24.08.2018

Se avecina una crisis en Bosnia y Herzegovina, si el ritmo de la respuesta humanitaria coordinada no mejora antes de que las temperaturas comiencen a bajar.

Más de 4000 migrantes y refugiados se están resguardando en campos y asentamientos informales a lo largo de la frontera de Bosnia con Croacia. Esta es una situación nueva para Bosnia, que antes de este año no había visto a un número significativo de personas transitando por el país que forma parte de la llamada ruta de los Balcanes. Y aunque la afluencia de personas que llega al país ha aumentado desde hace meses, las condiciones humanitarias básicas en los dos puntos de congregación más grandes a lo largo de la frontera siguen siendo alarmantemente inadecuadas.

 

En el límite de la ciudad de Bihać, alrededor de 3,000 personas viven en una estructura de hormigón deteriorada y sus alrededores. Con hoyos abiertos como ventanas, piscinas de barro y agua de lluvia en el piso, el antiguo edificio de cinco pisos ahora está repleto de personas que duermen sobre mantas, tiendas de campaña que fueron armadas en los pasillos y sábanas colgadas del techo en un esfuerzo por proporcionar un mínimo de privacidad. Una pendiente boscosa detrás del edificio está repleta de más tiendas de campaña.

 

Mientras tanto, a las afueras de la cercana ciudad de Velika Kladuša, aproximadamente 1,000 personas más viven en tiendas de campaña y refugios improvisados hechos de lonas y otros materiales que han encontrado. Se excavaron zanjas alrededor de los refugios para aliviar las inundaciones causadas por las fuertes tormentas de verano.

 

Los adultos, las familias y los menores no acompañados constituyen la multitud en ambos lugares. Provienen de Pakistán, Afganistán, Siria, Irak y más allá. Su objetivo, el mismo a lo largo de toda la ruta de los Balcanes, es huir del conflicto y la pobreza en sus países de origen.

 

Una respuesta lenta

 

Las precarias condiciones humanitarias en los asentamientos fronterizos de tránsito en Bosnia y Herzegovina están empeorando debido a la respuesta lenta e inadecuada a la situación, asevera Juan Matias Gil, jefe de misión de MSF para Serbia y Bosnia y Herzegovina.

 

"La falta de planificación coordinada y una preparación reactiva en Bosnia y Herzegovina ha provocado condiciones inadecuadas para los migrantes y refugiados aquí, situación que supone un grave daño a su bienestar, seguridad y salud", comenta Gil. "No solo no tienen acceso a servicios médicos, también carecen de asistencia básica como los alimentos, refugio, ropa y servicios de higiene".

 

Desde junio de 2018, MSF ha estado trabajando constantemente en el terreno en ambos lugares. En colaboración con las autoridades médicas locales, MSF gestiona una pequeña clínica móvil para atender las necesidades de atención médica más básicas y urgentes en cada ubicación, así como para derivar los casos más complejos y urgentes y así reciban atención médica secundaria en el Cantón de Una-Sana.

 

"El invierno se acerca, y hasta ahora ha llevado meses proporcionar a esta población en crecimiento los servicios básicos más básicos", dice Gil. "El invierno no te deja perder tiempo. La situación se podría pagar con vidas si los preparativos no se organizan a tiempo ".

 

Inviernos pasados en la ruta de los Balcanes

 

Durante los últimos inviernos se han visto condiciones inhumanas y terribles para los refugiados y personas que se encuentran en movimiento a través de la ruta de los Balcanes.

 

En Serbia y a lo largo de sus fronteras, una falla institucional colectiva de preparación ante las condiciones invernales ha dejado a miles de personas literalmente en el frío durante múltiples inviernos seguidos. A medida que las fronteras de la UE se cerraban cada vez más, miles de personas se encontraron varadas en un clima helado, atrapadas en un país sin suficiente refugio para ofrecer.

 

Durante los inviernos pasados en la región MSF ha tratado a las personas por casos de hipotermia y congelación, y la clínica de MSF en Belgrado ha visto repuntes en las enfermedades respiratorias debido a que las personas queman plásticos y otros materiales que encuentran para poder entrar en calor.

 

E independientemente de la temporada, los migrantes y los solicitantes de asilo que intentan cruzar las fronteras del norte de Serbia también han denunciado regularmente casos de violencia a manos de los guardias fronterizos. En los primeros seis meses de 2017, las clínicas móviles de MSF en Belgrado trataron 24 casos de traumas intencionales que, de acuerdo con los informes, tuvieron lugar a lo largo de la frontera entre Serbia y Croacia.

 

 

 

 Nuevas rutas, preocupaciones constantes

 

Las personas que llegan e intentan cruzar la frontera de Bosnia con Croacia vienen principalmente de campos y asentamientos informales en Serbia, pero algunos han forjado nuevas rutas desde Grecia, para atravesar Albania y Montenegro para llegar hasta aquí.

 

Está claro que las personas que huyen del conflicto y la inestabilidad en sus hogares continúan buscando seguridad en Europa. "Estas personas están atrapadas en Bosnia y Herzegovina", dice Gil. "En ausencia de canales seguros para solicitar asilo y protección internacional, las personas se ven obligadas a continuar enfrentando viajes peligrosos y cruces fronterizos irregulares".

 

Además, MSF está siendo testigo, una vez más, de las perturbadoras consecuencias de los peligrosos cruces fronterizos hacia la Unión Europea debido a la ausencia de alternativas seguras. "También estamos alarmados por los informes de retornos y violencia contra refugiados y migrantes en el lado croata de la frontera", dice Gil.

 

"Al enfrentarnos a una situación prolongada en Bosnia y Herzegovina, esperamos que los migrantes se enfrenten al mismo ciclo de situaciones problemáticas que han plagado otros lugares a lo largo de la ruta de los Balcanes: enfermedades de la piel y respiratorias, un deterioro de las condiciones de salud mental y aumento de la violencia", concluye Gil.