Chad: Las inundaciones en N’Djamena profundizan la crisis humanitaria y aumentan la preocupación ante brotes de enfermedades

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Clínica móvil de MSF en el campo para la población desplazada de Guilmey
Clínica móvil de MSF en el campo para la población desplazada de Guilmey. ©Francisco Neldjibaye/MSF

Grandes inundaciones han golpeado el centro y el sur de Chad desde mediados en agosto, y las más recientes han afectado la capital, N´Djamena, donde los ríos se han desbordado y barrios enteros han quedado bajo el agua.  

Por esta razón, desde Médicos Sin Fronteras (MSF) iniciamos una respuesta de emergencia para cubrir las necesidades de las personas con un acceso mínimo a servicios básicos y están expuestas a un mayor riesgo de que haya brotes de alguna enfermedad infecciosa. 

“Estas últimas inundaciones han exacerbado una situación humanitaria ya grave”, asevera Alexis Balekage, coordinador del proyecto de MSF en N’Djamena. “Chad experimenta inundaciones todos los años, pero la escala del fenómeno este año es mucho más significativa. Ha provocado el desplazamiento de personas a gran escala e inmensas necesidades que superan por demás la respuesta actual, en un país que sigue siendo casi invisible en términos de atención internacional”.    

Recientemente, un dramático aumento en los niveles del agua en los ríos Chari y Logone, que alcanzaron los 8,14 metros de altura cerca de su confluencia en N’Djamena y llevaron al desbordamiento de ambos ríos, se atribuye a las lluvias inusualmente fuertes en el sur del país.  

Hasta el 15 de noviembre, más de 155,000 personas en N’Djamena han sido desplazadas por las inundaciones, según la ONU, y se están refugiando en varios sitios oficiales para población desplazada y no oficiales, alejándoles así de los servicios esenciales y aumentando su vulnerabilidad ante graves riesgos médicos, en especial durante el pico de malaria anual que se presenta durante estas fechas. 

“Las personas desplazadas viven en situaciones de precariedad, y a veces de hacinamiento, con poco acceso a agua potable, alimentos e higiene adecuada”, dice Balekage. “Los charcos de agua estancada corren riesgo de convertirse en criaderos de mosquitos, lo que probablemente lleve a un incremento de los casos de malaria, una de las principales causas de mortalidad infantil en Chad”.   

También nos preocupa la posible aparición y propagación de otras enfermedades infecciosas y transmitidas por el agua si los niveles no descienden rápidamente, y las operaciones humanitarias no se amplían para satisfacer las necesidades de las personas”. 

MSF gestiona clínicas móviles en el campo para la población desplazada de Guilmey.
La población utiliza canoas como medio de transporte para poder acceder a ciertas zonas gravemente afectadas por las inundaciones. ©Alexis  Balekage/MSF

 

Casas, escuelas, centros de salud y mercados están sumergidos completamente en el agua desde hace semanas. Las personas usan canoas para cruzar y acceder a algunos barrios inundados, exponiéndose potencialmente a sufrir ataques letales de hipopótamos. Según los informes, en una semana cinco personas, incluida una mujer embarazada, perdieron la vida por ataques de hipopótamos. 

Las inundaciones también han sumergido infraestructura vital como caminos y redes de agua, y han afectado gravemente los medios de subsistencia de una población que depende de la agricultura. Se han dañado más de 465,000 hectáreas de cultivo y se han perdido 19,000 cabezas de ganado, lo que genera una enorme preocupación por la producción agrícola y la inseguridad alimentaria. 

“Nuestra casa se inundó y los niveles del agua eran de 1,2 metros dentro de las habitaciones”, cuenta Doglessa, que se refugia en el sitio para personas desplazadas de Walia Hadjarai en N’Djamena. “Mi familia y yo nos fuimos juntos y ahora vivimos en una tienda de campaña expuestos a el frío, los mosquitos y otros peligros. Nuestra hectárea de arroz fue engullida por el agua y ahora estoy desempleado. Debido a las inundaciones, no podemos llegar rápidamente a un centro de salud y ver un médico. Tendríamos que pagar para ver a un médico y es difícil hacerlo si no tenemos ningún ingreso. Mi mayor deseo es que el agua baje pronto para poder regresar a mi hogar”.

En Toukra, el sur de la capital, un centro de salud apoyado por MSF se inundó por completo, lo que forzó al equipo a trasladarse y reubicarse en otro centro de salud y transferir allí a los pacientes para continuar su tratamiento. 

Nuestros equipos, en colaboración con el Ministerio de Salud, están realizando clínicas móviles en sitios para personas desplazadas, además de brindar ayuda a los centros de salud ya existentes donde las personas han buscado refugio, incluyendo los campos de Toukra, Ngueli, Guilmey, Melezi, Digangali, Karkanjeri, Miskine, Walia-Hadjarai y Walia-Lycee. Además, nuestros equipos brindan atención medica básica, apoyo nutricional, vacunaciones y servicios de agua y saneamiento. 

En las últimas semanas, nuestro equipo ha realizado más de 15,500 consultas, principalmente por malaria, infecciones respiratorias y diarrea. También han trasladado a al menos 80 pacientes a hospitales para ser atendidos por especialistas, y han vacunado 345 bebés contra enfermedades comunes en su infancia. El equipo también ha brindado agua potable y artículos de socorro esenciales, incluidos kits de higiene y prevención de malaria a las familias desplazadas. 

Desde principios de 2022, Chad se ha enfrentado a condiciones climáticas extremas relacionadas con la crisis climática que han provocado severas sequías y lluvias irregulares, afectando a más de un millón de personas en 18 de las 23 regiones del país, según las autoridades sanitarias locales. 

“Al observar la situación en N’Djamena, anticipamos que las drásticas consecuencias de las inundaciones persistirán durante las próximas semanas”, explica Sami Al Subaihi, jefe de misión de MSF en Chad. “Si bien los niveles de agua están retrocediendo lentamente, no hay indicadores de que la situación vaya a mejorar pronto o que las personas puedan regresar a sus hogares. La respuesta de emergencia de Médicos Sin Fronteras tiene como objetivo satisfacer las necesidades directas de las personas, pero existe una necesidad urgente de movilizar fondos adicionales y programas a largo plazo para permitir una respuesta sostenida y proporcionada a esta crisis”. 

Clínica móvil de MSF en el campo para la población desplazada de Guilmey
Desde mediados de agosto, el centro y el sur de Chad se han visto afectados por grandes inundaciones, que han afectado sobre todo a diferentes zonas de la capital, N’Djamena. ©Alexis  Balekage/MSF

 

MSF trabajamos en Chad desde 1981 y actualmente tenemos proyectos médicos en varias regiones del país para apoyar a las autoridades locales. 

En Moissala, en la región de Mandoul, brindamos atención médica a mujeres, niñas y niños en hospitales, centros de salud y por medio de actividades comunitarias. En Massakoury, en la provincia de Hadjer Lamis, llevamos a cabo un programa nutricional para mujeres, niñas y niños.  

En el hospital Toukra de N’Djamena y en varios centros de nutrición para pacientes ambulatorios, brindamos tratamiento a niños y niñas con desnutrición aguda. En la provincia de Sila, en el este de Chad, tratamos enfermedades comunes a través de un proyecto de salud dirigido por la comunidad. En la ciudad de Adré, en la región de Ouaddaï, cerca de la frontera oriental con Sudán, brindamos atención médica a menores de 15 años y respondemos a las necesidades de las personas refugiadas.  

En la región de Salamat, en el sureste de Chad, gestionamos un centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados (ITFC) en el hospital Am Timan y en cinco centros de nutrición ambulatorios. En N’Djamena, tenemos una unidad de respuesta de emergencia que está lista para responder rápidamente a las consecuencias de conflictos, desastres naturales y brotes de enfermedades en todo el país. 

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