia. Un día después, en Bangui, donde ya se habían presentado enfrentamientos, estalló una guerra total y comenzó la huida de las primeras personas que buscaban ser protegidas por las tropas de las Naciones Unidas y de Francia establecidas en el aeropuerto de Mpoko.
 
 
Las tropas internacionales han sido un punto central en la historia reciente de la República Centroafricana, para bien y para mal: las acusaciones, no resueltas aún, sobre abuso sexual por parte de las tropas francesas y de las Naciones Unidas en el país, siguen siendo una mancha en su reputación.
 
Sin embargo, a pesar de la movilización de recursos militares, la República Centroafricana sigue estando en el fondo de las prioridades internacionales. A pesar de las enormes y apremiantes necesidades de una población angustiada, no hay mucho interés para proporcionar servicios básicos en un entorno tan peligroso y tenso. Durante tres años, con la excepción de la presencia médica permanente de MSF en el lugar, había pocos servicios en el campo y Mpoko era un lugar muy miserable para vivir. Mpoko y la República Centroafricana nunca vieron una movilización de ayuda a nivel internacional similar a la que se realiza en otros campos  de refugiados o de personas desplazadas en otras partes del mundo.
 

Porque, de forma limitada, provocó una respuesta

 
Aunque era miserable y estaba olvidado, el campo de Mpoko era el punto de entrada de la cobertura informativa de la terrible crisis humanitaria en República Centroafricana. Las personas desplazadas vivían a lo largo de la pista de aterrizaje del aeropuerto internacional del país. Eran, literalmente, lo primero que uno veía al llegar a República Centroafricana.
 
Viajar a través del país es difícil incluso durante sus mejores momentos, pues hay pocas carreteras y caminos decentes, eso sin mencionar que estos eran extremadamente peligrosos durante la crisis. Así que, para los reporteros que visitaban el lugar y para sus lectores en todo el mundo, Mpoko se convirtió en la imagen de una crisis con poca cobertura que bien pudo terminar siendo completamente ignorada sin esta icónica imagen.
 
 
Hoy, Mpoko está cerrado. El símbolo que representaba las grandes necesidades de la población centroafricana ha desaparecido, pero los problemas del país continúan. Sin el campo, ¿cómo se puede seguir movilizando la buena voluntad de los donantes, tanto públicos como privados, para ayudar a la mitad de la población de RCA que aún depende de la ayuda humanitaria para sobrevivir?
 

Porque si eres donante de MSF, hiciste algo bueno 

 
Mpoko fue un proyecto muy especial para MSF. Todos los equipos siguen recordando el increíble desafío que supuso construir un hospital funcional de 60 camas en tan sólo unos días, en un pedazo de tierra en el que no había nada y durante el apogeo de un conflicto extraordinariamente brutal. Nuestros equipos trabajaron ahí diariamente, durante mil días, tanto nuestros profesionales internacionales como nuestros valientes integrantes del personal nacional.
 
Todos nuestros colegas centroafricanos sufrieron junto a sus seres queridos lo peor del conflicto, algunos de ellos incluso vivían en los campos para personas desplazadas porque lo habían perdido todo. Juntos, realizaron 440,000 consultas, 46,000 intervenciones en la sala de urgencias y hospitalizaron a 11,000 personas en la estructura temporal hecha con tablones de madera y lonas.
 
 
Todo esto fue posible gracias a las donaciones de nuestros donantes en todo el mundo que apoyan a Médicos Sin Fronteras.
 
En nombre de todos esos pacientes:
 
Gracias.
 
 
La crisis en República Centroafricana aún no termina. MSF sigue siendo uno de los principales actores médicos en el país, con 17 proyectos a lo largo del país entre los que se incluyen un proyecto de cirugía y una maternidad en Bangui.
 

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