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28.06.2021

Por Renata Santos, Presidenta de la Junta Directiva de MSF Brasil.

Enfrentarse a la muerte de un ser querido es devastador y me identifico contigo si te ha pasado. En Brasil, hemos perdido a más de 500,000 personas a causa de la COVID-19. Medio MILLÓN. Madres y padres, hermanos y hermanas, hijos e hijas, amigos y parejas, y todas ellas son muertes insoportables. Todos hemos sufrido una gran pérdida a título individual, pero también es una catástrofe colectiva que ha hecho que el país entero esté sumido en un duelo permanente, con el sistema sanitario cada vez más cerca del colapso. Pese a todo, estamos lejos de ver una respuesta efectiva, centralizada y coordinada contra la COVID.19 por parte de las autoridades brasileñas.

Como organización humanitaria, tenemos la obligación de condenar esta indignante y peligrosa despreocupación. Como organización médica, es nuestro deber señalar que muchas de estas muertes eran evitables. Algunas autoridades se niegan tajantemente a adoptar medidas de salud pública respaldadas por la ciencia, como mantener el distanciamiento físico y utilizar mascarilla aunque te hayan vacunado o hayas superado la enfermedad. La falta de medidas preventivas ha ocasionado muertes prematuras y un mayor riesgo de surgimiento de variantes del virus más transmisibles y letales. En Brasil, donde solo una pequeña parte de la población ha sido completamente vacunada, la COVID-19 sigue contagiando y matando a miles de personas todos los días.

Mientras somos testigos del sufrimiento de la población brasileña que ha perdido a algún ser querido y del personal sanitario, que está exhausto y saturado por el impacto psicológico y emocional de sus duras condiciones de trabajo, estamos viendo un auge de desinformación circulando por comunidades de todo el país, retroalimentando esta espiral de enfermedad y muerte.

Es impactante que buena parte de esa información errónea la estén difundiendo quienes tienen la responsabilidad de proteger a la población. Es inaceptable que, pese a las más de 500,000 muertes, siga habiendo funcionarios públicos promoviendo tratamientos inapropiados ajenos a toda evidencia científica y negándose a adoptar medidas preventivas. A estas alturas, seguir actuando así es inhumano.

 

 

Aun a riesgo de reiterar lo obvio, es necesario recordar que Brasil se encuentra en un estado crítico, con altas tasas de contagios y un ritmo de vacunación insuficiente. El rechazo de medidas como llevar la mascarilla solo va a conseguir que mantengamos una incidencia alta de COVID-19 que provocará más hospitalizaciones y más muertes.

El impacto de la pandemia es mayor para las personas más expuestas, las más vulnerables y las que tienen menos recursos, y esto está evidenciando otra cruel realidad: las desigualdades históricas de acceso a la atención médica en nuestro país.

Múltiples estudios publicados desde el inicio de la pandemia demuestran que la COVID-19 ha golpeado con mayor severidad a las comunidades negras e indígenas, así como a las personas migrantes y refugiadas.

Por desgracia, la COVID-19 sigue lejos de estar bajo control. Las vidas de nuestros padres, hijos, hermanos, amigos y demás seres queridos seguirán en peligro. Ahora mismo, pese a la fatiga, la ansiedad y las ganas de que todo termine lo antes posible, debemos seguir fuertes y unidos. Por favor, protéjase a sí mismo y a sus seres queridos.

 

Este artículo fue traducido y publicado originalmente por Huffington Post España.

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