La meta es llegar a los cero pacientes durante 42 días -el doble del periodo de incubación del virus, después de eso un país o región puede ser declarado como una zona libre de Ébola.

Dra. Joanne LiuPresidenta Internacional de Médicos Sin Fronteras

"No sabemos qué tan lejos está la meta, pero sabemos que para alcanzarla todos los actores involucrados en la respuesta necesitan canalizar sus energías en mantener estos esfuerzos".

13.08.2015

Por la Dra. Joanne Liu, Presidenta Internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF)

La carrera por contener a la más grande epidemia de Ébola en la historia ha sido, en realidad, un maratón. Hace un año llegué a África Occidental y me encontré con que el virus estaba arrasando la región. Estaba destruyendo familias y haciendo trizas los lazos sociales, mientras que las autoridades nacionales y un puñado de organizaciones humanitarias desesperadamente luchaban contra este implacable e invisible enemigo.

Al regresar a Liberia, Guinea y Sierra Leona tres meses después, cientos de personas seguían enfermándose cada semana. Era imposible identificar cómo se habían contagiado o descubrir con quién habían tenido contacto; personas que, a su vez, podrían estar infectadas. Pero el apoyo internacional finalmente había comenzado a llegar, mientras que los preparativos para empezar los ensayos clínicos de tratamientos y vacunas experimentales estaban en camino.

La semana pasada regresé a la región y me alivió ver qué tan lejos hemos llegado. Aunque aún tenemos un tramo que recorrer, hoy tenemos los medios para, colectivamente, dar fin a la epidemia.

Durante meses se han registrado unos 20 o 30 nuevos casos de Ébola por semana. La semana pasada hubo sólo tres. Las nuevas cadenas de infección ahora son investigadas más rápida y eficazmente, permitiéndonos rastrear la propagación del virus en las comunidades. Las autoridades nacionales están demostrando un gran liderazgo y han mantenido sus esfuerzos para terminar con el brote.

Aunque todos ansiamos una señal de que el final está cerca, el único pronóstico confiable en esta epidemia ha sido su imprevisibilidad. Ha crecido y ha disminuido; a menudo, justo cuando parece que ya se ha extinguido en un área, una persona enferma que fue pasada por alto o un funeral inseguro provocan que aparezca el virus otra vez.

Pero la señal más alentadora hasta el momento son los resultados interinos de las pruebas de una nueva vacuna contra el Ébola en Guinea que fueron publicados hace diez días, y fueron bastante prometedores. Si bien la vacuna VSV no podrá terminar por si sola con la epidemia, esperamos que sea una herramienta adicional para que finalmente podamos detener al virus.

Aunque nos sentimos más esperanzados que nunca, tenemos miedo de bajar la guardia incluso durante un pequeño momento. La meta es llegar a los cero pacientes durante 42 días -el doble del periodo de incubación del virus-, después de eso un país o región puede ser declarado como una zona libre de Ébola.

Para alcanzar esa meta se necesita perseverancia, no mera terquedad; se necesita seguir rastreando minuciosamente a cualquier persona que haya tenido contacto con alguien enfermo de Ébola, identificar y responder tempranamente a los nuevos casos, y asegurarnos de que los funerales se realicen de forma segura.

La clave para el éxito está en ganar la confianza de la comunidad local. Nuestros equipos de promoción de la salud en Forécariah, Guinea, me han dicho que desde que los casos de Ébola se incrementaron de nuevo este verano, han ido de casa en casa diariamente para explicar a cada familia cómo se transmite el virus, cuáles son los síntomas, qué hacer si alguien se enferma y cómo cuidar de ellos de una manera segura.

Las historias que han escuchado de algunos habitantes pueden parecer sorprendentes en este punto tan avanzado de la epidemia: escepticismo al creer que el Ébola no es real, los rumores de que la enfermedad se transmite por los extranjeros en trajes espaciales, o que puede ser curado con medicina tradicional. Pero tomarse el tiempo de escuchar y responder estas dudas en un nivel personal ha demostrado que funciona.

La verdad es que el impacto del Ébola será mucho más duradero de lo que pudimos haber imaginado. Los sistemas de salud de Guinea, Liberia y Sierra Leona, que ya estaban debilitados antes de la epidemia, ahora están hechos trizas. Cientos de trabajadores médicos, trágicamente, están muertos. Mientras tanto, los sobrevivientes de Ébola necesitan nuestro apoyo continuo. Vencer al virus ha resultado ser el primer obstáculo a superar, seguido por complicaciones médicas que aún no comprendemos totalmente; todo esto mientras lidian con el estigma dentro de sus comunidades.

Cuatro de cada diez personas en Sierra Leona conocen a alguien que ha muerto, ha estado en cuarentena o ha sobrevivido al virus. Estas naciones están de luto y aun así continúan demostrando un enorme valor y determinación.

El Ébola puede haber desaparecido de los encabezados, pero no se ha ido. No sabemos qué tan lejos está la meta, pero sabemos que para alcanzarla todos los actores involucrados en la respuesta -tanto nacionales como internacionales- necesitan canalizar sus energías en mantener estos esfuerzos. Y, al acelerar el uso de la nueva vacuna en los países afectados, podemos ayudar a cortar las cadenas contagio y proteger a los trabajadores en la línea de fuego.

Nuestros equipos estuvieron ahí al principio. Y, como los corredores de distancias largas, nos quedaremos hasta el final.

 

*Publicado originalmente en Time el 12 de agosto de 2015