Níger: La acción comunitaria ayuda a combatir la malaria

ICCM activity - Niger

La malaria fue un problema particularmente grave en Níger el año pasado, con un pico mucho más alto y prolongado de lo habitual. Esto se debió a una temporada de lluvias extra larga, con fuertes aguaceros que provocaron inundaciones, creando las condiciones ideales para que los mosquitos se reprodujeran y ampliaran las zonas afectadas por la enfermedad potencialmente mortal. Este año, de nuevo, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) colaboran con las principales autoridades sanitarias locales para tratar a las personas con la malaria.

La malaria fue un problema particularmente grave en Níger el año pasado, con un pico mucho más alto y prolongado de lo habitual. Esto se debió a una temporada de lluvias extra larga, con fuertes aguaceros que provocaron inundaciones, creando las condiciones ideales para que los mosquitos se reprodujeran y ampliaran las zonas afectadas por la enfermedad potencialmente mortal. Este año, de nuevo, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) colaboran con las principales autoridades sanitarias locales para tratar a las personas con malaria.  
 
En esta soleada mañana de octubre, el sol ya brilla con fuerza en Magaria, en la región de Zinder en Níger. Es temporada de cosecha y algunas personas ya regresan de los campos, mientras los bueyes se esfuerzan por arrastrar carros llenos de mijo por la arena. En el pueblo, Salissou abre su "sala de consulta". Desenrolla una estera y abre un baúl blanco, del que saca su equipo. 
 
"Sigo la misma rutina todos los días", dice Salissou. "Me levanto temprano para ir a trabajar al campo y luego vengo aquí para atender a las niñas y niños". Antes de que termine de vaciar su baúl, llegan los primeros pacientes del día.
 
Salissou fue elegido por los habitantes de su pueblo, Gazabi, para trabajar como un "oficial de enlace comunitario". Hay dos de ellos en Gazabi para atender a 500 niñas y niños menores de cinco años. Cuando las y los niños contraen enfermedades comunes como malaria, diarrea o infecciones respiratorias, los padres ya no tienen que hacer el viaje de 9 km al centro de salud más cercano o recurrir a curanderos tradicionales o a medicamentos sin licencia.
 
"Durante los periodos de mucha actividad, puedo ver a más de 20 niñas y niños al día, y la mayoría vienen por la misma razón: malaria", dice Salissou, mientras coloca un termómetro en la axila de una niña de cuatro años. Se llama Chazali y la trajo su madre. 
 
Después de unos minutos, el termómetro emite un pitido. "¡Treinta y nueve coma cinco! Ahora te voy a picar un poco, pero no te dolerá mucho", le dice Salissou a la niña, mientras se dirige a su baúl y saca una prueba de diagnóstico rápido. 
 
Mientras espera el resultado, Salissou -conocido por los aldeanos como "el mejor amigo de las y los niños"- comprueba si Chazali sufre desnutrición. Envuelve una cinta de colores alrededor de su bícep y mide la circunferencia de su brazo.
 
Diez minutos después, la prueba de diagnóstico rápido tiene un resultado: es positivo y Chazali tiene malaria. Salissou vuelve a abrir su baúl y saca unas pastillas amarillas. "Se tomará la primera dosis aquí mismo, delante de mí", le dice a la madre de Chazali. "Presta atención a cómo lo hago: tendrás que hacer lo mismo hasta el final del tratamiento".
 
La malaria es una enfermedad endémica en algunas regiones del sur de Níger, entre ellas Zinder. En 2020, la región de Zinder registró el 17% de todos los casos de malaria del país, según las autoridades sanitarias.
 
Como parte de la política de salud comunitaria desarrollada por el gobierno de Níger, en 2019 MSF lanzó este proyecto de salud comunitaria en Magaria. Las cuatro comunas en las que se desarrolla la actividad cubren más del 60% de la población total del distrito de Magaria. El objetivo era facilitar el acceso a la atención médica básica de las niñas y niños menores de cinco años que viven en aldeas remotas y prevenir las complicaciones de salud.
 
“Se ha avanzado mucho en los últimos años en la lucha contra la malaria”, afirma el coordinador médico de MSF, el Dr. Georges Tonamou. "Pero las personas de algunas regiones todavía tienen dificultades para acceder a los centros de salud para recibir atención básica, y algunas de las clínicas no siempre funcionan completamente o no están bien abastecidas de medicamentos y otros artículos esenciales".
 
 
 

Una carrera contra el tiempo

Durante el pico de malaria de septiembre de 2020, hasta la mitad de los pacientes menores que acudieron a una consulta con los oficiales de enlace comunitario, como Salissou, dieron positivo en la prueba de malaria.
 
"Es una carrera contra el tiempo", dice el Dr. Tonamou. "Con enfermedades como la malaria, cuanto antes empecemos a tratar a las y los niños enfermos, más posibilidades tienen de sobrevivir. Lamentablemente, nuestros equipos de la unidad pediátrica de Magaria han observado que muchas niñas y niños llegan a nosotros muy tarde y, por tanto, en un estado mucho más grave". 
 
La unidad pediátrica de Magaria, a la que MSF brinda apoyo desde 2005, es el centro de referencia del distrito. El año pasado, admitió a 9,296 niñas y niños que necesitaban atención hospitalaria por malaria grave. La mayoría habían sido remitidos a Magaria a través del sistema de salud descentralizado de Níger, en el que los funcionarios de enlace comunitario desempeñan un papel fundamental.
 
"Si el estado clínico de una niña o un niño justifica una atención más avanzada, los funcionarios de enlace comunitario lo derivan al centro de salud más cercano, desde donde los casos más graves se envían al hospital de distrito", explica el Dr. Tonamou. MSF ha proporcionado ambulancias a varios centros de salud para que puedan transportar a los pacientes al hospital de forma gratuita. "De lo contrario, las personas tendrían que pagar para ser transportadas en motocicleta o carro", dice el Dr. Tonamou. Según el Banco Mundial, cerca del 95% de la poblaciones más vulnerables vive en zonas rurales. 
 
De vuelta a la "sala de consulta" de Salissou, Chazali se resiste a tomar la píldora antipalúdica, que ha sido triturada y mezclada con agua en una cuchara. Salissou ignora sus protestas y ella se traga la mezcla, luego llora y finge estar enferma. Su madre la lleva a dar un paseo para distraerla.  "Hay mucho que hacer hoy", dice Salissou. Catorce niñas y niños ya están haciendo fila para verlo.
 
 
 

Devolver algo a la comunidad

"La población de aquí confía en nosotros porque ha visto cómo nos ha capacitado MSF", dice Salissou.
 
Hasta ahora, MSF y el Ministerio de Salud han capacitado a 278 funcionarios de enlace comunitario. La formación dura 10 días, durante los cuales los agentes de enlace comunitario aprenden a diagnosticar y tratar las enfermedades infantiles más comunes, con un enfoque en la malaria, la diarrea y las infecciones respiratorias, y a reconocer los signos de alarma que justifican la remisión al centro de salud más cercano. 
 
Una vez terminada la formación, MSF proporciona a los oficiales de enlace comunitario los medicamentos contra la malaria y el equipo necesario para que empiecen a brindar consultas en sus respectivos pueblos.
 
Salissou tiene dos mentores: la jefa de enfermería del centro de salud local y Malik, el enfermero de MSF. Malik visita a Salissou con regularidad para hablar de sus casos, revisar su cuaderno de informes de actividad, responder a sus preguntas y ayudarle a estimar la cantidad de medicamentos y otros equipos que necesita. 
 
Salissou no recibe una remuneración por su trabajo pero, como agradecimiento por el servicio que presta a la comunidad, sus vecinos deciden regalarle mijo: una tiya (unos 3 kg) de cada hogar. El jefe de la aldea también ha hecho arreglos para que la comunidad ayude a construir una sala de consulta para los dos funcionarios de enlace comunitarios y reemplace a Salissou en los campos cuando recibe a los pacientes.
 
"Tuve la suerte de aprender a leer y escribir y ahora estoy orgulloso de poder retribuir a mi comunidad", dice Salissou.
 
 
 
 
MSF trabaja en Níger desde 1985, donde apoya regularmente al sistema de salud pública para hacer frente a epidemias como la malaria, el cólera, el sarampión y la meningitis. En la actualidad, los equipos de MSF prestan atención médica gratuita y de calidad a las personas que viven en las regiones de Agadez, Diffa, Tillabéry, Maradi y Zinder, así como en Magaria y en Niamey.
 
En 2020, los equipos de MSF ayudaron a tratar a más de 230,000 personas con malaria en la zona de salud de Magaria a través del sistema de salud descentralizado de Níger. La mitad de estos niños eran menores de cinco años. La atención que recibieron se llevó a cabo en hospitales, a través de los agentes de enlace de la comunidad, en sitios de malaria, en centros de observación establecidos por MSF, o en centros de atención médica integrados apoyados por nuestros equipos. Entre el inicio del proyecto, en mayo de 2019, y el final de 2020, solo los oficiales de enlace comunitario atendieron a 158,000 niñas y niños, casi el 60% de ellos con malaria.
 
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