¿Desmantelando los logros de la salud mundial?

Este mes marca un momento crítico en el porvenir del financiamiento de la salud mundial ahora que representantes políticos de alto nivel se reúnan en Addis Abeba para la Tercera Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo con el fin de analizar cómo se financiarán los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Por Médicos Sin Fronteras
 
Este mes marca un momento crítico en el porvenir del financiamiento de la salud mundial ahora que representantes políticos de alto nivel se reúnan en Addis Abeba para la Tercera Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo con el fin de analizar cómo se financiarán los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Las tendencias actuales de estancamiento de los fondos para la ayuda y una retórica regida por las finanzas ponen en riesgo los logros de las décadas recientes. 
 
Se podría decir que algunos de los mayores logros en la salud mundial durante los últimos 15 años son atribuibles a iniciativas como el Fondo Mundial de Lucha contra el sida, la Tuberculosis y la malaria. El Fondo Mundial, con sus bien enfocadas metas y mecanismos de gobernanza de múltiples participantes, creó financiamientos orientados a resultados que priorizaron la eficacia, mejores efectos de salud e influyó positivamente en las políticas nacionales e internacionales.
 
Más importante aún, su inclusión de la sociedad civil como “comité de vigilancia” nacional salvaguardó la pertinencia de las intervenciones de salud en los países receptores. El Fondo Mundial y otras iniciativas como la Alianza mundial para el fomento de la vacunación y la inmunización (GAVI) rompieron con la tradición y financiaron intervenciones críticas incluyendo costos recurrentes, como el personal de salud, medicamentos y productos médicos renovables.
 
Estas iniciativas, que surgieron de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), reactivaron la atención mundial y el financiamiento para la lucha contra enfermedades mortales y la mala salud.
 
Estos importantes avances están siendo ahora erosionados. El uso continuo del producto interno (PBI) para repartir asistencia oficial para el desarrollo (AOD), que incluye la asistencia al desarrollo para la salud, tiene efectos potencialmente catastróficos para más del 70% de los pobres del mundo que viven en los 105 países clasificados como de ingresos medios.
 
El riesgo con los actuales movimientos de los donantes para cambiar las modalidades y los canales de asistencia a los países en esta categoría es que las necesidades de salud de las personas que viven en estos países pierdan prioridad con presupuestos nacionales para la salud incapaces de reemplazar a la ayuda externa.
 
 
Más del 50% de los programas médicos humanitarios de Médicos Sin Fronteras (MSF) se desarrollan en los países de ‘ingresos medios’, como, Sudán, Kenia y Sudáfrica y estamos alarmados por la disparidad entre la retórica mundial y la realidad que enfrentan las poblaciones a las que servimos.
 
Las medidas económicas de los delegados del desarrollo humano obscurecen las necesidades de salud de la población e ignoran la iniquidad existente. Los supuestos países de ingresos medios tienen poco en común aparte del impacto negativo de su nueva clasificación en materia de salud pública.
 
Ascender en la escala de ingresos incrementa los costos de la asistencia médica nacional ya que los precios de las vacunas, los medicamentos y los productos médicos aumentan debido a las prácticas de precios menos preferenciales y más arbitrarios. Además, diferentes normas y reglamentos de comercio internacional entran en juego, incluyendo la presión de acuerdos comerciales más restrictivos, como los ADPIC Plus.
 
Mientras que los informes recientes demuestran que la mayoría de los países de bajos y medianos ingresos han aumentado el presupuesto de salud del gobierno en la última década, los expertos coinciden en que es demasiado optimista traducir esto en un modelo de presupuesto nacional de salud autónomo sin apoyo externo, en el futuro próximo.
 
Se estima que 14 países que quedan fuera del apoyo de Gavi (al superar el umbral de ingresos que los hacen elegibles) se verán obligados a aumentar el presupuesto de salud tan solo en los costos de vacunación de 8 a 90 millones de dólares estadounidenses para 2018.
 
Por otra parte, si bien es importante presionar a los países para que mejoren su presupuesto interno para salud, el objetivo debería ser obtener más y mejores resultados en el sector salud en lugar de maquillar el déficit en el financiamiento de los donantes. Los intentos por compensar la disminución de los fondos de donantes ya están conduciendo a la reaparición de las barreras de acceso a la salud, tales como pago de los usuarios y aumento de pagos fuera de presupuesto.
 
Es preocupante que en países como Sudáfrica y Tailandia, las organizaciones de la sociedad civil, que han sido la piedra angular de la prestación de atención médica y la movilización nacional para mejorar la salud en la última década, están viendo su cuerda de salvamento del financiamiento internacional cortada.
 
Los subsidios reducidos y la exclusión progresiva de las iniciativas de salud mundiales, como Gavi o el Fondo Mundial podrían dejar a los países de ingresos medios, con brechas en materia de salud cada vez mayores, regresiones en los beneficios concernientes a la salud y dificultades para mantener los servicios básicos. Por ejemplo, la mayoría de las personas que viven con VIH/SIDA reside en países actualmente clasificados como de ingresos medios, como Kenia, Suazilandia y Sudáfrica. Estos países tendrán dificultades para hacer frente a los gastos derivados del tratamiento de VIH/SIDA si se les deja solos en el financiamiento del tratamiento antirretroviral.
 
Del mismo modo, hay una discrepancia grave entre la clasificación de los países donantes y la carga de la tuberculosis multiresistente (MDR-TB), con las mayores incidencias reportadas en los países de ingresos medios en Europa oriental y Asia central, la mayoría de los cuales están saliendo o por salir de la elegibilidad del Fondo Mundial.
 
En los diálogos actuales sobre el financiamiento para el desarrollo, las cuestiones subyacentes, como el estancamiento de la asistencia al desarrollo para la salud rara vez se discuten abiertamente. Este estancamiento, combinado con los donantes tradicionales retrocediendo ante los objetivos de ayuda acordados previamente, tales como el 0.1% para asistencia al desarrollo para la salud, parece indicar una falta general de determinación de la solidaridad mundial en cuestiones de salud.
 
Los próximos ODS, que sustituirán a los ODM, amplían y diversifican la agenda de la ayuda, con más sectores que requieren apoyo financiero esencialmente del mismo sobre. Las llamadas internacionales a la atención médica universal y la retórica de "no dejar a nadie atrás" parece contradecir el potencial impacto negativo de la actual política de los donantes.
 
Con la necesidad de los donantes tradicionales de apaciguar a los contribuyentes en casa, el reflejo de las políticas de estos donantes en iniciativas mundiales de salud y el subsecuente costo para las poblaciones necesitadas pronto podrían ser tristemente demasiado evidentes.
 
Ahora que los delegados se reúnan en Addis para decidir el futuro del financiamiento de la ayuda, deben considerar que la salud, más que indicadores de finanzas, requiere seguir siendo el centro de las decisiones de financiamiento si no se quieren perder los avances en salud mundial de los últimos 15 años.
 

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