Siria: vacunamos a las personas contra la COVID-19 en medio de la guerra, los desplazamientos y las dudas

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Un integrante de Médicos Sin Fronteras vacunando a una persona contra la COVID-19 en Siria
Un integrante de Médicos Sin Fronteras vacunando a una persona contra la COVID-19 en Siria, en un campo para personas desplazadas. © MSF

“Para personas como nosotras, que han sobrevivido a la guerra, a los bombardeos y a la violencia diaria, el coronavirus ha sido la última de nuestras preocupaciones”, dice Em Mahmoud, una mujer siria de Idlib.

“Cuando el número de casos empezó a aumentar en el norte de Siria, intenté convencer a mi marido de que se vacunara, pero tenía miedo”, continúa.

Por desgracia, unos meses después, el marido de Em Mahmoud, que tenía diabetes, contrajo el virus y falleció. Las cuatro olas de COVID-19 que se han registrado en el noroeste de Siria se han cobrado las vidas de 2,500 personas.

“Pasé 13 días con él en la unidad de cuidados intensivos. Cada día veía a las familias sufrir al perder a sus seres queridos, y fue entonces cuando decidí vacunarme”, continúa Em Mahmoud. “Me vacuné, gracias a un equipo móvil de Médicos Sin Fronteras(MSF), porqueno quería que mi familia sufriera lo mismo que yo. Convencí a todos los que me rodeaban para que se vacunaran también, porque salva vidas”.

Un equipo de MSF encargado de la vacunación contra la COVID-19 en el noroeste de Siria
Un equipo móvil de MSF que visita los campos para personas desplazadas en el noroeste de Siria para vacunar a las personas contra la COVID-19 © MSF

 

Sin embargo, cientos de personas en el noroeste de Siria se niegan a vacunarse, y la baja tasa de inmunización es una clara prueba de ello. Actualmente solo el 13,4% del total de la población mayor de 18 años está totalmente vacunada. Y esto se debe a varias razones, como la priorización de otros riesgos potencialmente mortales, la falta de información o la desinformación sobre las vacunas, y la desconfianza en los servicios médicos.

Cuando nuestros equipos preguntaron a las personas desplazadas de los campos a los que acudimos cuáles eran sus principales preocupaciones, la COVID-19 no fue mencionada ni una sola vez.

“Las personas desplazadas en el noroeste de Siria temen pasar hambre, sufrir más desplazamientos o morir a causa de los bombardeos y tiroteos“, afirma el responsable de un campo para personas desplazadas en Idlib. “Muchas personas no creen que la COVID-19 pueda ser más peligrosa que los riesgos a los que se enfrentan todos los días, así que no están interesadas en vacunarse”, afirma.

Algunas personas también tienen miedo de los riesgos relacionados con las vacunas de la COVID-19, y las consideran una amenaza adicional. Los rumores sobre las vacunas han circulado ampliamente en las redes sociales y entre la comunidad, provocando crecientes temores y dudas entre las personas.

También se ha disuadido a las personas de acudir a los servicios médicos, incluyendo los de vacunación, debido a la menor disponibilidad de atención médica en el noroeste de Siria, y esto ha afectado a la percepción de la población sobre la calidad de estos servicios. Además, la idea de vacunar a las personas adultas no es muy común en esta zona, ya que creen que las vacunas son solo para los niños y niñas.

Una integrante de MSF en un campo para personas desplazadas en el noroeste de Siria
Una integrante de MSF en un campo para personas desplazadas en el noroeste de Siria. © MSF

 

Por eso desde Médicos Sin Fronteras decidimos apoyar los esfuerzos locales de vacunación contra la COVID-19 en el noroeste de Siria, mismos que son gestionados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Grupo de Inmunización de Siria (GIS).

“Nuestro objetivo principal era ayudar a aumentar la cobertura de vacunación en el noroeste de Siria, especialmente para las personas más vulnerables. Vacunamos a quienes antes se negaban a aplicarse la vacuna o no podían acceder a un centro de vacunación”, dice Jamil Mohamad*, responsable médico del proyecto de vacunación de MSF.

Para contrarrestar las dudas sobre la vacuna, nuestros equipos desplegaron 10 equipos de vacunación fijos y móviles. Hasta el momento nuestros equipos han suministrado casi 11,600 dosis, el 74% de ellas a personas desplazadas internamente que viven en 107 campos de la gobernación de Idlib.

Además, nuestros equipos de promoción de la salud han podido llegar a más de 41,000 personas a través de sesiones individuales y grupales sobre la COVID-19. Con estas sesiones, los equipos identifican y desmienten los rumores que rodean a la vacuna, que se centran sobre todo en sus efectos secundarios, la mortalidad y esterilidad. El personal sanitario fue uno de nuestros principales objetivos, incluido el de MSF.

Las personas confían en el personal médico y de enfermería, por lo que hemos querido animarles a que se vacunen primero. En una de nuestras instalaciones, el 100% del personal se ha vacunado totalmente”, explica Mohamad.

También nos centramos en empoderar a los gestores de los campos y a los líderes de la comunidad, para que puedan predicar con el ejemplo y ayudar a cambiar la actitud de la comunidad hacia las vacunas.

“La pandemia de COVID-19 aún no ha terminado. Aunque las cifras estén disminuyendo, la vacunación sigue siendo un componente esencial en la lucha contra la pandemia“, dice Mohamad. “En Siria, el sistema sanitario ha sido devastado por más de una década de conflicto y no puede hacer frente a otra oleada grave”.

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