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19.08.2021
La violencia en las regiones del noroeste y suroeste de Camerún ha desplazado a cientos de miles de personas. En la región de Mamfe, en junio de 2021, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) atendieron a un grupo de niños y niñas acompañados por la misma mujer. De hecho, Tanyi acoge a 24 niños y niñas, la mayoría son huérfanos de guerra que se vieron obligados a huir de sus casas de la noche a la mañana. 
 
 

Diana, del pueblo de Tayor

Alto Bayang 

Se tarda al menos un día en llegar a mi pueblo porque las carreteras son muy malas.

Como no había escuelas allí, decidí venir a Mamfe e ir a la escuela con mi tía. Después de la muerte de mi padre, mi madre ya no podía ocuparse de nosotros. Llevo cuatro años en Mamfe. Mi madre es agricultora. Cultiva cacao, yuca, maíz. Tengo ocho hermanos y tres de ellos viven aquí con mi tía y el resto están en el pueblo. 

En la clase de Educación Física, en la escuela, un compañero me lesionó sin querer en la pierna. Mi tía me llevó con un curandero tradicional, pero la pierna no mejoró. Entonces acudimos al hospital apoyado por MSF. Llevan controlando la evolución de la lesión desde hace 4 meses. 

 

Tanyi Serah (tía)

En el pueblo de Tayor, la vida es muy dura. Muchas personas han abandonado el pueblo y carece de las necesidades básicas, como la comida. La gente no puede permitirse ni siquiera el aceite para cocinar.

Actualmente acojo a 24 niños y niñas en mi casa, la mayoría son desplazados internos. No soy pariente de la mayoría de los niños y las niñas que viven conmigo, algunos huyeron de sus pueblos y vinieron a Mamfe. Como no tenían dónde quedarse, decidí vivir con ellos. Todas las mañanas, los mayores desayunan y salen a buscar algo que hacer para ganarse la vida.

Trabajo como cocinera. Eso me permite alimentarlos a todos aunque no es fácil. Al ver que la mayoría de ellos estaban desamparados y no tenían dónde ir, decidí ocuparme de ellos.

Cuando un niño está enfermo, lo primero que hago es buscar medicamentos. Sólo los llevo al hospital en caso de problemas de salud graves, porque si no la gente del hospital no nos deja reunirnos con el personal de MSF.

Mi marido está en casa, tiene un derrame cerebral desde hace casi 13 años y no puede caminar. Cuando puedo permitírmelo, compro comida, la cocino y la llevo a mi restaurante para venderla. Suelo pedir préstamos para poder comprar lo básico para las comidas, cocinar para los clientes y guardar algunos de mis platos para alimentar a los niños y niñas en casa. Al final del año, tengo que devolver el préstamo. Es un momento muy difícil para mí y para las personas que tengo a mi cargo en casa. Es duro, pero no tengo otra opción.

La crisis ha afectado a mi propio estado. A veces, por la noche me pregunto qué voy a hacer con todos estos niños y niñas. No puedo deshacerme de ellos, pero ¿Cómo puedo cuidar de ellos a largo plazo?

La mayoría perdió a sus padres. A algunos les dispararon, otros murieron por otras razones. Una señora dejó a sus tres hijos aquí un día. Más tarde me enteré de que había muerto. No puedo pagar todas las matrículas para las escuelas. Por eso, los que no pueden ir a la escuela se quedan en casa. No pueden construir su futuro.