Nepal “Si tuviera que describir la situación en una palabra sería: devastadora”

Anne Kluijtmans, enfermera de Médicos Sin Fronteras (MSF) pasaba sus vacaciones en Nepal cuanto el terremoto hizo temblar el país el sábado 25 de abril. Anne se unió inmediatamente a los equipos de MSF tan pronto llegaron al país para dar respuesta a la emergencia. 
 
"Me encontraba en Lumbini, cerca de la frontera con India, cuando el sismo golpeó este montañoso país. Me sentí como si estuviera en un barco que se balancea. Pensamos que se trataba solo de un temblor. Unas horas más tarde nos enteramos de que había tenido lugar un terremoto de gran magnitud. Mi siguiente paso fue tratar de averiguar si MSF iba a desplegar equipos en el país. En seguida llamé a la oficina de MSF en India y nos informaron que varios equipos iban desplazarse a Nepal. Tras emplear un día y media en encontrar por todos los medios un vuelo que me llevara desde Lumbini a Katmandú conseguí unirme al equipo de MSF que alcanzó la capital. Ahora estoy interviniendo en las clínicas móviles con las que tratamos de llegar, mediante helicópteros, a personas damnificadas que se encuentran en áreas remotas y que no han recibido ninguna ayuda todavía.
 
El primer día que pusimos en marcha esta clínica nos levantamos a las 4 de la madrugada para dirigirnos al aeropuerto. Habíamos preparado todos los materiales y equipos la noche anterior. Llovía así que tuvimos que esperar para comprobar si las condiciones meteorológicas nos iban a permitir volar. Finalmente, un par de horas más tarde, conseguimos despegar y nos dirigimos hacia las montañas.
 
Cuando llegué a Katmandú pensé que la ciudad estaría completamente hundida. Y aunque se ha visto afectada por el terremoto lo que he visto en las áreas más aisladas es mucho peor. Cuando el helicóptero sobrevuela regiones más apartadas se percibe perfectamente la devastación que ha producido el terremoto en estas zonas. Algunas aldeas están destruidas completamente, otras al 80%. Es mucho más de lo que me podía esperar, supera mis expectativas.
 
En primer lugar nos dirigimos al Parque Nacional de Langtang y sobrevolamos el pueblo más importante de la zona. Había resultado completamente sepultado por una avalancha. Los supervivientes huyeron montaña arriba y se cobijaron en la aldea de Kyanjin Gumba, a 3.800 metros de altitud, donde las temperaturas descienden considerablemente de noche. El pueblo ha perdido siete de cada diez viviendas. Nos contaron que más de 30 niños han quedado huérfanos. La mayoría de las familias no fallecieron en el terremoto inicial; las casas fueron sepultadas por la avalancha que provocó una de las réplicas al día siguiente. No lo vieron venir; pensaban que lo peor había pasado.
 
Los heridos más graves fueron evacuados pero el resto de la población, la que se quedó, no había recibido ninguna atención médica. Asistimos a personas con infecciones de la piel y a niños pequeños con cortes profundos. Les practicamos vendajes y apósitos y limpiamos heridas que presentaban graves infecciones. Les facilitamos antibióticos para evitar que la infección diera lugar a una septicemia y, a causa de ésta, se produjeran más muertes. 
 
En la aldea de Dozum, en el distrito Sindupalchowk, encontré a un hombre de 85 años que había quedado atrapado durante horas bajo los escombros de su casa. Su hijo había estado cuidando de él, comprobamos  que estaba  estable y le facilitamos medicación.
 
 

Miedo a otro temblor

La población está muy asustada, teme que haya otro terremoto o deslizamiento de tierra, o que se vayan a quedar sin comida. En la aldea de Kyanjin Gumba había personas que estaban visiblemente traumatizadas;  no podían hablar con nosotros. Nos miraban de forma que parecía que éramos invisibles. Pero también había personas que reaccionaban de forma diferente. Es el caso de una mujer que había empezado a cocinar para todos. La población está haciendo frente a esta situación extrema de diferentes maneras. El cuidado de la salud mental va a ser crucial.
 
En uno de los pueblos del distrito de Rasuwa, Thulo Shyaphru, nos encontramos con una joven enfermera llamada Dechen. Cerca de 600 personas vivían en la localidad. Todos los edificios, incluyendo la clínica, se habían derrumbado. Dechen nos pidió algunos suministros y medicamentos para poder seguir tratando pacientes después de que nos hubiéramos marchado.  Pudimos dejarle bastante material por si, dado el caso, no podíamos regresar a la aldea en varios días. 
 
Estamos tratando de hacer todo lo posible para llegar a estos lugares aislados lo más rápido posible, pero hay muchas limitaciones: hay muy pocos helicópteros disponibles. Por el momento, contamos con algunos aparatos para llevar cabo actividades médicas y para distribuir kits de mantas, alimentos, utensilios de primera necesidad y refugio. Las personas a las que asistimos nos dicen que necesitan comida, vivienda y, desde luego, atención sanitaria. Con la temporada de monzones a las puertas y sin refugio adecuado, la vulnerabilidad de la población aumenta y ésta se expone al aumento de problemas de salud en general y de enfermedades como la neumonía.
 
Cuando tuvo lugar el terremoto, mi familia y mis amigos se preocuparon. Cuando les dije que me encontraba bien y que me iba a Katmandú para colaborar en las tareas de ayuda lo primero que me respondieron es que estaba loca, pero luego lo comprendieron: soy enfermera y que trabajo con MSF. Creo que si estas en un país en el que sucede algo como lo que ha pasado en Nepal tienes que tratar de ayudar. 
 
Si tuviera que describir la situación en una palabra lo tendría claro: devastadora".
 
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