13.02.2017
Loraine Anderson es una psicóloga clínica que acaba de regresar de su misión en el proyecto de salud mental de MSF en Nablus, en el norte de West Bank, Palestina.
 
En  este texto ella habla sobre los desafíos a los que se enfrentan nuestros pacientes, sobre sus experiencias de trabajo, y nos describe lo diverso que era su labor. Ella trabajó atendiendo pacientes, capacitando al personal y supervisando a los estudiantes de la Universidad Al-Najah, la única que ofrece educación sobre psicología clínica en Palestina.
 
“Estuve siete meses en la oficina en Nablus atendiendo a pacientes, capacitando al personal y supervisando a estudiantes de la Universidad Al-Najah. La salud mental y la psicología no son ámbitos muy desarrollados en Palestina. La Universidad Al-Najah es la primera universidad de este país que enseña psicología clínica, y Médicos Sin Fronteras ofrece estadías de tres meses a los estudiantes. Yo supervisaba a dos estudiantes y a uno de nuestros psicólogos palestinos. 
 
Yo realizaba alrededor de 10 o 15 consultas de salud mental a la semana, tanto individuales como grupales, y entre los casos que atendía había niños y adultos. Además, me involucraba en la prestación de servicios psicológicos y en la capacitación del personal de un orfanato de Qalqilya, una ciudad a unos 30 kilómetros de Nablus. 
 
En Nablus teníamos un equipo de tres psicólogos nacionales y dos internacionales (cada uno con su propio intérprete), dos trabajadores sociales y un médico. La información inicial sobre el paciente es recopilada por un trabajador social y éste hace la referencia del caso hacia los psicólogos que, a su vez, van a la casa del paciente o los invitan a asistir a la clínica o a un consultorio a las afueras de Nablus para realizar una evaluación inicial. 
 
 
Los psicólogos gestionan los casos y toman la decisión de referir al paciente con un trabajador social o con un médico, según sea necesario, creando así un enfoque de atención integral. En cuanto a las necesidades, principalmente nos estamos enfrentando con las consecuencias que ha tenido la ocupación en las personas, como traumas, sufrimiento y las pérdidas que han soportado, al igual que a diagnósticos generales de salud mental como depresión y ansiedad.
 
Atendemos casos de personas cuyos familiares y amigos fueron asesinados por israelíes y que, por lo tanto, necesitan apoyo para lidiar con su pérdida. También hemos tratado a niños que fueron traumatizados después de que el ejército entrara a sus hogares durante la noche o por el uso de armas como bombas de gas.
 
Todavía existe una resistencia cultural hacia la salud mental debido, en parte, a la falta de acceso a los servicios. En Palestina es difícil encontrar estos servicios, y más aún en áreas remotas o con poblaciones más conservadoras. Lo más desafiante de mi trabajo era calendarizar las capacitaciones, es decir, ser responsable de organizar la semana de trabajo con los estudiantes, los traductores y el personal.
 
Pero lo más gratificante fue supervisar a los estudiantes y la relación que tenía con mis pacientes. Mi estancia en Palestina me hizo querer trabajar más con personas refugiadas.”
 

LEER MÁS

Entradas relacionadas