Yemen: “No podemos detener nuestras vidas por la guerra”

Durante los cinco meses que lleva en Yemen como coordinadora médica de emergencia de MSF, Celine Langlois está sorprendida por la capacidad de la gente de seguir con su vida cotidiana en medio de los bombardeos y una crisis por la escasez de agua y combustible.

Durante los cinco meses que lleva en Yemen como coordinadora médica de emergencia de MSF, Celine Langlois se sorprende por la capacidad de la población de seguir con su vida cotidiana en medio de los bombardeos y una crisis por la escasez de agua y combustible.
 
“En Sana’a, la capital, los aviones de guerra que vuelan sobre nuestras cabezas son la principal amenaza. Estos aviones mantienen alerta a la gente, no dejan dormir a los niños y despiertan a los bebés en medio de la noche y, aún peor, matan a la gente. La gente de Yemen ha aprendido a vivir con ellos, y nosotros también.
 
El avión sobrevuela, deja caer una bomba, se va…y después regresa. Puede permanecer en el cielo por horas, haciendo que todos estén nerviosos. Lo único que quiere la gente es que el avión vacíe su mortal carga y se vaya para poder continuar con su día.
 
Antes de un bombardeo se escucha una especie de silbido. La reacción es automática: buscar un refugio. Hubo un par de noches en que me escondí bajo mi cama, con miedo de que las ventanas fueran a explotar. 
 
Toda la casa se estremeció. Las bombas están siendo arrojadas en Yemen de manera constante y así vive la gente. 
 

 

El colapso del sistema de salud

Un día, un complejo frente al principal Hospital Materno Infantil de Sana’a fue fuertemente bombardeado por la coalición saudí. Mientras que el personal del hospital estaba evacuando a los pacientes del edificio, dos niños murieron. No a causa de los bombardeos, sino por la falta de oxígeno. 
 
El principal impacto de esta guerra no está relacionado directamente con los enfrentamientos, la mayoría de las muertes son causadas por el colapso del sistema de salud. Estos dos desafortunados niños son parte de una estadística mayor. 
 
En la ciudad de Taiz, adonde fui después, la principal amenaza eran los francotiradores. A pesar de que no puedes verlos, siempre están ahí. Cuando cruzas una frontera, siempre están en tu mente. 
 
Te vuelves extremadamente vigilante y sensible al sonido de los balazos, puedes distinguir si son de una AK47 o de un arma de un francotirador. Aprendes rápidamente en este ambiente; tienes que hacerlo, puede ser una cuestión de vida o muerte. 
Sin embargo, sin importar cuantas medidas tomes, todavía puedes encontrarte en medio de un enfrentamiento.
 

Combatientes heridos gritando en las calles

Un día estábamos visitando los hospitales que MSF apoya en la región de Taiz, algo que implica el cruce de fronteras. Al entrar a la tierra de nadie, vimos que dos combatientes acababan de recibir un tiro en la cabeza por parte de francotiradores.
 
Antes de que nos diéramos cuenta, estábamos en medio del fuego cruzado. 
 
Salimos del auto e intentamos buscar un lugar para refugiarnos. Los balazos venían de todos lados, e impactaban a unos metros de donde nos encontrábamos. Nos agachamos detrás de un tanque de agua. Un colega yemení logró entrar en un pequeño espacio entre el tanque de agua y una pared. La descarga de adrenalina cuando intentas salvar tu vida te obliga a hacer cosas que nunca imaginaste hacer. 
 
Después de 20 minutos, una familia nos dejó entrar amablemente en su casa. El padre de la casa estaba descalzo, sólo usaba una falda tradicional yemení y una camiseta blanca, cargaba una kalashnikov, listo para proteger su hogar y su familia. 
 
Los niños se veían cansados, no habían dormido en los últimos días porque los enfrentamientos habían sido intensos y había combatientes heridos gritando en las calles tras haber recibido disparos. 
 
Se hizo cada vez más y más obvio que tendríamos que ofrecer apoyo psicológico a la población yemení tan pronto como fuera posible. 
 
El enfrentamiento duró casi dos horas. Nunca olvidaré la hospitalidad de la familia yemení que salvó nuestras vidas. 
 

Resistencia yemení

Al viajar alrededor de Yemen, puedes ver cómo se están adaptando a vivir con esta guerra indiscriminada. La crisis de agua y combustible afecta a todos. 
 
Diariamente ves largas filas de autos esperando conseguir gasolina, a veces durante días. Ves a familias caminando hacia los pozos para conseguir agua, a personas en motocicletas que han sido modificadas para funcionar con gas natural, a hombres montando caballos o burros en medio de Sana’a; todo esto es prueba de cómo los yemeníes tienen que ser creativos para poder seguir con sus vidas cotidianas.
 
 
Lo que me sorprende es que la vida sí sigue. Los mercados siempre están atiborrados, los vendedores de helado hacen sonar sus campanas entre las filas de combatientes fuertemente armados; las ventanas son reparadas, las gallinas se venden cerca de los puestos de control. Los comercios cotidianos siguen su camino.
 
Le pregunté a una doctora yemení en uno de nuestros hospitales si había tenido algún problema al cruzar la frontera. Ella me contestó “bueno, sí, pero no podemos simplemente detener nuestras vidas por la guerra”. 
 
Logré conocer y trabajar con muchos yemenís. Ellos son muy acogedores y abiertos con otras personas, así que terminas involucrándote en sus vidas personales. Todas las personas que conocí habían perdido al menos a una persona amada -familiares o amigos- en esta guerra.
Las heridas de los yemeníes están abiertas y necesitarán un largo tiempo para sanar. Espero sinceramente que tengan la oportunidad de sanar pronto”.

MSF en Taiz

Desde mayo de 2015, MSF ha brindado medicamentos de emergencia y suministros quirúrgicos a los hospitales Al Jumhori, Al Thawra, Al Rawdah, Military y Al Qa’idah; todos ellos han recibido grandes cantidades de personas heridas durante la escalada de violencia.

El hospital Al Rawdah ha recibido a 5,307 pacientes de guerra heridos desde el 15 de mayo. También estamos administrando un servicio de ambulancia para hacer referencias entre hospitales. Actualmente tenemos dos vehículos, puede incrementar la cantidad en caso de ser necesario.
 
A pesar de las continuas negociaciones con los oficiales, seguimos bloqueados y no podemos entregar suministros médicos en dos hospitales de una ciudad sitiada de Taiz, al sur de Yemen. Nuestros camiones han sido detenidos varias veces en los puestos de control hutíes y se les ha negado el acceso al área. Los hospitales de esta área sitiada están recibiendo un gran número de pacientes con heridas de guerra.
 
En noviembre de 2015, abrimos un hospital materno infantil de 100 camas, que brinda atención ginecológica y obstétrica y cuidados pediátricos enfocados a niños menores de 5 años". 
 
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