“Los hospitales son lugares de refugio y curación, nuestros pacientes y nuestro personal necesitan sentirse seguros”

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Entrevista con el Coordinador General de Yemen.

El hospital de Shiara es la última estructura de salud de entre más de cien afectadas por el conflicto que asola Yemen
 
Una semana después de que un proyectil impactara contra el hospital de Shiara, en el distrito de Razeh, en el norte de Yemen, causando la muerte de seis personas y siete heridos, Juan Prieto, coordinador general de los proyectos de MSF en el país, habla de la situación en el distrito y en Yemen. El hospital Shiara, apoyado por MSF, es el último de los más de cien centros de salud y hospitales afectados por bombardeos y ataques aéreos en el conflicto internacional que está devastando el país y que ya cumple diez meses.  
 
¿Cuál es la situación de los heridos en la explosión?
 
De los ocho heridos, transferimos cinco que estaban en situación más crítica al hospital que operamos en la ciudad de Saada. Uno de ellos ha sido transferido posteriormente a Sana’a para recibir un tratamiento más especializado. Desafortunadamente, otra víctima murió ayer en Saada. Esperamos que el resto de pacientes se recuperen pronto. Ésta ha sido nuestra prioridad desde que el hospital fue golpeado. 
 
¿Tenemos noticias del incidente?
 
Estamos intentando recopilar información de lo que pasó. Sabemos que un proyectil golpeó la entrada del hospital, que había sido ya destrozada por un ataque anterior al centro. El impacto causó mucha metralla, matando e hiriendo de gravedad a las personas que estaban en la zona.  
 
¿Cuál es la situación actualmente en el hospital?
 
La gente aún cree que los hospitales son objetivos e intentan evitarlos al máximo. Los únicos casos que aún recibimos son emergencias y la multitud de víctimas que llegan tras un ataque. Hasta el momento hemos podido poner en marcha la sala de urgencias, los servicios para estabilizar y de referencia y estamos trabajando para que la maternidad vuelva a funcionar.
 
Hemos reducido la presencia del personal y nos centramos en criterios de urgentes necesidades médicas. El hospital está considerado como un lugar peligroso, no hay que olvidar que ha sido golpeado tres veces en el último año. Sin embargo, debo decir que en general nuestro personal, aunque con temor, han vuelto a sus puestos de trabajo, con más convencimiento que nunca para continuar trabajando por la población debido a la situación en el país y a las necesidades específicas de Razeh. 
 
 
Shiara es el último pero muchas otras estructuras de salud han sido afectadas directamente o de forma indirecta por el conflicto. ¿Con qué consecuencias? 
 
Hemos identificado, al menos, 130 estructuras afectadas por el conflicto, golpeadas por misiles lanzados desde tierra o por ataques aéreos. Ahora vemos las consecuencias en Razeh, donde los servicios se han interrumpido o los hospitales han quedado en tal estado de caos que se han visto forzados a cerrar incapaces de servir a la población que más los necesitan.
 
Los hospitales y las estructuras de salud, que deberían ser lugares seguros, lugar de curación para la población, ya no parecen ser sitios seguros para los pacientes o para el personal sanitario que trabajan en ellos. Su trabajo y los edificios donde trabajan deberían estar protegidos. Como decía antes, no es fácil para el personal médico volver cuando se sienten inquietos y amenazados. Es un desastre.
 
¿Cuál fue la reacción del equipo de Shiara?
 
La explosión no afectó una zona funcional del hospital. Obviamente, tras la explosión, la principal  preocupación del equipo fue organizar la selección y la referencia de aquellos en situación más crítica mientras se empezaba a atender a los heridos en el hospital. Evidentemente, los pacientes en el hospital dejaron el edificio pero el personal médico volvió a trabajar en cuanto se dieron cuenta que no había más explosiones cercanas. Los pacientes también volvieron al centro horas después del incidente. A los que no estaban en estado crítico se les envió a otras zonas y se preparó a los que necesitaban estabilización para ser enviados al hospital de Sadaa. 
 
Tenemos que tener en cuenta que nuestro personal sanitario lleva trabajando siete meses bajo bombardeos constantes en Saada. Y en el distrito de Razeh, un frente de guerra, los bombardeos han sido continuos desde marzo. Incluso conociendo los riesgos, hicimos balance de las necesidades de emergencia y aseguramos los servicios básicos necesarios. Ahora, tras Shiara, el sentimiento es diferente, costará un tiempo recuperar la confianza, disipar el pensamiento de que estamos en peligro solo porque hacemos nuestro trabajo.
 
¿Cuáles son las principales necesidades de la población en la zona?
 
Ante todo, protección. Están viviendo en cuevas, volviendo a sus casas para ver cómo están, para ver si siguen en pie. Viven bajo constante amenaza, ya que ésta es una zona de  conflicto, en la frontera. Es una zona montañosa, con unos 120,000 habitantes, que no se han ido de la zona.  Es rica en recursos, por lo que las necesidades básicas están más o menos cubiertas, a diferencia de otras zonas de Yemen, donde hay dificultades para conseguir comida y agua, para llevar alimentos a sus hijos. Aquí la amenaza es la guerra en sí.  
 
¿Cuál es el plan para el hospital?
 
Volver a la normalidad. Queremos reforzar el equipo para mejorar los servicios con un equipo más fuerte, con más supervisión médica, para asegurar nuestra proximidad con los pacientes y con la gente de la zona. Mientras tanto, también estamos intentando clarificar las circunstancias del ataque al hospital para establecer responsabilidades si es necesario y para asegurar la seguridad de nuestro personal.  
 
   
 
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