19.05.2016
Idomeni, 19 de mayo de 2016. Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) fueron testigos de la protesta que tuvo lugar en Idomeni durante la tarde de ayer.
 
Algunos de los refugiados que permanecen atrapados en el campo empezaron a empujar un vagón de tren hacia la frontera de la Antigua República de Yugoslavia y Macedonia (ARYM), que permanece cerrada desde hace meses. La policía griega intervino para detener la protesta lanzando gases lacrimógenos en el campo. El gas entró en la clínica de MSF, por lo que el equipo se vio obligado a evacuar el recinto, llevándose con ellos a los 12 pacientes que estaban en su interior, 5 de los cuales eran niños. Los equipos de MSF continuaron con sus actividades médicas fuera del área principal del campamento hasta que esta mañana pudieron regresar y reanudar completamente sus actividades.
 
 “Se trataba de una situación desesperada. Cuando el gas lacrimógeno entró en nuestra clínica, tuvimos que evacuar a los pacientes y llevarlos hasta las afueras del campo”, afirma Cristian Reynders, coordinador de terreno de MSF en Idomeni. “Con la ayuda de algunos pacientes, tuvimos que coger en brazos a los cinco niños que estaban en el hospital y llevarles de inmediato hasta un lugar seguro. Nos vimos obligados a referir a uno de estos niños a un hospital griego para que pudiera continuar allí con su tratamiento y seguimos atendiendo a los demás con los medios de los que disponíamos. Cuando la situación se calmó, volvimos al campo para distribuir agua a todos aquellos que lo necesitaban”.
 
Tras repartir 240 litros de agua entre aquellos que habían sido víctimas de los gases, las hostilidades entre los refugiados y la policía griega volvieron a estallar.
 
Empezaron a llegar muchos más refuerzos policiales, por lo que cientos de personas, entre las que había muchas mujeres y niños, se vieron obligadas a huir del campo para ponerse a salvo. En ese momento, por razones de seguridad,MSF tomó la difícil decisión de evacuar a todo el personal que tenía en Idomeni.
 
 
 
“Cientos de mujeres y niños salieron huyendo. Tres largas columnas de personas huían asustadas por el miedo. No pude dormir en toda la noche. Fue muy duro tener que tomar la decisión de irnos, pero no podíamos permanecer en el campo en esas circunstancias” continúa Reynders. “Los líderes europeos han abandonado a esa gente tras unas fronteras cerradas y les han dejado en unas condiciones inhumanas. Cada día que pasa, esta gente se encuentra más desesperada: no tienen acceso a solicitudes de asilo, ni a procesos de reubicación o de reagrupación familiar. En definitiva, no se les está ofreciendo ninguna alternativa humana. Idomeni es el reflejo más claro del coste humano que tienen las políticas migratorias de la Unión Europea”.
 
Entre 6.000 y 9.000 personas se encuentran varadas en Idomeni tras el cierre de la frontera de Grecia con ARYM el pasado mes de marzo. De todos ellos, alrededor del 50% son niños. Algunos ya llevan allí más de 3 meses, lo que les hace cada vez más vulnerables a la violencia que ejerce la policía de fronteras y a la falta de escrúpulos de los contrabandistas, que se han convertido en casi su única opción para poder llegar hasta sus familiares en Europa.
 
Durante los últimos meses, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha atendido a bebés de tan sólo seis semanas de edad que han sido rociados con gases lacrimógenos. Los equipos de la organización también han tratado a niños de diez años que presentaban heridas provocadas por balas de goma.
 
En Idomeni hay familias que llevan viviendo varios meses bajo una carpa o en tiendas de campaña. Se trata de un asentamiento en el que no hay refugios adecuados y en el que tampoco existen unos servicios de salud o unas instalaciones sanitarias medianamente aceptables. La semana pasada, el equipo de MSF concluyó una campaña de vacunación para proteger de enfermedades prevenibles a los más de 3.000 niños del campo.