31.01.2019
Desde principios de 2019, la escalada de violencia en las regiones del Centro-Norte y el Sahel, en Burkina Faso, ha causado decenas de muertes y el desplazamiento interno de miles de personas. Necesitan ayuda urgentemente.
 

"Nuestras casas fueron quemadas"

 
Machetes, armas, el humo de las casas en llamas. Estos son los últimos recuerdos que muchas personas desplazadas se llevaron con ellos cuando se vieron obligados a huir de sus pueblos en la región Centro-Norte de Burkina Faso.
 
"Estaba en el monte, ahí me atraparon", relata Dicko, de 17 años, resultó herido en la oreja y la cabeza. “Querían saber dónde se escondían mis amigos, ¡pero yo estaba solo! Me golpearon con su machete y luego me derribaron. Una vez que se fueron, corrí a al pueblo para encontrar a mis padres. ¡Nuestra casa fue quemada! Pero afortunadamente, mi familia estaba junta. Caminamos hasta llegar al campo aquí, en Barsalogho".
 
Después de que estalló la violencia en la región, miles de personas huyeron de sus pueblos repentinamente, sin poder llevarse nada con ellos. Fueron a los pueblos cercanos de Foubé, Barsalogho o Arbinda, Kelbo y Déou. El campo para desplazados internos en Barsalogho se instaló rápidamente para brindar refugio a más de 900 personas, de las cuales muchas, incluido Dicko, vivían en pequeños pueblos con sus familias. Después de huir, la madre de Dicko curó sus llagas con agua tibia. Una vez que la familia llegó al campo, los equipos médicos limpiaron sus heridas con soluciones antisépticas para evitar una infección.
 
 

Las necesidades son grandes

 
En el campo de Barsalogho, las familias viven en tiendas de campaña que fueron instaladas por el gobierno, y cocinan con las pocas ollas y sartenes que lograron reunir gracias a la solidaridad de la población y las autoridades locales. Algunas bolsas de maíz se encuentran amontonadas en medio del campo, junto con otros alimentos. Pero el agua sigue siendo un problema, porque no hay ningún manantial cerca.
 
Los camiones cisterna conducen todos los días a Kaya, la ciudad más cercana que se ubica a más de una hora del campo, para llevar agua que pueda distribuirse a los habitantes del campo. En otros lugares a los que han llegado personas desplazadas, ha tomado más tiempo instalar los campos. En Foubé, por ejemplo, no todas las tiendas están instaladas. Cerca de 8,000 personas viven en el campo, muy cerca unos de otros, aumentando el riesgo de que se presenten casos de sarampión.
 
En MSF estamos apoyando a los equipos de salud locales para minimizar el riesgo de una epidemia: más de 2,100 niños fueron vacunados contra el sarampión en Foubé durante el primer día de una campaña con el objetivo de vacunar a 7,000 niños. Otros 600 fueron vacunados en Barsalogho. Sin embargo, las necesidades siguen siendo importantes, según Idrissa Compaoré, nuestra coordinadora médica en Burkina Faso.
 
“Todos los actores involucrados en la respuesta deben garantizar que las poblaciones desplazadas tengan acceso a agua potable y que los campos mantengan cierto nivel de higiene. Los medicamentos esenciales deben estar disponibles en cantidades suficientes y deben ser almacenados en una zona lejos del calor y el polvo”. Cada semana, nuestros equipos médicos hacen consultas a más de 300 personas en Foubé y más de 200 en Barsalogho. Los pacientes sufren principalmente de infecciones respiratorias, malaria y enfermedades parasitarias.