Impulsando el cambio y empoderando a las sobrevivientes de violencia sexual y de género

Fátima es trabajadora de MSF y la primera conductora de E-rickshaw en India
Fátima es la primera mujer conductora de e-rickshaw de la zona de Jahangirpuri, en el noroeste de Delhi. © MSF/Deepak Bhatia

La historia de Fátima, la primera mujer conductora de un rickshaw eléctrico en el área de Jahangirpuri, en el noroeste de Delhi, es una de resiliencia y esperanza.  

Su sonrisa efusiva nos toma por sorpresa. Tiene una personalidad tan fuerte que incluso el aura que la rodea parece irradiar positividad y esperanza. Habla con calma incluso cuando describe uno de los periodos más oscuros de su vida. 

Después de la muerte de su esposo en 2015, Fátima se quedó sin ingresos, sin ahorros y sin nadie a quien acudir. Después de aceptar algunos trabajos ocasionales aquí y allá, Fátima decidió que comenzaría a conducir un rickshaw eléctrico.  

Vendió todo lo que tenía en su casa para comprar un viejo rickshaw eléctrico y comenzó a conducirlo por la comunidad. Después de aprender a hacerlo, adquirió un estatus de mini celebridad como la primera mujer en conducir un rickshaw en el área de Jahangirpuri. 

 

Fátima es trabajadora de MSF y la primera conductora de E-rickshaw en India
Fátima es la primera mujer conductora de e-rickshaw de la zona de Jahangirpuri, en el noroeste de Delhi. © MSF/Deepak Bhatia 

 

Superando la violencia sexual y de género para impulsar el cambio y apoyar a las sobrevivientes 

“En 2016, conducía mi rickshaw en el área de Aazadpur cuando vi a una mujer que llevaba una chaqueta blanca. Me asusté y sentí que me podrían quitar el rickshaw porque mi licencia aún estaba pendiente. 

Me pidió que la dejara cerca de la estación de metro de Jahangirpuri, en la clínica ‘Umeed Ki Kiran’ de Médicos Sin Fronteras (MSF). La mujer tomó mi mano mientras bajaba, pero no sé qué me hizo sentir pánico. Pensé que me iban a arrebatar mi rickshaw, que era mi único medio de sustento. Empecé a llorar. 

Como hablaba en inglés, no pude entender nada. Todavía puedo recordar vívidamente cómo la persona que estaba con ella me calmó y me explicó que querían que trabajara como conductora de un rickshaw eléctrico para la clínica Umeed Ki Kiran (UKK). Hace más de siete años que comencé a trabajar con UKK”. 

 

La importancia del apoyo comunitario para las sobrevivientes de violencia sexual y de género 

Fátima llega a la clínica a las 8:30 de la mañana y conduce por la comunidad para recoger y dejar a las sobrevivientes de violencia sexual y de género en la clínica Umeed ki Kiran de MSF para recibir tratamiento médico. 

Su trabajo también incluye dejar a las y los Trabajadores de Atención Médica Comunitaria (CHW por sus siglas en inglés) en el área y sus alrededores y llevar a las pacientes a la clínica para recibir asesoramiento.  

Como alguien que ha sobrevivido a la violencia sexual y de género, se identifica profundamente con las pacientes que recoge y deja. Ella comprende el difícil viaje en el que se encuentran y las complejas emociones que experimentan.   

La dedicación de Fátima para apoyar a las sobrevivientes no conoce límites: siempre está lista y dispuesta a ir más allá de su deber. 

Fátima es trabajadora de MSF y la primera conductora de E-rickshaw en India
Fátima empezó a trabajar en la clínica “Umeed Ki Kiran” de MSF en 2016 como conductora de e-rickshaw. ©MSF/Deepak Bhatia

 

La violencia sexual y de género (SGBV) es una consecuencia común de las relaciones de poder desiguales entre los grupos de género y sexo. También conocida como violencia contra la mujer, la VSG puede incluir violencia sexual (VS) como violación y violencia de pareja íntima (VPI)*. Aunque la mayoría de las sobrevivientes de la VSG son niñas y mujeres, los niños y los hombres también pueden verse perjudicados por la VSG.

 

Muchas veces, estas mujeres han expresado su interés en aprender a conducir un rickshaw eléctrico como yo y ser económicamente independientes. Veo un rayo de esperanza en sus ojos cuando ven a una mujer que las lleva a casa y pasa por ellas”, dice Fátima con una sonrisa.

 

“Una vez, estaba llevando a nuestros trabajadores de salud comunitarios a un hospital. Mientras los esperaba, vi a una joven, probablemente de unos 20 años, sentada y llorando desconsoladamente. Me acerqué a ella con calma. Finalmente me habló sobre su experiencia con la VSG.  

Era obvio que ella había necesitado mucho valor para compartir esto conmigo, así que me aseguré de escuchar con atención y brindarle el mayor apoyo posible. Poco a poco la convencí de que visitara la clínica y hablara con los asesores de MSF. Al principio dudó, pero cuando le conté sobre mi propio viaje y le mostré mi credencial de MSF, estuvo de acuerdo. 

Cuando esta chica salió de la clínica después de su consejería, me abrazó fuertemente y en sus ojos había lágrimas de felicidad. Me agradeció inmensamente por conseguir la ayuda que necesitaba. Todavía se me pone la piel de gallina cuando pienso en ella”.  

Siendo ella misma de la comunidad, Fátima conoce la importancia de hablar a las pacientes con compasión para no desencadenar un trauma secundario. Sabe cómo ganarse la confianza de las sobrevivientes, lo que es vital para que pasen de manera segura a la siguiente etapa de atención. Su forma de cuidar a las pacientes y hablar con ellas ayuda a las sobrevivientes a ganar confianza en nosotros. 

Fátima es trabajadora de MSF y la primera conductora de E-rickshaw en India
Fátima es trabajadora de MSF y la primera conductora de E-rickshaw en India

 

En un día normal, Fátima lleva a los educadores de salud a la casa de las sobrevivientes y de regreso a la clínica. También facilita el viaje seguro de ASHA y trabajadores de atención médica comunitaria y sobrevivientes-pacientes a la clínica. 

“Pertenezco a la misma comunidad que ellas (pacientes y sobrevivientes) y me da una inmensa satisfacción poder ayudarles de cualquier manera. He vivido el mismo trauma y he enfrentado violencia intensa en mi vida. A pesar de vivir en la misma comunidad, me siento muy afortunada de estar al otro lado de la situación, y poder guiarles a cualquier tipo de ayuda”.

 

En cuanto se sientan en mi e-rickshaw, les digo ‘ki ki rona nahi hai, himmat rakhna hai y aage badhna hai’“. [No llores, ten fe y mantente fuerte y concéntrate en seguir adelante y curarte].

 

La historia de Fátima es un testimonio vivo de que el apoyo de la comunidad puede cambiar la vida de las sobrevivientes de violencia sexual y de género y darles una nueva oportunidad de vida. Ella no es solo una conductora, sino un vínculo indispensable entre la comunidad y sobrevivientes de VSG con los proveedores de servicios de atención médica. Ella asegura una atención humana, no intrusiva y de apoyo para los sobrevivientes desde el momento en que suben a su rickshaw. 

 

Prevalencia de la violencia sexual y de género  

La violencia sexual y de género es un problema prevalente en todo el mundo y lo mismo se refleja en la India. Según NFHS-V, el 30 % de las mujeres en la India enfrentan violencia física o sexual, pero solo el 2 % de ellas busca atención médica. El estigma y la vergüenza asociados con la VSG a menudo disuaden a las sobrevivientes de hablar y buscar ayuda. Aquí es donde el apoyo de la comunidad juega un papel crucial. 

Para garantizar la atención médica de las sobrevivientes de violencia sexual y de género en las regiones de Jahangirpuri y Bhalswa en el noroeste de Delhi, Médicos Sin Fronteras abrió una clínica en 2015. Umeed Ki Kiran es una clínica comunitaria que ofrece servicios médicos y atención psicosocial a sobrevivientes de violencia sexual y de género.   

La experiencia de MSF sobre el terreno muestra que los grupos más vulnerables a la violencia sexual y de género en esta región son las mujeres, niñas, niños y adolescentes, las trabajadoras del sexo (incluyendo a las mujeres transgénero), las personas con discapacidad pertenecientes a castas inferiores y las minorías religiosas. 

Fátima es trabajadora de MSF y la primera conductora de E-rickshaw en India
Fátima conduciendo un e-rickshaw en la zona de Jahangirpuri, en el noroeste de Delhi. © MSF/Deepak Bhatia

 

Es fundamental comprender que, a pesar de la prevalencia de la violencia en la sociedad, a menudo se disuade a las sobrevivientes a hablar y buscar ayuda debido a la normalización de dicha violencia y al estigma y la vergüenza asociados a ella. Precisamente por ello, implicar y empoderar a miembros de la comunidad como Fátima es vital para garantizar que las sobrevivientes de la violencia sexual y de género puedan acceder a la ayuda y a la atención sanitaria que necesitan. 

Todas las comunidades necesitan este tipo de personas que puedan poner en contacto a las sobrevivientes necesitadas con los proveedores de servicios. Al proporcionar a las sobrevivientes un entorno seguro y libre de prejuicios, los miembros de la comunidad pueden ayudarlas a curarse y a seguir adelante con esperanza y dignidad. 

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