Noreste de Siria: Refugios desbordados ante el desplazamiento masivo

Un año después de la caída del gobierno anterior, los combates reanudados a mediados de enero de 2026 desplazaron a miles de personas, desbordando los refugios y servicios de salud que ya estaban al límite.

Younis Mouhammad, hombre de 52 años de Afrin, en un centro colectivo en Qamishli. Younis es diabético y perdió ambas piernas debido a complicaciones derivadas de la diabetes.
Younis Mouhammad, hombre de 52 años de Afrin, en un centro colectivo en Qamishli. Younis es diabético y perdió ambas piernas debido a complicaciones derivadas de la diabetes. Noreste de Siria. © Azad Mourad/MSF

Catorce años de conflicto han dejado a Siria profundamente marcada y, para muchas personas en el noreste del país, el desplazamiento sigue definiendo la vida cotidiana. Un año después de la caída del gobierno anterior, los combates reanudados a mediados de enero de 2026 desplazaron a miles de personas, desbordando los refugios y servicios de salud que ya estaban al límite.

 

El equipo de MSF gestiona una clínica móvil en un centro colectivo en Qamishli, proporcionan consultas y tratamiento para enfermedades agudas y crónicas.
El equipo de MSF gestiona una clínica móvil en un centro colectivo en Qamishli, proporcionan consultas y tratamiento para enfermedades agudas y crónicas. © Azad Mourad/MSF[/caption]

 

El 17 de enero, las Fuerzas Democráticas Sirias anunciaron su retirada de Deir Hafer y Maskana, en el este de la zona rural de Alepo. Poco después, el Ejército Árabe Sirio declaró el control de ambas localidades y avanzó hacia zonas de Raqqa, Deir ez Zor y Hassakeh. Los enfrentamientos en áreas anteriormente controladas por las Fuerzas Democráticas Sirias desencadenaron un desplazamiento masivo de la población civil.

Hospitales bajo presión

Los combates saturaron rápidamente los hospitales. Durante el pico de violencia, los días 18 y 19 de enero, el Hospital Nacional de Deir ez Zor, apoyado por MSF, recibió a más de 100 personas heridas en solo dos días.

Los equipos de MSF brindaron apoyo en la atención de trauma de emergencia y donaron kits quirúrgicos y de anestesia, además de medicamentos esenciales a los hospitales nacionales de Deir ez Zor y Raqqa, trabajamos en estrecha coordinación con las autoridades médicas locales para responder a las necesidades urgentes.

Refugios más allá de su capacidad

A medida que la violencia se extendía, muchas familias desplazadas buscaron seguridad en Qamishli, en la gobernación de Hassakeh. Expuestas a las gélidas condiciones invernales durante el trayecto, llegaron a Qamishli llevando consigo solo unas pocas pertenencias personales. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estimó que, al 4 de febrero, había 94,051 personas desplazadas en la gobernación de Al‑Hassakeh. Esta afluencia repentina ha ejercido una enorme presión sobre los servicios básicos.

 

Escuelas como refugios para desplazados en Qamishli
Muchos refugios que alojan a desplazados en Qamishli son antiguas escuelas, a menudo sin mantenimiento. Noreste de Siria. © Azad Mourad/MSF[/caption]

 

Muchos refugios son antiguas escuelas, a menudo en mal estado. Al llegar a Qamishli, un equipo de MSF visitó dos escuelas que habían sido reconvertidas en refugios. Los edificios mostraban años de abandono: paredes descascaradas, baños dañados o inoperantes y poco aislamiento contra el frío. La ropa de las personas desplazadas colgaba de ventanas y paredes para secarse. Durante los primeros días del desplazamiento, las temperaturas cayeron por debajo de los 0 °C, y las familias luchaban por mantenerse abrigadas.

Vidas marcadas por desplazamientos repetidos

Muchas de las personas refugiadas en Qamishli han sido desplazadas en múltiples ocasiones a lo largo de los años.
“Soy originaria de Afrin. Nuestra vida era normal, como la de cualquier otra familia. Teníamos ganado y estabilidad económica”, dice Hevin Misto, una mujer joven y exprofesora de kurdo. “Eso cambió cuando ocurrió la incursión de Turquía en Afrin en 2018”.

Hevin relata cómo huyó de su hogar y se escondió en una cueva antes de llegar a Shahba, al norte de Alepo. “En Shahba intentamos construir una nueva vida y comencé mi carrera como profesora de kurdo. Permanecimos allí siete años, pero a finales de 2024, la violencia volvió. Fuimos desplazados a Raqqa tras los ataques en Tal Rifaat y Shahba”.

 

Layla Tobal, mujer de 42 años de Afrin, y su hijo de 5 años comiendo sopa en uno de los centros colectivos de Qamishli.
Layla Tobal, mujer de 42 años de Afrin, y su hijo de 5 años comiendo sopa en uno de los centros colectivos de Qamishli. Noreste de Siria. © Azad Mourad/MSF[/caption]

 

La familia de Hevin pasó un año refugiada en una escuela en Raqqa antes de verse obligada a huir nuevamente.

“Ahora estamos aquí, en Qamishli. Cada vez que intentamos reconstruir nuestra vida, la violencia nos alcanza”.

 

La falta de financiación agrava las condiciones en el Noreste de Siria

La respuesta humanitaria en el noreste de Siria ya estaba bajo presión debido a recortes reiterados en la financiación. Ahora, el reciente aumento del desplazamiento forzado ha empeorado aún más la situación, desbordando un sistema ya frágil y dificultando que miles de personas accedan a servicios básicos como atención médica, agua potable y saneamiento.

Layla Tobal, madre de Rashid, de cinco años, relata cómo huyeron de Raqqa con casi nada. Originaria de Afrin, esta es la tercera vez que su familia se ve desplazada.

“Mientras estábamos en Raqqa, escuchamos enfrentamientos y disparos. Huimos solo con la ropa que llevábamos puesta. Aquí, en Qamishli, no tenemos nada”.

“Mi hijo Rashid sufre de epilepsia y nos cuesta conseguir los medicamentos que necesita. Mi esposo y yo estamos enfermos por el frío. La mayoría de los días, el calefactor no funciona porque no hay combustible”.

“Necesitamos ropa, mantas y combustible. Muchas familias aquí también necesitan leche infantil”, concluye.

 

Younis Mouhammad, hombre de 52 años de Afrin, en un centro colectivo en Qamishli. Younis es diabético y perdió ambas piernas debido a complicaciones derivadas de la diabetes.
Younis Mouhammad, hombre de 52 años de Afrin, en un centro colectivo en Qamishli. Younis es diabético y perdió ambas piernas debido a complicaciones derivadas de la diabetes. Noreste de Siria. © Azad Mourad/MSF[/caption]

 

Las personas más vulnerables, en mayor riesgo

Las condiciones son especialmente duras para quienes viven con enfermedades crónicas o discapacidades. En una de las aulas, encontramos a un hombre de mediana edad cubierto con una manta. Younis Mouhammad perdió ambas piernas debido a complicaciones de la diabetes.

“Perdí mi primera pierna en 2019 y la otra en 2022. Antes trabajaba en la construcción, pero ahora no puedo hacer nada”.

“Necesitamos apoyo urgente”, afirma. “En esta escuela viven 28 familias y todas necesitan atención y asistencia”, afirma Younis Mouhammad.

La respuesta de emergencia continúa

Para apoyar a las personas desplazadas, los equipos médicos de MSF gestionamos clínicas móviles en Qamishli y Derik/Al Malikiyah, brindamos consultas y tratamiento para afecciones agudas y crónicas, con el fin de garantizar el acceso a atención médica esencial. Más de 1,320 pacientes ya han recibido atención.

Los equipos de MSF también distribuyeron alrededor de 2,000 colchones, más de 3,220 mantas, 530 kits de higiene, comidas calientes y kits de utensilios de cocina en más de 30 refugios en Derik/Al Malikiyah, Hassakeh y Qamishli, alcanzando a más de 330 familias.

Asimismo, los equipos de agua y saneamiento de MSF transportan agua potable en camiones y reparan infraestructuras como baños, tuberías, grifos y tanques de agua en los refugios, garantizando que las personas desplazadas tengan acceso a agua segura.

Una crisis que exige apoyo sostenido

A pesar de estos esfuerzos, los refugios y servicios siguen desbordados. Muchas familias aún carecen de calefacción adecuada, alimentos, agua potable y atención médica. Para personas agotadas por años de conflicto, la incertidumbre sigue siendo constante.

“Las personas que han sido obligadas a huir una y otra vez solo quieren poder vivir con seguridad y dignidad. Deben hacerse todos los esfuerzos posibles para garantizar que puedan hacerlo”, afirma Barbara Hessel, jefa de programas de MSF.

“Mi sueño es tener una vida estable, sin tener que movernos de un lugar a otro”, dice Layla. “Solo queremos vivir sin miedo”.

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