09.03.2016
Michael Shek, el enfermero oriundo de Dumfries, Escocia, pasó seis meses en el campo de Bentiu, Sudán del Sur, en donde las personas han huido para protegerse de la violencia que engulle al país. Michael nos reporta cómo un trabajo difícil se volvió aún más difícil cuando se propagó la malaria. 
 
“Cuando llegué por primera vez al campo en Bentiu, era caótico. Había 30,000 personas viviendo ahí, que habían huido de la violencia en sus hogares. Durante el transcurso de seis meses, se incrementó a 120,000 personas. Nosotros estábamos gestionando la única instalación médica en el campo y estábamos trabajando contra reloj. 
 
A mí me encargaron el trabajo de “bombero”: ver a tantas personas en la sala de emergencia como sea posible, tomando decisiones médicas,  colocando sueros intravenosos, haciendo transfusiones, tratando sarampión y malnutrición; me parece que veía a unas 300 personas diariamente. 
 
Y entonces se propagó la malaria.
 

Un infierno sobre la tierra

Bentiu se convirtió en un infierno sobre la tierra. Súbitamente estábamos tratando a 4,000 personas con malaria semanalmente y yo corría de un niño enfermo hacia otro, tratando de mantenerlos a todos con vida.  Hubo un día en el que vimos morir a 15 niños, y yo tuve que llevar sus cuerpos a la morgue. En ese momento sí me pregunté ‘¿por qué estoy aquí?’
 
Sabíamos que teníamos que comenzar a luchar contra la enfermedad metódicamente, persona por persona. 
 
 
Me despertaba a las 5:30 diariamente y comenzaba el día con un buen desayuno, estás en movimiento desde las 7 am, así que necesitas asegurarte de que tienes energía. Teníamos a 70 equipos que iban de puerta en puerta con mochilas llenas de medicamentos antimalaria, así como sobres de comida terapéutica para tratar la malnutrición.
 
Cuando encontrábamos a algún niño enfermo, lo examinábamos, lo tratábamos y, de ser necesario, lo llevábamos a nuestro hospital.
 

16,000 niños tratados en ocho días 

 
Era un trabajo muy, muy difícil. Íbamos de un refugio a otro en el ardiente calor, corriendo de cuadra en cuadra. Algunos de nosotros nos enfermamos debido a los golpes de calor. Pero era lo que teníamos que hacer. Los niños estaban muriendo y entre más pudiéramos ver, mejor. 
 
Al finalizar los primeros ocho días, nos dimos cuenta de que habíamos tratado 16,000 niños. Después de eso, el número de casos de malaria disminuyó, y cuando llegaban al hospital con malaria, no estaban ni la mitad de enfermos de lo que estaban antes. 
 
 

Un chico asiático de Escocia en Sudán del Sur

 
Súbitamente parecía que todos en Bentiu me conocían, no todos los días ves a un chico asiático de Escocia en Sudán del Sur. Ellos gritaban mi nombre: ‘¡Michael, Michael!’.
A menudo veía a niños pequeños que había tratado en el hospital, y estaban allí, vivos y jugando. Ese era un gran sentimiento.
 
Yo solía hacer noches de película para los niños en el área de pediatría. Había una niña pequeña que estaba muy miserable, intentaba mordernos y escupirnos. No sonreía y no interactuaba con los otros niños.
 
Un día estaba tocando algo de música para ellos -sólo un poco de música dance- y ella se levantó y comenzó a bailar y a bailar. Fue realmente sorprendente, ella estaba sonriendo por primera vez. Después de eso, su condición comenzó a mejorar. 
 

Luchando para ayudar a los niños

 
Lo que está sucediendo en esta área de Sudán del Sur es atroz. Escuchamos historias de soldados del gobierno que asaltaban las aldeas, robaban el ganado y violaban a las mujeres. La gente ha sufrido mucho.
 
Es especialmente difícil ver sufrir a los niños. Muchos estaban traumatizados, asustados y heridos. Te sientes con ganas de gritar: ‘Sólo son niños, no han hecho nada a nadie’. Es importante que continuemos luchando por mantener a la gente con vida. Le importa a todas esas madres. 
 
En medio del sufrimiento, también ves el mejor y más brillante lado de la humanidad. Conocí a una mujer que llegó al campo con 20 niños. No eran sus hijos, pero los cuidaba, los mantenía a salvo, encontraba la comida que podía para ellos y se las llevaba al campo. 
 

Un trabajo caro

 
MSF es la única organización que brinda atención 24/7en el campo. Esos 16,000niños que fueron tratados de malaria, son 16,000 niños que están vivos ahora pero que pudieron haber muerto. Nuestro trabajo aquí es, literalmente, mantener a la gente con vida. Es un trabajo caro. La gente no se da cuenta de todos los elementos diferentes que hay dentro de un proyecto para que funcione. 
 
Es muy difícil llegar a Bentiu, costa alrededor de £5,000 sólo el alquilar un avión pequeño para hacer llegar los suministros. Un vial de medicina antimalaria para mantener a un niño con vida cuesta £1.
 
Como MSF, vamos a lugares a los que nadie más va, y eso cuesta dinero. Pero eso es lo que es MSF: ir a lugares difíciles en donde la gente necesita ayuda y ayudarlos. Es lo que hacemos.”
 

Entradas relacionadas