Menores no acompañados rescatados en el Mediterráneo describen a Libia “como un infierno”

En nuestra más reciente misión de salvamento en el Mediterráneo central, nuestros equipos rescataron a 367 personas en menos de dos días. Más del 40% eran menores de 18 años y 140 viajaban solos.

"Están jugando ahora, sonríen y se hacen amigos, se parecen a cualquier otro joven", explica Julie Melichar, responsable de asuntos humanitarios a bordo de nuestro barco de búsqueda y rescate, el Geo Barents. "Pero ya no son solo niños, niñas o adolescentes, no después de lo que han vivido".
 
Melichar habla de los y las sobrevivientes más jóvenes que MSF rescatamos en nuestra reciente misión en el Mediterráneo central, cuando nuestros equipos salvaron a 367 personas en menos de dos días. Más del 40% eran menores de 18 años y 140 viajaban solos.
 
Un número tan elevado de jóvenes que arriesga su vida para cruzar el mar Mediterráneo, considerada la ruta migratoria más mortífera del mundo, es alarmante en sí mismo. Pero viajar sin un padre, madre o un adulto de confianza convierte a las y los menores no acompañados en uno de los grupos más vulnerables de personas en movimiento.
 
 
Sin el apoyo de personas adultas de confianza, estos niños, niñas y adolescentes se enfrentan a riesgos de protección particulares y significativos. Son presa fácil de traficantes de personas, abusadores y explotadores. En sus viajes, corren el riesgo de enfrentarse a trabajos forzados, extorsión, detención arbitraria y violencia física, incluyendo la violencia sexual.
 
Estas personas jóvenes emprenden sus viajes por diversas razones. En muchos casos, huyen de países devastados por la guerra, de la pobreza extrema, de violaciones de derechos humanos y de un acceso limitado a la educación y los servicios de salud. Muchas de las personas rescatadas en nuestra misión más reciente con el Geo Barents provienen de Somalia, Eritrea, Malí y Camerún.
 
“Uno de los niños que rescatamos recientemente tenía solo 12 años cuando dejó su país”, dice Melichar. “Nos explicó que su padre fue asesinado porque quería proteger a su hijo del alistamiento forzoso en el ejército. Su madre no vio más remedio que enviarlo fuera del país para salvarlo [del servicio militar obligatorio]. Contó que cuando llegó al sur de Libia, lo mantuvieron en cautiverio y lo torturaron durante siete meses antes de poder escapar”.
 
Cualquiera que sea la razón para dejar sus países de origen, Libia es el punto en el que no hay vuelta atrás. En Libia existe un sistema para extorsionar a las personas en movimiento. Muchas personas migrantes y refugiadas son secuestradas por milicias y grupos armados y mantenidos cautivos. Los que tienen dinero pueden comprar su libertad; los que no son torturados u obligados a realizar trabajos forzados hasta que sus familiares o amigos puedan pagar por su liberación. Esta espiral de explotación puede durar meses o incluso años.
 
Los niños, niñas y adolescentes no se libran de tales atrocidades.Muchos de los jóvenes que rescatamos nos dijeron que habían escapado de la detención arbitraria, el abuso y la explotación en Libia”, comenta Melichar. “Algunos habían enfrentado la pérdida de amigos a lo largo de su viaje, ya que muchas personas desaparecen o mueren en Libia. Un niño me dijo que viajaba con cinco muy buenos amigos. Los cinco amigos murieron en centros de detención en Libia, y luego este niño se encontró solo. Dijo que comenzó a crear problemas y a gritar a propósito, con la esperanza de que los guardias lo golpearan y lo mataran y pudiera reunirse con sus amigos. Eso sería demasiado para cualquier ser humano. ¿Cómo les puede estar pasando esto a los niños?".
 
 
 
 
Nuestro personal médico en el Geo Barents brinda atención médica básica y apoyo psicológico a todas las personas sobrevivientes. Una vez que llegan a tierra, es fundamental que reciban atención continua.
 
“Muchos de los menores no acompañados a bordo parecen afrontar bastante bien el hecho de estar en el barco”, dice Melichar. “Han creado una comunidad juntos, haciéndose amigos y actuando como cualquier otro adolescente. Pero, independientemente de esto, sabemos que tienen profundas cicatrices en su interior que no se curarán por sí solas. Por eso, no se puede olvidar a un grupo tan vulnerable una vez que llegan a tierra. Deben recibir protección especializada, un refugio seguro adecuado a las necesidades de los niños y las niñas y servicios médicos y psicosociales por parte de organizaciones competentes”.
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