24.06.2016
Daniela Steuermann es una enfermera de Alemania que trabaja para MSF en Sierra Leona, un país en donde la atención médica fue gravemente afectada por el brote de Ébola en 2014. Nos habla de su trabajo y sobre lo que ve en su día a día.
 
"En enero, cuando comencé mi trabajo en el centro de salud en la pequeña ciudad de Mile 91, sólo veíamos a unos 10 o 15 niños por día. Ahora, en abril, es muy diferente: mis colegas y yo somos visitados durante la mañana por varias madres, algunas llevan a niños gravemente enfermos. Muchos están agradecidos de que MSF ahora apoya el trabajo de la clínica, que es gestionada por el Ministerio de Salud. La información se propagó rápidamente en las aldeas pequeñas. 
 
Además de las patologías menores que atendemos, también vemos, desafortunadamente, una gran cantidad de niños gravemente enfermos. Sufren de malaria, neumonía o diarrea con severas complicaciones. Cada día quedo más convencida de la importancia de mi trabajo aquí. Mientras tanto, diariamente vemos de 30 a 50 niños. 
 
Alrededor de donde estamos, hay un total de 28 clínicas más pequeñas. Planeamos empezar a apoyar a cinco de esas instalaciones. Ya he comenzado a entrenar a personal para mejorar la calidad de los tratamientos. Pero aún hay mucho camino por recorrer. Frecuentemente hay una escasez de recursos técnicos o las clínicas se quedan sin medicamentos antes de que lleguen suministros. 
 
 
Otro gran problema: Los niños frecuentemente llegan al hospital cuando ya están muy enfermos. Por eso estamos trabajando en colaboración con las clínicas más pequeñas y descentralizadas, para acortar las distancias que sus madres deben viajar para acceder a atención médica.
 
Para entender por qué llegan tan tarde a buscar atención médica, es importante tomar en cuenta la difícil vida cotidiana de estas mujeres: en la mañana, tienen que salir a trabajar en el campo, en el mercado, o en algún otro trabajo pesado. Sus hijos se quedan con sus hermanos mayores o con parientes, que también tienen labores que hacer en sus hogares y que prácticamente no les permiten hacerse cargo de los niños. Si los niños  -estamos hablando de bebés y niños menores de 5 años- están enfermos, sus hermanas/tías/abuelas no tienen los recursos para atender adecuadamente a los niños pequeños con fiebre. 
 
Frecuentemente, las condiciones de los niños pueden volverse mortales: se deshidratan y tienen hipoglucemia severa (niveles bajos de hemoglobina, responsable de transportar el oxígeno en la sangre). Si esto sucede con una infección de malaria, por ejemplo, esto puede cobrar rápidamente la vida del niño. Pero en la clínica, normalmente podemos estabilizar rápidamente al niño. Podemos darle glucosa (azúcar) y líquidos, pero no podemos disponer de una transfusión sanguínea en este lugar. Sin embargo, comunmente, una transfusión sanguínea es la única opción para salvar sus vidas. Para esto tenemos que traer a los jóvenes pacientes a nuestro hospital en Magburaka. Y eso no es tan fácil.
 
Para los niños de Sierra Leona, casi nunca hay una ambulancia disponible. Las rutas son largas y no hay buenos caminos. Sólo un camino de tierra marrón con muchos baches desagradables lleva hacia Magburaka. Dependiendo de las condiciones climáticas, el camino puede tomar dos horas, a veces más. La temporada de lluvias ya comenzó y trajo consigo fuertes lluvias, así que las calles parecen fangosos caminos.
 
Otro obstáculo para ir rápidamente al hospital es la situación financiera de los padres, que comunmente no pueden costearse un taxi o motocicleta para que los transporte. Afortunadamente, MSF cubre los costos si es necesario llevar a un niño al hospital. Sin embargo, pasa una y otra vez: los niños siguen llegando muy tarde a recibir la ayuda que podemos ofrecer, uno de estos obstáculos “gana” y perdemos al niño. He aprendido a lidiar con eso, pero aún no quiero aceptarlo. 
 
Pero hay otros hermosos momentos. Están, por ejemplo, mis gemelos: Alusine y Hassanatu. Su madre murió poco después de dar a luz, y la familia tiene seis hijos a los que alimentar. El padre, un agricultor, decidió inicialmente no llevarse a los bebés con él y los dejó en el hospital en Magburaka.
 
Nos conmovió ver cómo el padre tuvo que luchar al tomar esta difícil decisión, pero para él era una cuestión de velar por el resto de su familia. Más tarde, un psicólogo de nuestro equipo habló con el padre. Ellos le hicieron saber que perdería todos los derechos sobre sus hijos si decidía no llevarlos con él. No quería hacer eso, así que finalmente decidió llevarlos a casa con él. 
 
 
Nos hemos preguntado, desde hace una semana, cómo están nuestros gemelos. Un día, mientras trabajaba en Mile 91, los vi otra vez. El desesperado padre y la abuela nos dijeron durante la consulta que no pueden comprar leche, así que los niños perdieron mucho peso. También sufrían de problemas en la piel e infecciones. Pero llegaron a tiempo. Pudimos tratar las enfermedades con medicamentos y logré que los niños entraran a nuestro programa de nutrición. Ahora vienen cada dos semanas y están creciendo muy bien. Estoy agradecida de poder apoyar a esta y a otras familias a través de MSF. 
 
La tasa de mortalidad infantil en Sierra Leona es muy alta, especialmente durante las primeras semanas y meses de vida de los niños. MSF puede hacer una importante contribución para mejorar la situación. Estoy agradecida de poder trabajar con mi equipo. De mis colegas sierraleoneses estoy aprendiendo mucho sobre la gente de aquí y de sus vidas. Me siento afortunada de tener aún tiempo en este proyecto.