18.07.2018

Son las 7:30 de la mañana y por el momento, las nubes en el cielo están retrasando el calor, pero el sol pronto se alzará y forzará a las personas a ponerse bajo los árboles para encontrar un momento de alivio en la sombra. El día en Am Timan, al este de Chad, comienza temprano. El hospital de Am Timan, en el que trabajamos desde el 2006, ya está atiborrado de personas. El coro de llantos de los bebés hace eco desde el departamento de pediatría del hospital; la primera señal de que los pacientes están despiertos.

 

El Doctor Yannick Tsomkeng, un médico que trabaja con nosotros en el hospital de Am Timan, inicia sus consultas médicas en la unidad de alimentación terapéutica, dentro del departamento de pediatría. “Los niños llegan en condiciones de salud críticas, tan afectados que a menudo es demasiado tarde para salvarlos y terminan falleciendo 24 horas después de su hospitalización. Aquí son las primeras víctimas de la escasez de comida, la pobreza y los hábitos alimenticios peligrosos”, comenta Yannick. “A principios del mes, el centro de alimentación terapéutica ya había excedido su capacidad. En la semana pasada fueron hospitalizados 46 niños con desnutrición severa, todos con complicaciones médicas.

 

Para mayo, nuestro centro de nutrición terapéutica (CNT, por sus siglas en inglés nutritional feeding centre), administrado por MSF, había superado su capacidad de 60 camas pues sólo durante ese mes ingresaron 325 niños con desnutrición.

Se espera que este número incremente en los próximos meses. Pero a pesar del alto número de niños que necesitan tratamiento, y los esfuerzos del equipo médico, esta crisis no es inesperada y tampoco es la primera vez que la región es afectada por niveles tan preocupantes de desnutrición infantil.

Todos los años, de mayo a septiembre miles de personas procedentes de Chad y de la región del Sahel sufren una inseguridad alimentaria extrema debido a la época de escasez, fruto de la estación seca y de la falta de reservas de alimentos. En la región de Salamat, esta recurrente crisis nutricional acaba de volver a empezar y se extenderá a otras regiones del país.

 

Fanna, de 19 años, está sentada en una cama del centro de nutrición con su bebé. Lucha por alimentar a sus tres hijos. “Mi niño estaba enfermo. No podía comer nada y no paraba de vomitar. Después de cuatro días estaba tan débil que no reaccionaba, así que decidí traerlo al hospital. Es difícil quedarse en el hospital por varios días cuando no hay nadie que pueda cuidar a mis otros niños”, relata Fanna mientras sostiene en sus brazos a Moussa, de ocho meses de edad. Moussa no se queja, aunque su sonda de alimentación es más grande que su cara demacrada. Está demasiado débil incluso para llorar. Mira fijamente a las personas a su alrededor, con sus grandes ojos cafés llenos de dolor. Ha sido hospitalizado debido a severa desnutrición y sus complicaciones.

“Sabía que en el hospital hay un programa de nutrición porque mi hija mayor fue hospitalizada anteriormente por desnutrición. Comemos una vez al día, la comida nunca es suficiente así que mis hijos a menudo se enferman. Ahora es aún peor desde que la temporada de cosechas terminó”, comenta.

Esta emergencia alimentaria es resultado de diversos factores. Prácticas nutricionales inadecuadas, el cambio climático, la dificultad para acceder a tierras y agua potable, la deficiente educación y los frágiles sistemas sanitarios en un país que está en medio de una profunda crisis económica.

En el 2017, la situación nutricional se deterioró significativamente y la temporada de escasez llegó antes, llevando a casi 900,00 personas hacia una severa inseguridad alimentaria (de acuerdo con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU). Se ha declarado una emergencia nutricial en 12 de las 23 regiones del país, y la prevalencia de desnutrición aguda severa (SAM – Severe Acute Malnutrition) ha excedido el límite del umbral de emergencia por un 2% en 15 regiones.

Es un país que ostenta la sexta posición en mortalidad infantil en el mundo y donde las primeras víctimas de esta crisis nutricional cíclica son inevitablemente los más vulnerables: los niños menores de cinco años. En Chad, la desnutrición es una de las principales causas de mortalidad infantil y uno de cada siete niños muere antes de su quinto cumpleaños (de acuerdo con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU).

 

Para combatir estos altos niveles de mortalidad, en nuestro centro de nutrición en el hospital de Am Timan, brindamos comida especial a nuestros pacientes durante su tratamiento, con el objetivo de recuperar su apetito y capacidad de respuesta. Son alimentados con leche terapéutica que contiene azúcar, aceite, vitaminas y minerales, y con una pasta de cacahuate alta en proteínas fortificada con vitaminas y minerales. Los niños que son admitidos en dicho programa están muy bajos de peso para su tamaño y presentan una grave pérdida muscular. También pueden tener edema nutricional, caracterizado por pies, cara y extremidades hinchadas. Nuestra esperanza es que podamos darles el alta cuando son capaces de comer de nuevo sin asistencia médica.

 

Cuando finalmente alcanzan un nivel estable de salud, nuestros equipos también combinan el tratamiento médico con una sesión diaria de estimulación cognitiva. Los niños severamente desnutridos pueden tener un retraso en el desarrollo mental y conductual que, si no se trata, puede convertirse en la consecuencia más grave y a largo plazo de la desnutrición. La estimulación emocional y psicológica mediante juegos puede reducir significativamente el riesgo de padecer deficiencias mentales y efectos irreversibles de la desnutrición prolongada. Por esta razón, nuestros equipos organizan una sesión de estimulación todos los días, a través de varios juegos, con las madres y sus hijos que están bajo tratamiento nutricional.

 

“Día con día nos damos cuenta de la importancia de los juegos y el cuidado materno en el proceso de recuperación. Durante las sesiones de estimulación, se anima a las madres a jugar con sus hijos con juguetes e interactuar con ellos en actividades divertidas. Los resultados de esta actividad son conmovedores. Vemos a niños que recuperan su capacidad de respuesta y, sobre todo, sonríen y juegan de nuevo todos juntos. Es muy importante involucrar a los pacientes y alentar el cuidado emocional de los niños,” explica Aya Sonoda, coordinadora de información y educación en Am Timan.

 

MSF trabaja en Chad desde hace 37 años y cuenta con una Unidad de Respuesta a Emergencias (CERU) que proporciona una respuesta rápida y ofrece asistencia médica en menos de 72 horas en casos de emergencias. En Am Timan, en la región de Salamat, MSF apoya los servicios de maternidad, neonatología y programas de nutrición. En Moissala, en la región de Mandoul, MSF gestiona un programa para la prevención, detección y tratamiento de la malaria entre niños y mujeres embarazadas. En la región oriente de Logona, MSF puso en marcha actividades de asistencia médica primaria dirigidas a los refugiados centroafricanos y la población local.

Para hacer frente a esta crisis nutricional durante su punto máximo en la temporada de escasez, los equipos de MSF están apoyando a tres centros de salud en Am Timan para detectar y tratar la desnutrición. Estarán presentes hasta finales de octubre de 2018 para tratar a pacientes desnutridos con complicaciones médicas.

MSF también apoya los servicios neonatales y de maternidad para partos complicados en el hospital de Am Timan, con actividades planeadas hasta octubre de 2018.

 

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