República Democrática del Congo: los desplazados de Kivu Norte en emergencia

En la periferia de Goma, más de 100,000 personas viven en condiciones extremadamente precarias. Desde mediados de noviembre una nueva oleada masiva de desplazamientos ha seguido a los enfrentamientos entre las fuerzas armadas de la RDC (FARDC) y las fuerzas rebeldes del M23. Una situación que la población de Kivu Norte, en huida permanente, conoce bien. Desde hace casi 20 años la violencia es el pan de cada día en esta parte del país.

En la periferia de Goma, más de 100,000 personas viven en condiciones extremadamente precarias. Desde mediados de noviembre una nueva oleada masiva de desplazamientos ha seguido a los enfrentamientos entre las fuerzas armadas de la RDC (FARDC) y las fuerzas rebeldes del M23. Una situación que la población de Kivu Norte, en huida permanente, conoce bien. Desde hace casi 20 años la violencia es el pan de cada día en esta parte del país.

Una marea humana se abre y vuelve a cerrarse al paso del vehículo de MSF. Toda la población del campo, y es mucha, parece concentrarse en este preciso lugar: día de distribución de alimentos en el campo de Mugunga III.

Algunos, a la vuelta del camino, observan perplejos la agitación a la entrada del campo. “Mi bloque ya recibió su ración de alimentos. Pero me lo robaron todo”. Antes de ayer, justo después de la distribución en la zona donde vive Venatie, unos hombres armados saquearon el campo en plena noche. “Eran las once de la noche. Los hombres entraron por la fuerza en los refugios y se lo llevaron todo. Mantas, comida, cacerolas. Se llevaron todo lo que encontraron”.

Charline es la presidenta del campo de Mugunga III. Está desbordada. Solicitada por todos, gestiona el campo y las dificultades con una energía desbordante. “La población del campo se ha más que duplicado en el espacio de días. Es muy complicado de gestionar, pero lucho por defender nuestros intereses pues, como todo el mundo aquí, conozco bien los desplazamientos, la violencia, el sufrimiento”.

Cuando avanzaron los rebeldes hacia Goma, los desplazados que se encontraban ya en el campo de Kanyaruchinya desde el ataque del M23 contra Rutshuru en julio pasado vinieron a sumarse a la población de los campos al oeste de Goma. Los últimos que quedaban, no sabiendo a donde ir, se decidieron finalmente al ver a los primeros combatientes y al escuchar que desde los altavoces de un vehículo se les instaba a huir hacia el campo de Mugunga. Tuvieron que salir a toda prisa: una desplazada no pudo ocuparse todo el tiempo de sus hijos, que iban cayéndose por el camino. Cuando llegó al centro de salud del campo de Mugunga III días más tarde, su pequeño todavía tenía el labio superior hinchado y los dientes dañados. “Se cayó durante la huida. Apenas si tuve tiempo de cogerle del suelo y seguir corriendo”.

Errando de un campo a otro, más de 100,000 personas viven en condiciones extremadamente precarias. “Cuando los rebeldes llegaron, huí con otros desplazados. Partimos tan rápido que no pude llevarme nada conmigo. Aquí no tengo nada. Ni siquiera un refugio”, explica Béatrice, de 22 años, sola con un niño de corta edad.

En los diferentes campos de la ciudad de Goma, aunque se presta asistencia, ésta sigue siendo insuficiente. Las distribuciones de alimentos son voluntariamente limitadas para evitar cronificar todavía más la situación: “asignamos raciones alimenticias para tres días para animar a las familias a regresar a sus hogares”, explica un empleado del Programa para la Alimentación Mundial (PAM). Una estrategia cuestionable cuando se sabe que las pocas personas que se arriesgan a regresar a sus localidades de origen no tienen ninguna certeza de encontrar su casa en pie ni sus tierras de cultivo. A menudo alojados en las casas de familias que les acogen, víctimas ellas también de la violencia, las condiciones en las que viven no son mucho mejores.

MSF ha puesto en marcha actividades en cinco campos de Goma, capital del Kivu Norte, para aportar a la población desplazada atención primaria de salud y vigilar y asegurar el tratamiento de los casos de desnutrición y cólera. Se realizaron vacunaciones contra el sarampión en algunos campos. Los equipos proponen también ocuparse de las víctimas de la violencia sexual y efectuar clínicas móviles para acompañar a las personas que regresan a sus lugares de origen.

Además de las actividades médicas, MSF ha efectuado distribuciones de agua potable y de artículos de primera necesidad y está construyendo o rehabilitando instalaciones sanitarias. Aún así, las necesidades siguen siendo acuciantes, especialmente en acceso a alimentos, lonas de plástico para hacer tiendas y utensilios para la vida cotidiana.

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