Dadaab, Kenia: el regreso de los refugiados a Somalia en las condiciones actuales es “inhumano e irresponsable”

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A medida que se acerca el anunciado cierre del campo de refugiados más grande del mundo, y miles comienzan el regreso a Somalia[1], un país devastado por la guerra; Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamado para que otras alternativas sean consideradas urgentemente por parte del gobierno de Kenia y del Alto Comisionado De Las Naciones Unidas Para Los Refugiados (ACNUR), apoyados por los países donantes.
 
De acuerdo con un reporte publicado hoy por MSF, “De Dadaab a Somalia: Empujados hacia el peligro”, más de ocho de cada diez de los refugiados entrevistados afirmaron que no quieren regresar. Sus principales preocupaciones incluyen el miedo al reclutamiento forzado por parte de los grupos armados, la violencia sexual y la escasez de atención médica[2]
 
En el reporteMSF también resalta las graves consecuencias médicas de un regreso masivo como este.
 
“Está claro que los campos de refugiados no son la mejor manera de gestionar una prolongada crisis de 25 años, pero cerrarlos ahora sin ofrecer ninguna otra solución duradera los envía de regreso hacia la zona de conflicto, en donde la atención médica se encuentra peligrosamente ausente”, dice Bruno Jochum, Director General de MSF. “Esta decisión es un clavo más en la protección de refugiados a nivel mundial; donde de nuevo vemos un total fracaso en la prestación de un lugar seguro para las personas en peligro. Naciones Unidas recientemente declaró que cinco millones de personas corren riesgo de hambruna dentro de Somalia. Mandar de regreso a más personas para que sufran es inhumano e irresponsable.”
 

Somalia: una grave escasez de atención médica

 
En Dagahaley, uno de los cinco campos que componen Dadaab, los equipos médicos de MSF han visto a niños llegar de Somalia sin haber sido vacunados contra una serie de enfermedades prevenibles, un indicador de un sistema de salud destrozado por más de dos décadas de guerra, en donde incluso la atención médica básica es prácticamente inexistente. Las mujeres embarazadas tendrán una atención médica mínima, poniendo en riesgo sus vidas y la de sus hijos. Las personas con padecimientos médicos crónicos también corren riesgo, ya sean diabéticos que necesitan insulina vital o personas con hipertensión que necesita su medicamento de rutina.
 
 
Además, los pacientes que reciben atención en salud mental están en peligro. En Dagahaley, el 70% de los pacientes de salud mental de MSF se encuentran bajo tratamiento médico. “Si un paciente con psicosis es forzado a dejar sus medicamentos, el desarrollo de sus funciones cognitivas y de comportamiento sufrirán un retroceso. El estar atrapados en un país en donde los servicios de salud mental son prácticamente inexistentes pondría sus vidas en grave peligro”, afirma Liesbeth Aelbrecht, jefa de misión de MSF en Kenia.
 

Un llamado a Kenia, el ACNUR y los países donantes: se requieren urgentemente otras soluciones

 
El 86% de los refugiados entrevistados en Dagahaley no quieren regresar a Somalia. El temor de las personas en torno a la inseguridad es elevado, y la mayoría -hombres y mujeres- asegura que el riesgo de violencia sexual es muy alto. Por lo tanto, MSF cuestiona la naturaleza “voluntaria” del regreso que el ACNUR está ayudando a facilitar.
 
“Los miedos de los que nos hablan los refugiados son reales,” afirma Aelbrecht. “Es crucial que cualquier regreso sea voluntario, y los refugiados deben tener toda la información necesaria sobre los servicios y condiciones con los que se encontrarán en Somalia.”
 
MSF reitera que establecer campos como el de Dadaab a lo largo de la frontera está trasladando la responsabilidad y abandonando el principio de protección para los refugiados. Otras soluciones a largo plazo, como la instalación de campos más pequeños en Kenia, el aumento del reasentamiento en terceros países, o la integración de los refugiados en las comunidades kenianas, deberían ser consideradas urgentemente. Además, MSF hace un llamado a la comunidad internacional para compartir la responsabilidad con el gobierno de Kenia.
 
“Es inaceptable que, al no haberse ofrecido ninguna otra solución, miles de personas prácticamente están siendo empujadas de regreso hacia el conflicto y hacia una crisis aguda: las mismas condiciones de las que huyeron,” concluye Aelbrecht. “Kenia no debe asumir esta carga por sí misma. El financiamiento de los países donantes necesita ser destinado a proporcionar asistencia sostenible en el país de refugio, no para apoyar lo que básicamente será un regreso forzoso hacia una zona de guerra”. 
 
MSF no acepta financiamiento por parte de ningún gobierno para su proyecto en Dadaab. Todos los fondos son proporcionados por donantes privados.
 
MSF comenzó a trabajar en Dadaab en 1992 y actualmente es el único prestador de atención médica en el campo de Dagahaley. Su personal está trabajando en el hospital de 100 camas dentro del campo de Dagahaley y en dos puestos de salud, proporcionando consultas médicas para pacientes externos y consultas de salud mental, cirugías, y atención prenatal, de VIH y tuberculosis. En total, durante 2015, los equipos realizaron 182,351 consultas para pacientes externos y admitieron a 11,560 pacientes en el hospital.
 
Haz click aquí para descargar y leer, en inglés, “De Dadaab a Somalia: Empujados hacia el peligro”.

 
[1] Alrededor de 30,000 refugiados han regresado a Somalia desde que se firmó el acuerdo tripartita sobre la repatriación voluntaria entre los gobiernos de Kenia, Somalia, y el ACNUR en noviembre de 2013. La mayoría de ellos -24,000- se han ido durante el transcurso del 2016.
 
[2]  Para comprender las preocupaciones y necesidades de los refugiados, en julio y agosto de 2016 MSF realizó una serie de sesiones de discusión, entrevistas y una encuesta entre los refugiados en el campo de Dagahaley sobre su situación actual y la perspectiva de regresar a Somalia. En las sesiones con grupos focales en el campo de Dagahaley, participaron 75 personas (42 hombres y 33 mujeres). Las entrevistas se realizaron con 31 personas, incluyendo a pacientes,  trabajadores de MSF e integrantes de la comunidad. La encuesta se llevó a cabo con  838 jefes de familia (53% hombres y 47% mujeres) en Dagahaley, que representan un total de 5,470 personas.
 

 

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