Justicia climática para nuestros pacientes

Una trabajadora de MSF, sensibiliza a la comunidad para la vacunación en Old Fangak, Sudán del Sur.
Mary Nyawang Maluoth, trabajadora de MSF, sensibiliza a la comunidad para la vacunación en Old Fangak, Sudán del Sur. ©Tetiana Gaviuk/MSF

Por Elisa de Siqueira, responsable de Médicos Sin Fronteras (MSF) en asuntos humanitarios relacionados con la crisis climática.

“Hace solo unos meses, informábamos desde Nigeria, Níger y Chad sobre las sequías más severas en años. Mientras tanto, la situación se ha ido al otro extremo: estos mismos países ahora se ven afectados por graves inundaciones. Para las personas, apenas hay un respiro entre una crisis y la siguiente.

Muchos de los países en los que trabajamos se ven gravemente afectados por el cambio climático, y muchos de ellos se encuentran en África. Y es que, en nuestros proyectos, somos testigo de personas que experimentan de primera mano los impactos en la salud de la crisis climática.

Es precisamente en África donde se celebró del 6 al 18 de noviembre la COP27, la Conferencia Mundial sobre el Clima, ubicada este año en Sharm el Sheikh, en Egipto.

 

Un mayor apoyo para las personas que lo necesitan

La crisis climática es una amenaza para la salud humana. Pero no todas las personas se ven afectadas por igual. Como suele ser el caso, las personas cuyo comportamiento contribuye menos a la crisis climática soportan la mayor carga de las consecuencias. Lo pagan con su salud y, en algunos casos, con su vida.

Por lo tanto, consideramos que es nuestro deber, de nuevo, dar testimonio en la Conferencia Mundial sobre el Clima, sobre lo que vemos en nuestros proyectos y así abogar ante los tomadores de decisiones por un mayor apoyo para las personas y sus necesidades.

 

La crisis climática golpea a las personas más vulnerables

La diferencia entre 1,5 °C y 2 °C o incluso 2,7 °C de calentamiento global para 2030 -como proyectó el año pasado el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente- pone en peligro la vida de muchas personas en todo el mundo:

  • Sequía significa desnutrición: en 2020, las olas de calor provocaron que más de 98 millones de personas experimentaran inseguridad alimentaria de moderada a grave.1 Las sequías prolongadas, como las de la región del Sahel este año, significan que no hay suficiente agua potable para las personas y los animales ni suficiente riego para los campos, por lo que el suelo se seca y las cosechas son menores. Los suministros de alimentos se agotan a principios de año, lo que puede conducir a la desnutrición.
  • El clima más cálido significa mosquitos y enfermedades: debido al cambio de las lluvias y al aumento de la temperatura, el período de infección de la malaria, por ejemplo, se prolonga. Es decir. en Mozambique: hoy en día, en algunas partes del país, existe el riesgo de contraer malaria durante todo el año, y no solo durante la temporada de lluvias.
  • Destrucción por clima extremo: Los ciclones tropicales pueden volverse más frecuentes y más fuertes, como sucedió en Madagascar a principios de año con dos ciclones sucesivos. Los hospitales quedaron destruidos y muchos pacientes no tuvieron acceso temporalmente a la atención médica.
  • La pérdida de medios de vida obliga a las personas a huir: a veces, las personas no tienen más remedio que huir, lcomo en el sur de Somalia, donde muchas personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a la sequía y al conflicto prolongado.

En particular, para quienes viven en contextos de pobreza y conflicto, personas sin protección social y personas que carecen de acceso o están excluidas de la atención médica básica, en otras palabras, nuestros pacientes, aquí se puede hacer una diferencia que cambie la vida.

Cualquier reducción del calentamiento, reduce también la muerte y el sufrimiento en los contextos humanitarios en los que trabajamos.

 

Los responsables deben actuar ahora

La acción climática, es decir, la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero, pudo haber sido abordada hace mucho tiempo. Los daños y pérdidas resultantes son irreversibles en algunos lugares. Aquí, las consecuencias ya son una realidad: muchas vidas humanas, infraestructuras (de salud), casas, escuelas, tierras de cultivo, lugares culturales y espirituales han sido destruidos.

Ya no se trata solo de frenar el cambio climático. Donde podamos, debemos mitigar las consecuencias para las personas y su salud. Especialmente a través de simples medidas de adaptación, como la construcción de una represa o la limpieza de las fuentes de agua.

Pero si es demasiado tarde para eso, tenemos que pagar la reconstrucción después de la destrucción. Aquí vemos principalmente a los países que más contribuyen a la crisis climática, los países del G7 por ejemplo, como los responsables.

 

¡Lo que reclamamos!

Las necesidades humanitarias crecerán más allá de lo que Médicos Sin Fronteras (MSF) y otros actores humanitarios podamos manejar. Se necesita una acción climática ambiciosa, medidas de adaptación sostenibles y un apoyo concreto e integral para hacer frente a los daños y las pérdidas.

Exigimos a los representantes políticos en la COP27, quienes están tomando decisiones en Sharm el Sheikh que afectarán la salud de millones de personas:

  1. Suficiente apoyo financiero y técnico para hacer frente a los daños y pérdidas, especialmente para aquellos países y personas más afectados. Esto no debe implicar el uso de fondos de ayuda humanitaria.2
  2. Compromisos más ambiciosos y vinculantes de los Estados, empresas y sectores principalmente responsables de las emisiones históricas, actuales y futuras para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C.

No se debe permitir que la crisis climática se convierta en una crisis humanitaria aún mayor. Necesitamos justicia climática real para nuestros pacientes ahora”.

 

1The Lancet Countdown 2022.

2 Médicos Sin Fronteras somos independientes y nos financiamos únicamente con donaciones privadas.

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