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31.08.2021
En febrero de 2020, se registró el primer caso de COVID-19 en América Latina. A partir de esa fecha, los casos incrementaron exponencialmente en toda la región, a pesar de las restricciones y confinamiento. Diecinueve meses después, la situación de los países de la región sigue siendo preocupante debido a otros factores como las características y condiciones de sus sistemas de salud.
 
La vacunación contra la COVID-19, que presenta una solución para evitar el incremento de casos graves, avanza lentamente por lo que nuevas variantes del virus continúan apareciendo en la región, lo que ha complicado aún más la lucha contra la pandemia. 
 

“La tercera ola de COVID-19 es la más agresiva en Bolivia”

 
Bolivia cuenta con algunos de los peores indicadores de salud de América Latina. El sistema de salud es frágil, la falta de infraestructura, suministros y personal sanitario adecuado ya era insuficiente antes de la pandemia y ahora con ella los problemas se han agudizado. El país de 11 millones de habitantes lucha desde hace más de un año y medio contra el coronavirus y, hasta ahora, acumula cerca de medio millón de contagios y casi 20,000 muertes, colocándose en el puesto número 50 de los países con mayor cantidad absoluta de contagios en el mundo. 
 
 
 
 
El sistema de salud del país ya ha enfrentado tres olas de COVID-19. Pero la tercera ola fue la peor. En efecto, los expertos y datos oficiales muestran que esa última ola fue más corta pero más agresiva. “En la primera, el incremento de casos fue relativamente lento con mayor proporción de adultos mayores. La segunda se caracterizó por mayor velocidad de contagio y sintomatología más severa. Y la tercera tiene características más complejas con potencial participación de la variante P-1 (antes conocida como brasileña), más agresiva y contagiosa” explica Jacobo Zuluaga, el referente médico del proyecto COVID-19 de MSF en Bolivia. “Y el frágil sistema de salud, no pudo aguantar. Hablamos de hospitales colapsados, terapias intensivas saturadas y desesperación por la falta de oxígeno”.
 
En marzo de 2021, Médicos Sin Fronteras (MSF) lanzó una intervención para responder a la COVID-19 en Bolivia. Nuestras actividades consisten en la prevención y el control de infecciones en estructuras de salud, servicios de salud mental -para pacientes y personal del sistema sanitario- y desarrollo de capacidades para los trabajadores y trabajadoras de primera línea. Los equipos de MSF también supervisaron el tratamiento de pacientes con médicos de Riberalta en la región de Beni. “Nuestro objetivo es apoyar al sistema de salud en la lucha contra la pandemia” añade Zuluaga. Los equipos de MSF trabajan ahora en la región de Cochabamba, donde hay una alta incidencia de casos y un sistema de salud al borde del colapso, además de los reducidos servicios de salud mental. 
 
Ingrid Rocha, la jefa de enfermería del hospital Andrés Cuschieri del municipio de Colcapirhua, en el departamento de Cochabamba, agradece el apoyo que recibió de MSF en este último mes. “Nunca antes nos habían dado clases de autoestima y respiración” refiriéndose a los talleres que el equipo de salud mental brinda al personal de salud. Ingrid también quedó encantada con la capacitación sobre limpieza y desinfección de superficies, utensilios y ropa. “A partir de esa capacitación recordamos muchas cosas y ahora hacemos lo correcto en el momento de limpiar el hospital y las donaciones que nos dieron las cuido mucho”, concluye.  
 

Combatiendo la desinformación 

 
Otro componente de la intervención de MSF en el país consiste en el desarrollo de actividades de promoción de la salud en varios distritos del país a través de la información sobre prácticas saludables y medidas preventivas que se deben adoptar para combatir el virus, promoviendo a su vez el compromiso y la participación de la comunidad para mitigar y combatir la pandemia. “La fragilidad del sistema de salud en la lucha contra el coronavirus es un problema”, explica Karen Zambrana, encargada de las actividades de promoción de la salud de MSF en Bolivia, “Otro de los factores que influye en la situación y postura de la población frente al virus es la desinformación y confusión general sobre la COVID-19. La gente que encontramos dentro de nuestras actividades tiene muchas ganas de vivir, pero está perdida entre mitos, miedos y dudas sobre la COVID-19”.
 
 
 
 
Lidia Mamani es una de esas personas. “En la primera ola de COVID-19, toda la comunidad estaba aterrada”, explica, “nadie quería decir que estaba enfermo porque no querían ir al hospital para que los internen, los aíslen y los dejen morir. Mi familia y yo nos enfermamos y nos curaron en casa, por miedo”. Después de enfermar, Lidia empezó a buscar información sobre la COVID-19. Las charlas de promoción de la salud de MSF la convencieron de la importancia de esas actividades y desde hace un año, se volvió líder de salud comunitaria. “La información nos puede curar y nos puede salvar la vida”.
 
El equipo de promoción de la salud sigue encontrando a personas como Lidia, que todavía no tienen la información correcta sobre el virus. Desde el principio de la intervención de MSF en el país, el equipo ha organizado más de 800 sesiones informativas sobre la COVID-19 para que la población sea sensibilizada, orientada y tenga acceso a la información correcta sobre la enfermedad. “Las sesiones son muy importantes porque después de un año y medio de pandemia, muchas personas no saben que creer o que hacer cuando presentan síntomas. Sumado a esto, día a día crecen los rumores sobre la vacuna y por esta razón las personas no acuden a los puntos de vacunación". 
 

Los rumores sobre la vacuna, un desafío suplementario

 
La vacunación masiva contra la COVID-19 en Bolivia comenzó en enero de este año. Bolivia se trazó como meta vacunar a 7,4 millones personas mayores de 18 años hasta octubre de 2021, y con ello alcanzar la inmunidad de rebaño, pero hasta el momento únicamente el 32% de la población boliviana recibió las dos dosis de inmunización. 
 
La vacuna también vino acompañada de mucha desinformación: por un lado, la población que tiene dudas de la efectividad de algunas vacunas, miedo a qué puede pasar después de la vacuna, y mitos inventados entre la población sobre transformaciones de personas en hombres lobos o imanes humanos entre otros. Por otra parte, el personal de salud maneja una información diferente sobre los cuidados que debe tener la persona después de la vacuna. “Lo cierto es que las redes sociales y los rumores han llenado a la población boliviana de desinformación, miedo y rechazo a la vacuna contra la COVID-19 y el personal de salud no ha escapado a esta situación” explica la encargada de las actividades de promoción de la salud de MSF. 
 
 
 
 
Pero poco a poco, Karen y su equipo ven los resultados de sus actividades. Al final de unas de sus sesiones, Don Máximo, un hombre mayor dice: “Yo si quiero vacunarme, pero tengo acidez y cólicos, además había escuchado muchas cosas malas… por ese motivo no me he vacunado, pero ustedes me han hablado …y yo confío en ustedes, ahora ya puedo vacunarme”. Todavía hay un camino largo por recorrer, sin embargo, esos testimonios dan esperanza y aliento al equipo y son buenas señales que sus actividades en Bolivia están dando frutos.