16.02.2017
Hella Hultin es una cirujana de Suecia que actualmente trabaja con Médicos Sin Fronteras en Khameer, Yemen. En este texto, ella describe su primera noche en el hospital y habla sobre cómo, desde el principio, tuvo que trabajar lo más rápido posible. 
 
“La primera noche que llegué a Khameer, en el norte de Yemen, me dieron un recorrido por el hospital. Fue un poco confuso al principio, era difícil ubicarme y había personas por todos lados. Las enfermeras eran totalmente indistinguibles unas de otras porque todas estaban cubiertas de negro y sólo sus ojos eran visibles.
 
El equipo estaba a punto de realizar una apendicectomía a una chica, pero mi colega yemení pensó que probablemente yo estaba cansada después de mi largo viaje y me dijo que no era necesario que yo ayudara, así que me senté en el quirófano a observar.
 
Súbitamente sonaron nuestros teléfonos. La persona al otro lado de la línea sonaba estresada; y me pidió que fuera rápidamente a la sala de urgencias.  
 
“¡Ayuda! ¿Cómo llegó a la sala de urgencias?” Pensé, mientras me ponía rápidamente una bata y me apresuraba hacia el lugar. Iba tan rápido que los gatos que estaban afuera huyeron aterrorizados hacia todos lados.
 
 
“¿La sala de urgencias?” Le pregunté al asistente que se encontraba afuera, él me indicó el camino correcto.
 
Cuando llegué a la sala, el lugar estaba lleno de personas, estaban los pacientes y sus parientes. Muchos de los pacientes estaban entrando en camillas a través de la entrada para ambulancias. Me dijeron que hubo un ataque aéreo pocas horas atrás, y que llegarían más heridos. Todos estaban cubiertos de polvo y suciedad, y casi todos tenían heridas de metralla. Varios tenían fracturas en sus brazos o piernas, y algunos tenían quemaduras en la cara y en sus manos.
 
Un hombre casado corría desesperado por la sala mientras gritaba. Cuando finalmente logré que el interprete tradujera lo que el hombre estaba diciendo, comprendí que había perdido a sus dos hijos, que se encontraban en el lugar cuando sucedió el ataque. No es difícil imaginar la gran ansiedad que sentía.
 
Trabajamos durante toda la noche, todos los pacientes fueron admitidos en el hospital. Dos de las personas con heridas más graves fueron referidas a otro hospital porque necesitaban atención médica que nosotros no podíamos proporcionarles. 
 
Cuando terminó la jornada y finalmente me recosté en mi cama, sentí que había estado en el hospital durante varias semanas."
 

LEER MÁS

Yemen: Atención médica bajo asedio
 

 

Entradas relacionadas