08.01.2021

Charles, Tobeka, Din, Nanita y Janey. Cuatro de estas personas han luchado por sus vidas. Una de ellas la perdió. Todo porque las farmacéuticas anteponen sus beneficios comerciales a las vidas de las personas.

Esto es lo que sucede cuando las empresas se apoderan de patentes y otros monopolios sobre medicamentos y los explotan para ganar dinero. Las patentes rodean el medicamento como una pared, sin permitir que nadie más lo fabrique de una forma más asequible. Y, sin competencia de otros productores para desafiarlos, las empresas abusan de su control sobre el monopolio aumentando los precios cada vez más.

Los altos precios de los medicamentos, apoyados por los monopolios, son la razón por la que cuatro de las personas de nuestras cinco historias lucharon por obtener el tratamiento que necesitaban con urgencia y que les salvó la vida. Si bien ‘nuestra’ bebé Janey está viva y segura, muchos otros no han podido contar con la misma protección.

Por esto mismo, los gobiernos deben comprender que las patentes pueden tener un impacto terrible en la vida de las personas y no deberían decidir quién vive y quién muere. Es por ello que deben respaldar ahora la propuesta planteada en la OMC para suspender temporalmente las patentes y los monopolios sobre nuevos medicamentos y otras tecnologías desarrolladas para superar la COVID-19 durante la pandemia.

Es la única forma para garantizar un acceso justo al tratamiento y a la inmunización contra la COVID-19 para todas las personas, en todos los lugares, estén donde estén.

 

Charles, Kenya

Charles Sako fue diagnosticado con VIH en 2003. Pensó que era una sentencia de muerte. El tratamiento para las personas que viven con el VIH estaba fuera de su alcance durante los primeros días de la pandemia en los países en desarrollo, sobre todo porque los medicamentos antirretrovirales fueron patentados y vendidos a precios muy altos por las farmacéuticas. Indignado por esta injusticia, surgió un movimiento global para desafiar el dominio de las patentes sobre los medicamentos que salvan vidas y así abrir el camino para que estén disponibles versiones más asequibles. Charles fue parte de esa lucha y hoy es el orgulloso padre de cinco niñas y esposo de Noel.

Un dato sobre el monopolio: las farmacéuticas fijaron un precio de 10,000 dólares por paciente por año para el tratamiento antirretroviral temprano, un precio muy superior al poder adquisitivo de la mayoría de las personas que viven con el VIH en los países en desarrollo.

Actualmente, 26 millones de personas están vivas gracias al trabajo realizado por activistas de la salud para contrarrestar el daño causado por las patentes injustas, ya sea fomentando la producción de medicamentos genéricos en lugares donde las patentes no estaban vigentes o impugnándolas en los tribunales. El precio del tratamiento bajó drásticamente y hoy se sitúa por debajo de los 70 dólares por persona al año.

 

Tobeka, Sudáfrica

Tobeka Daki fue diagnosticada con cáncer de mama HER2 en 2013. Necesitaba un medicamento contra el cáncer fabricado por Roche, el trastuzumab, pero era demasiado caro y las patentes del medicamento bloqueaban la producción de alternativas asequibles en Sudáfrica, donde vivía. Tobeka puso en marcha una larga y dura campaña contra la farmacéutica con el fin de lograr que personas como ella tuvieran acceso a versiones más asequibles del fármaco. Tobeka falleció en 2016 debido al cáncer que le diagnosticaron.

Un dato sobre el monopolio: Como resultado de la protesta pública por la muerte de Tobeka y debido a que muchas otras mujeres no podían pagar el tratamiento que necesitaban, el gobierno de Sudáfrica tomó medidas para que el fármaco estuviera disponible en el sector público.

En 2019, un nuevo fármaco de la competencia llegó al mercado a un precio muy reducido. Además, hay otros en proceso. Esto no habría sucedido sin la incansable campaña de los y las activistas de la salud para derribar las barreras de las patentes.

 

Din, Cambodia

 

 

Din Savorn fue diagnosticado con hepatitis C en 1999. Cuando se desarrolló un nuevo y revolucionario tratamiento, Din tomó la angustiosa decisión de no vender su casa. Renunció a conseguir el dinero para comprar la nueva medicina porque no quería dejar a su familia sin hogar. En cambio, esperó y esperó porque el medicamento no estaba disponible en el sector público.

Din finalmente fue tratado con los nuevos medicamentos de forma gratuita con el apoyo de MSF. Otras personas en Camboya que vivían con hepatitis C tuvieron que esperar mucho más.

Un dato sobre el monopolio: la corporación estadounidense Gilead sacó por primera vez el nuevo tratamiento para la hepatitis C al mercado a un precio de 1,000 dólares por una sola pastilla en Estados Unidos. Y aunque el precio era más bajo en otros países, seguía siendo demasiado caro para muchas personas que vivieron con el virus hasta que los medicamentos genéricos estuvieron disponibles.

Las barreras generadas por las patentes persisten en muchos países, donde los precios siguen siendo un desafío para que los enfermos accedan a los medicamentos que necesitan, a pesar de que la competencia entre las empresas farmacéuticas ha hecho bajar los precios.

 

Janey

Janey está protegida de algunas de las enfermedades respiratorias que matan a los bebés porque ha sido inmunizada con una vacuna contra la neumonía. Pero millones de otros bebés en todo el mundo están desprotegidos porque la vacuna contra la neumonía está patentada y las corporaciones que los fabrican se niegan a bajar el precio.

Un dato sobre el monopolio: activistas han impugnado una patente de Pfizer sobre esta vacuna en los tribunales, hasta ahora sin éxito. Como resultado, muchos gobiernos continúan sin poder proteger a sus niños y niñas contra la neumonía porque no pueden pagar los altos precios que cobra Pfizer. En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que garantizaba la calidad de una tercera vacuna conjugada contra el neumococo (PCV). Se trata de una nueva versión más asequible, pero se necesitan muchas más para marcar la diferencia y salvar más vidas.

 

Nandita

Nandita Venkatesan perdió la audición como efecto secundario de un anticuado medicamento para la tuberculosis que se vio obligada a tomar porque el fármaco más nuevo y eficaz, la bedaquilina, era demasiado caro.

La farmacéutica que posee la patente del medicamento, Johnson & Johnson, rechazó bajar el precio. La experiencia de Nandita la ha llevado a emprender la lucha en la India y en todo el mundo para garantizar que otras personas que viven con tuberculosis no tengan que afrontar la elección a la que ella se vio sometida: "sorda o muerta".

Un dato sobre el monopolio: la farmacéutica J&J ostenta la patente de bedaquilina y la está utilizando para bloquear la producción de versiones genéricas más asequibles del medicamento hasta que se agote la patente, es decir, hasta 2027 en India.

Este medicamento queda fuera de 1 de cada 9 personas que viven con tuberculosis y la causa, en gran parte, reside en los altos precios y en las patentes que bloquean la fabricación de alternativas más asequibles.