03.07.2016
Ivonne Rampinelli, anestesióloga originaria de San Javier, Chile, nos habla sobre su primer misión junto a MSF
 
 

1. ¿Cómo decidiste comenzar a trabajar con Médicos Sin Fronteras?

 
Desde hace mucho tiempo conocía el trabajo de Médicos Sin Fronteras (MSF) y tenía ganas de trabajar en la organización, aunque lo veía como un sueño lejano. Sin embargo, después de haber trabajado un tiempo y cuando estaba terminando mi residencia de anestesiología, me sentí más preparada y me decidí a postular, para ir por ese sueño. Mi primera misión fue en la Franja de Gaza.
 
MSF tiene dos proyectos en territorios palestinos, uno en Nablus, en Cisjordania, principalmente de salud mental, y el otro en la Franja de Gaza, que es donde participé y que consiste en dos clínicas permanentes de tratamiento y rehabilitación para lesiones por quemaduras y trauma producidos tanto por la guerra como por accidentes por otras causas, y operativos quirúrgicos de cirugía plástica reconstructiva como parte del manejo integral de estos pacientes. La mayoría de los pacientes que se atienden son niños.
 

¿En qué consistió tu trabajo?

 
Soy anestesióloga y fui como parte de uno de los operativos quirúrgicos de cirugía plástica reconstructiva, en el que participaron también tres diferentes cirujanos. Mis tareas eran netamente clínicas: evaluación preoperatoria de los pacientes, manejo perioperatorio y evaluación del manejo del dolor postoperatorio.
 
En general los días eran de mucho trabajo, pero al ser cirugías electivas, en que ya conoces al paciente, no te enfrentas a grandes emergencias, así son relativamente tranquilos en ese aspecto. Se hacen reuniones para planificar y evaluar el trabajo del día y de la semana. Es un ambiente de trabajo muy agradable y alegre, en general todos le ponen mucha energía. Y siempre hay tiempo después del trabajo para compartir con el equipo.
 

¿Cuáles fueron los principales desafíos?

 
Esa fue mi primera misión, por lo tanto, todo es nuevo, y eso era ya un desafío.
 
Hay que aprender a trabajar con personas de diferentes procedencias, de distintas culturas, con diferentes equipamientos médicos, con menos recursos a los que se está habituado.
 
El idioma es un desafío también, con el equipo nos comunicábamos en inglés, pero para poder hablar con los pacientes, necesitaba ayuda con la traducción ya que la mayoría habla sólo árabe, eso dificulta poder obtener una buena historia clínica y poder explicar lo que vamos a hacer.
 

¿Cómo fue la experiencia en lo personal?  

 
Fue una experiencia súper enriquecedora, aprendí mucho. Es bien intenso emocionalmente, eso te hace crecer un montón en poco tiempo, tanto profesionalmente como persona.
 
Aprendí mucho de la resiliencia que tienen, tanto los pacientes como el equipo, para siempre mantener la esperanza y el entusiasmo en la vida, a pesar de todas las restricciones y conflictos a los que se han visto sometidos. Llegué de allá muy feliz y agradecida con lo vivido.
 
 
La información sobre cómo unirte a MSF la encuentras aquí

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