¿Puede un niño con un crayón ayudar a sanar a una comunidad?

Niños y niñas en Baalbek-Hermel, a través de dibujos, revelan cómo el trauma, la memoria y la esperanza coexisten cuando la vida cotidiana se ve marcada por el desplazamiento y la inseguridad.

Haitham, 13 años El ojo llora de tristeza, pues no había comida. Sus amigos fueron a buscar comida, pero se lastimaron. Luego fueron al mercado y empezaron a robar comida.
Haitham, 13 años El ojo llora de tristeza, pues no había comida. Sus amigos fueron a buscar comida, pero se lastimaron. Luego fueron al mercado y empezaron a robar comida.

En Baalbek-Hermel, una de las provincias más desatendidas de Líbano, gravemente afectada por la última guerra y los continuos ataques aéreos israelíes, grandes comunidades de población refugiada siria, tanto de larga duración como recién llegada, conviven con las comunidades locales¹. Aquí, los niños y niñas crecen con un estrés y una incertidumbre que aún no tienen la manera de expresar. A través de dibujos, revelan cómo el trauma, la memoria y la esperanza coexisten cuando la vida cotidiana se ve marcada por el desplazamiento y la inseguridad.

 

Glykeria Koukouliata, , actual responsable de actividades de salud mental de MSF en Baalbek-Hermel, Líbano, durante su primera misión con MSF.
Glykeria Koukouliata, actual responsable de actividades de salud mental de MSF en Baalbek-Hermel, Líbano, durante su primera misión con MSF.[/caption]

 

Por Glykeria Koukouliata, responsable de actividades de salud mental de MSF en Baalbek-Hermel

La idea surgió inesperadamente durante un debate comunitario en Baalbek-Hermel. Mientras los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) hablaban con familias libanesas y sirias sobre sus necesidades de salud, un niño, tímidamente, se mantuvo al margen de la conversación y preguntó: “¿Podemos dibujar? Solo queremos dibujar”.

En el noreste del Líbano, los niños y niñas, tanto de las comunidades de refugiados como de las de acogida, crecen bajo una enorme presión. Años de conflicto en Siria, el colapso económico de Líbano, las continuas operaciones militares y ataques aéreos israelíes, y la prolongada incertidumbre han tenido un alto impacto psicológico, especialmente en los niños y  niñas.

Trastornos del sueño, ansiedad, retraimiento, cambios de comportamiento negativos y dificultad para concentrarse son algunos de los problemas que nuestros equipos de salud mental observan entre los niños y niñas que visitan nuestras clínicas debido a la constante inseguridad que los rodea. Muchos niños tienen dificultades para expresar miedo, dolor y anhelo, especialmente en entornos donde las personas adultas se sienten abrumadas y centradas en sobrevivir y la superación diaria.

 

Haitham, 13 añosEl ojo llora de tristeza, pues no había comida. Sus amigos fueron a buscar comida, pero se lastimaron. Luego fueron al mercado y empezaron a robar comida.
Haitham, 13 años
El ojo llora de tristeza, pues no había comida. Sus amigos fueron a buscar comida, pero se lastimaron. Luego fueron al mercado y empezaron a robar comida.[/caption]

 

Para niños y niñas, los sentimientos y experiencias que no comprenden del todo a menudo emergen indirectamente en su forma de jugar, comportarse o en las imágenes que dibujan, más que en sus palabras. El apoyo psicosocial basado en el arte les permite expresar aquello que aún no pueden nombrar.

Nuestros equipos de salud mental comenzaron a organizar sesiones regulares de dibujo y arte en nuestras clínicas móviles e instalaciones fijas en Hermel y Arsal. La respuesta fue inmediata: cada semana, los niños llegaban temprano y con entusiasmo; algunos traían crayones de sesiones anteriores y otros pedían papel extra para llevar a casa. Lo que comenzó como una actividad sencilla se convirtió rápidamente en un ritual: un espacio donde se sentían vistos, seguros y libres para imaginar.

Pero lo que comenzó como una actividad para apoyar a la comunidad se convirtió rápidamente en una poderosa ventana a luchas no mencionadas. La perspectiva fue asombrosa. Como psicóloga, miré más allá de los dibujos en sí, observando elementos recurrentes, faltantes o cambiantes a lo largo del tiempo. Estas observaciones se consideraron junto con otra información para fundamentar nuestro apoyo psicosocial. Con el tiempo, los dibujos contaron una historia.

 

Qué revelan los dibujos sobre la psicología infantil

Muchos niños y niñas dibujaron casas en las que ya no viven. Estas casas suelen representarse más grandes, más luminosas y con más detalles que su entorno actual. Otros dibujaron árboles, jardines, animales y cielos abiertos. En conjunto con las palabras de los niños, sus narrativas y el contexto más amplio de sus experiencias, estas imágenes reflejan nostalgia, pero no solo por un lugar. Reflejan un anhelo de seguridad, previsibilidad y pertenencia, sentimientos que la guerra y el desplazamiento erradican abruptamente.

 

Haidar, 15 añosDibujé a un niño junto a su casa jugando con una pelota. Su casa estaba en Siria, y allí era feliz. Pero también dibujé ojos tristes, porque desconocidos entraban en su casa.
Haidar, 15 años
“Dibujé a un niño junto a su casa jugando con una pelota. Su casa estaba en Siria, y allí era feliz. Pero también dibujé ojos tristes, porque desconocidos entraban en su casa”.[/caption]

 

La nostalgia, en este contexto, no se limita al pasado. Para los niños y niñas, cumple una función estabilizadora, ayudándoles a preservar un sentido de identidad en medio de la disrupción. Dibujar escenas familiares les permite reconectar con recuerdos de cuidado, familia y estabilidad, todos ellos elementos esenciales para la regulación emocional y la resiliencia.

Al mismo tiempo, otros dibujos incluían imágenes a menudo asociadas con el miedo y la hipervigilancia: drones en el cielo, hombres armados, nubes oscuras o espacios divididos. Estas imágenes a menudo aparecían junto a escenas pacíficas, mostrando cómo el trauma y la esperanza coexisten en el mundo interior de un niño. Esta dualidad es común en los niños y niñas afectados por conflictos: no solo son “víctimas” del miedo, sino que también intentan comprender activamente experiencias abrumadoras, intentando integrarlas.

Un dibujo que me quedó grabado fue el de Hamida, una niña siria de 13 años. Dibujó un gran árbol de moras y nos contó cómo su padre sacudía sus ramas mientras ella y sus hermanos recogían la fruta debajo.

 

 

El árbol que dejamos atrás, por Hamida, 13 años"Este es nuestro árbol grande y hermoso en el pueblo que dejamos al venir aquí. Me encantaba porque tenía moras muy sabrosas. Mi papá sacudía el árbol, y mis hermanos y yo corríamos a recogerlas del suelo. Había flores y tierra plantada con cebollas cerca del árbol. Seguro, el árbol debe estar seco ahora".
El árbol que dejamos atrás, por Hamida, 13 años
“Este es nuestro árbol grande y hermoso en el pueblo que dejamos al venir aquí. Me encantaba porque tenía moras muy sabrosas. Mi papá sacudía el árbol, y mis hermanos y yo corríamos a recogerlas del suelo. Había flores y tierra plantada con cebollas cerca del árbol. Seguro, el árbol debe estar seco ahora”.[/caption]

 

Desde una perspectiva de salud mental, el dibujo de Hamida y la historia y el contexto que lo acompañan tienen múltiples capas de significado: conexión con un cuidador, memoria sensorial, juego y pérdida, todo contenido en una sola imagen. Para Hamida, compartir este recuerdo en voz alta no fue solo narración; fue procesamiento emocional. El dibujo le permitió exteriorizar el dolor de una manera que la hizo sentir contenida y apoyada.

Hemos visto el impacto positivo de estas sesiones de dibujo. Los padres nos dicen que sus hijos e hijas duermen mejor, hablan con más franqueza o muestran menos arrebatos de comportamiento. Los cuidadores empiezan a comprender que el mal comportamiento de un niño puede estar relacionado con la angustia y no con la desobediencia. De esta manera, niños y niñas suelen convertirse en agentes de cambio silenciosos, transformando la forma en que las familias perciben las emociones y la salud mental.

Baalbek-Hermel es una región de impresionante belleza y resiliencia, pero también una que ha absorbido años de dificultades. La población aquí es generosa y acogedora, pero el dolor a menudo se mantiene en privado. Los problemas de salud mental aún están rodeados de estigma, y ​​muchas personas buscan ayuda solo cuando la angustia se vuelve insoportable.

A través de intervenciones sencillas y creativas de apoyo psicosocial, como el dibujo, nuestros equipos crean puntos de acceso: formas simplificadas de hablar sobre la salud mental que se sienten accesibles y humanas. Estos espacios permiten que tanto niños como adultos comprendan que la angustia no es un fracaso personal, sino una respuesta normal a circunstancias anormales. En Baalbek-Hermel, estos dibujos son más que imágenes en papel. Son evidencia de que, incluso tras la pérdida, niños y niñas siguen imaginando, recordando y esperando. Y a veces, regalarle un crayón a un niño no es un gesto pequeño: es el primer paso para ser escuchado y romper el muro de estigma que se ha construido.

 

Hamida, 13 añosEste es nuestro árbol grande y hermoso en el pueblo que dejamos al venir aquí. Me encantaba porque tenía moras riquísimas. Mi papá lo sacudía, y mis hermanos y yo corríamos a recogerlas del suelo. Había flores y tierra sembrada con cebollas cerca del árbol. Seguro que ya debe estar seco.
Hamida, 13 años
“Este es nuestro árbol grande y hermoso en el pueblo que dejamos al venir aquí. Me encantaba porque tenía moras riquísimas. Mi papá lo sacudía, y mis hermanos y yo corríamos a recogerlas del suelo. Había flores y tierra sembrada con cebollas cerca del árbol. Seguro que ya debe estar seco”.[/caption]

Glykeria Koukouliata es una psicóloga griega que se unió a MSF en 2023. Ha trabajado en misiones en Sudán, Armenia, Etiopía y, recientemente, en el Líbano. Inicialmente, se preparaba para ser abogada, pero su camino cambió cuando conoció a un psicólogo y vio la profunda atracción que las personas sentían por su empatía y presencia. Inspirada por esa conexión, decidió estudiar psicología.

Hoy en día, el trabajo de Glykeria se centra en brindar atención de salud mental y apoyo psicosocial a las comunidades afectadas por el desplazamiento y la crisis, ayudando a las personas a encontrar fuerza y ​​sanación incluso en las circunstancias más difíciles.

 

 

¹Líbano sigue albergando el mayor número de personas refugiadas per cápita del mundo, siendo Baalbek-Hermel la gobernación que alberga la mayor comunidad de refugiados del país. Además de más de un millón de personas refugiadas sirias de larga duración y refugiados palestinos, el Líbano también ha experimentado una afluencia reciente de alrededor de 120,000 sirios tras la caída del gobierno de Asad en diciembre de 2024 y la consiguiente inestabilidad, muchos de los cuales se han asentado en Baalbek-Hermel.

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