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07.01.2022

Khadidja Iba, de 30 años, está sentada en una alfombra colorida en el área de espera de un centro de alimentación terapéutica que Médicos Sin Fronteras (MSF) instaló en un centro de salud en Massakory, una pequeña ciudad en el cinturón de Sahel de Chad.  

Esta mujer, madre de seis hijos e hijas, ha caminado por dos horas para llevar a su hija pequeña Sara, de 9 meses, para una consulta de seguimiento. La niña ha estado inscrita en el programa de nutrición de MSF durante un mes. Después de una evaluación con el personal médico de MSF, Khadidja recibe paquetes de un color rojo brillante de Plmpy’Nut, una pasta de maní con alta cantidad de calorías usada para tratar la desnutrición, con los que alimentará a la bebé hasta su siguiente evaluación la próxima semana.  

MSF lanzó una respuesta nutricional en la provincia de Hadjer Lamis, Chad, en septiembre 2021, después de recibir una alerta sobre un significativo número de  casos de desnutrición aguda grave en el área – más de 28,000 previstos para el 2021 – y enterarse de que solo uno de los cinco distritos de salud de la provincia estaba recibiendo apoyo. 

La desnutrición es una crisis crónica recurrente en Chad, y afecta especialmente a niños y niñas menores de cinco años y mujeres embarazadas o lactantes. Las causas de la desnutrición son complejas e incluyen malas cosechas, opciones inadecuadas dietéticas así como factores socio-culturales. Este año, la situación ha sido agravada por una temporada de lluvias inusualmente corta. 

“Hubo muy poca lluvia este año. Fue peor que cualquier otro año que recuerde,” dice Khadija Iba. “Casi no cosechamos. Necesitamos comprar vegetales en el mercado, pero ahora todo cuesta casi el doble. No tenemos suficiente para comer.” 

La inseguridad alimentaria no es la única preocupación de quienes viven en esta región árida e inhóspita. Una preocupación aún mayor para muchas personas es la falta de agua.  

“Tenemos dos pozos en mi pueblo, pero no es suficiente para todas las personas y animales. Tengo que bombear por cinco o seis minutos para obtener agua,” dice Khadidja Mahamat, de 25 años. “El sabor del agua es malo, se la damos principalmente a los animales. Para tener agua potable, voy en burro a otro pueblo. Lo que me toma una hora y media en cada sentido.”  

La mala calidad del agua causa diarrea y otros problemas de salud, aumentando el riesgo de desnutrición en niños y niñas.  

Además de tratar a los niños y niñas en los centros de alimentación terapéutica en siete distritos de salud de la provincia y apoyar el tratamiento de niños y niñas con desnutrición grave en el hospital de Massakory, los equipos de MSF también visitan pueblos remotos en el área para enseñar a las madres cómo prevenir y detectar la desnutrición en infantes. Las y los promotores de salud muestran a las madres cómo usar los MUAC, unas bandas de papel codificadas por colores que se envuelven alrededor del brazo del niño o niña e indica si está saludable, leve o severamente desnutrido.  

Cuando los equipos de MSF llegan, encuentran principalmente mujeres, niños, niñas y hombres mayores. Muchos hombres jóvenes se han ido a buscar trabajo a otras partes de Chad o en países vecinos como Camerún, Níger y Libia. Otros han llevado su ganado al sur del país, buscando mejores pastos. La mayoría de los hombres regresan para el próximo periodo de siembra. Esta migración temporal es un mecanismo de sobrevivencia que no es nuevo, pero Osman Abakar, de 50 años, dice que este año, los hombres jóvenes se fueron antes de lo usual debido a la mala cosecha.

“Nos da miedo el futuro”, dice. “Todo lo que podemos hacer es esperar a las siguientes lluvias. Si la lluvia nos abandona en otro momento, no sabemos qué hacer.” 

MSF recibió la alerta relativamente tarde, después de la fase más aguda de desnutrición en Hadjer Lamis, y aunque el equipo ha tratado ambulatoriamente a más de 1,600 niños y niñas en centros de alimentación terapéutica en las primeras 15 semanas, el equipo también se está preparando para el año.  

Existe cierto temor de que lo peor está por venir, que la brecha de hambre comience antes de lo habitual y que podría ser más prolongada y grave,” dice el líder del equipo médico de MSF, Ibrahim Barrie. “Es una crisis continua, ya no es solo una brecha de hambre. Al mismo tiempo, ha disminuido el financiamiento para la seguridad alimentaria y nutricional en Chad. Necesitamos una mejor respuesta de ayuda para prevenir que los niños y niñas mueran de desnutrición.” 

La región Sahel es considerada una de las más vulnerables en el mundo al cambio climático, con temperaturas crecientes, precipitaciones irregulares y una creciente desertificación. En los últimos diez años, las zonas saharianas y sahelianas de Chad se han extendido 150 km al sur, lo que ha resultado en una reducción de zonas agrícolas y de pastos.