Irak: “Vivir constantemente al límite se ha convertido en nuestra realidad”

“La situación es extremadamente tensa. Se oye el impacto de los ataques aéreos; a veces, las ventanas de nuestra oficina tiemblan cuando se producen interceptaciones”.

Un trabajador comunitario de salud mental de MSF impartiendo una sesión de promoción de la salud con un grupo de mujeres y sus hijos en el subdistrito de Abbasi en Hawija, al oeste de Kirkuk.
Una trabajadora comunitaria de salud mental de MSF impartiendo una sesión de promoción de la salud con un grupo de mujeres y sus hijos en el subdistrito de Abbasi en Hawija, al oeste de Kirkuk. © Hassan Kamal Al-Deen/MSF

“Hoy me encuentro aquí con mis colegas iraquíes, presenciando cómo la escalada regional les ha afectado, no solo como trabajadores humanitarios que laboran en su propio contexto, sino también como personas profundamente preocupadas por sus familias y su propio bienestar. La ansiedad es palpable, y varios colegas parecen estar bajo una presión creciente en medio del cambiante panorama regional”.

Por el Dr. Salahaldin Hamad, coordinador médico para las actividades de Médicos Sin Fronteras (MSF), cubriendo Bagdad y Mosul. Es originario de Sudán y ha trabajado con MSF en varios contextos de conflicto, lamentablemente, como ocurre en su país de origen.

 

La situación es extremadamente tensa. Se oye el impacto de los ataques aéreos; a veces, las ventanas de nuestra oficina tiemblan cuando se producen interceptaciones. Recuerdo un día en que la tensión fue particularmente alta. A diferencia de días anteriores, cuando los taques solían ocurrir por la mañana o por la noche, esta vez ocurrió a mediodía, mientras el personal aún se encontraba en la oficina. Todos estaban asustados. Les trajo recuerdos de guerras pasadas, y algunos compañeros, especialmente aquellos con familia, expresaron su deseo de abandonar la oficina.

Tras este incidente, tuvimos una reunión de equipo para tranquilizar al personal y animarles a buscar apoyo psicológico. Contamos con un psicólogo disponible y seguimos recordándoles a nuestros compañeros que busquen ayuda.

 

Equipo de MSF en una ronda dentro de la clínica Nablus en Mossul.
Equipo de MSF en una ronda dentro de la clínica Nablus en Mossul, Irak. © MSF[/caption]

 

Recordando traumas del pasado

Esta carga psicológica no se limita al personal de MSF; la situación está afectando a muchas personas en el país. Les preocupa su familia y sus seres queridos. Hablamos de personas que ya han experimentado múltiples desplazamientos en el pasado: personas obligadas a marcharse, reconstruir sus vidas y que ahora se enfrentan a la incertidumbre de tener que pasar por todo eso de nuevo.

Las necesidades de salud mental ya eran significativas antes de esta escalada regional. En los últimos meses, hemos brindado más de 200 sesiones grupales con la participación de alrededor de 1000 personas, en su mayoría mujeres mayores de 18 años. Muchas aún lidian con el trauma de conflictos anteriores y temen lo que pueda suceder. La demanda de apoyo, tanto individual como grupal, sigue siendo alta.

Me identifico profundamente con esta situación. Como sudanés, he vivido experiencias similares. Presencié la guerra en primera persona, con bombardeos que podían durar desde la madrugada hasta el anochecer. Incluso ahora, sabiendo que mi familia está relativamente a salvo donde se encuentra, mi principal preocupación sigue siendo el equipo: los trabajadores humanitarios que ya se han curtido tanto y continúan esforzándose por mantener las actividades en marcha. Su bienestar es mi prioridad, y trato de asegurarme de que se sientan apoyados y tranquilos.

 

El impacto en nuestra capacidad operativa

Esta escalada también está afectando nuestras operaciones. Hemos tenido que adaptarnos constantemente a las restricciones de seguridad. Algunas actividades se han retrasado o suspendido. En Bagdad, suspendimos las actividades en un centro que atiende a pacientes con cáncer de cuello uterino en colaboración con el Ministerio de Salud. En Mosul, las actividades continúan, pero con capacidad reducida. Los equipos se desplazan con menos frecuencia y algunas actividades comunitarias, como las campañas de promoción de la salud, se han suspendido.

Este impacto acumulativo afecta a las comunidades a las que apoyamos. La reducción del acceso y la inseguridad se traducen en menos servicios, a pesar de que las necesidades siguen siendo elevadas. Sin embargo, continuamos haciendo todo lo posible para mantener el apoyo, gracias a la estrecha coordinación con el Ministerio de Salud.

¿Mi esperanza? Que no haya más conflictos.

Que no haya más personas al límite. Que no haya más sufrimiento para quienes simplemente intentan acceder a la atención médica.

Que no nos detengamos.

Compartir