08.07.2016
Lucas Molfino es médico especialista en medicina interna y trabaja con Médicos Sin Fronteras (MSF) desde 2006.
 
Su primera misión fue en el norte de Uganda, en la frontera con Sudán del Sur, y desde entonces ha trabajado junto a la organización en diferentes contextos: en post-conflicto en Liberia, en emergencias nutricionales en Etiopía y desde el año 2008 se trabaja en temáticas relacionadas con VIH/sida y Tuberculosis (TB). Ha realizado misiones en Zambia, Camboya y desde 2011 trabaja en Mozambique, donde comenzó como coordinador médico y desde 2014 se desempeña como jefe de misión.
 

¿Qué diferencia tiene el trabajo en puestos de coordinación con el trabajo más de terreno que venías haciendo antes?

 
Básicamente, en los primeros años estaba en la primera línea. Trabajaba en los centros de salud, en contacto con el paciente, hacía consultas, etcétera. Sin embargo, el trabajo de un médico en MSF no siempre son consultas: también al final del mes hay que hacer estadísticas, hacer la causística, coordinar con los equipos del Ministerio de Salud del país donde uno trabaja, con los distintos miembros del equipo de MSF, la logística, la administración, y otras cosas.
 
Los primeros años fui médico de terreno o líder de los equipos médicos y estaba mucho más en contacto con el paciente y el día a día del proyecto. Después ya con la experiencia y el tiempo fui pasando a puestos de coordinación, donde uno incorpora otros aspectos al día a día cotidiano. Ya como coordinador general actúo como responsable de la ONG en el país donde estamos, que en este caso es Mozambique, y trabajo más con los coordinadores de terreno, diseñando nuestros planes de acción para el año, asegurándonos que esos planes de acción se implementen de acuerdo a lo pautado o coordinando con las distintas ONG y los actores del Ministerio de Salud con el que trabajamos. Es un trabajo un poco más programático en lugar del día a día cotidiano, un enfoque más de salud pública.
 

¿Qué hace MSF en Mozambique?

 
Nuestro ADN como organización médico-humanitaria son las operaciones relacionadas con las emergencias. Los últimos 15 años en Mozambique nos focalizamos en VIH/sida y tuberculosis (TB) porque consideramos que son los problemas más importantes de salud pública que tiene Mozambique y que nosotros desde Médicos Sin Fronteras, por lo tanto, consideramos como una emergencia.
 

¿Hace cuánto tiempo está MSF en Mozambique?

 
La organización tiene una larga historia en Mozambique. Ya llevamos casi 30 años de presencia continua. La primera intervención de MSF en Mozambique fue en 1984 y a partir de ahí la organización ha tenido una presencia continua en ese país. Como organización médica fuimos pasando por distintas etapas: en un primer momento MSF se enfocó más que nada en dar cuidados médicos a los afectados por la gran guerra civil que sufrió Mozambique durante diez años.
 
Una vez que se firmaron los acuerdos de paz, la organización viró un poco al tema de reconstrucción del sistema de salud, con continuas intervenciones de emergencia tanto en grandes inundaciones que sufrió el país, o en brotes de meningitis y de cólera. A partir de los años 2000 la organización viró hacia todo el tema de VIH/sida y TB donde en conjunto con el Ministerio de Salud incorporamos el Voluntary Counselling Testing, incorporamos los tratamientos antirretrovirales y diseñamos con el ministerio los primeros programas de VIH/sida, los primeros protocolos de tratamiento para iniciar tratamiento antirretroviral a las personas por VIH/sida, descentralizar esos cuidados y consolidarlos.
 
Eso es lo que estamos haciendo y actualmente nos estamos enfocando en áreas un poco más específicas donde consideramos que la organización tiene un valor agregado como es el VIH/sida pediátrico, las coinfecciones VIH/sida con infecciones oportunistas como la TB, las hepatitis virales, la TB resistente y estamos también orientados a los grupos de riesgo como usuarios de drogas endovenosas, trabajadoras del sexo y hombres que tienen sexo con hombres.
 

Todavía te quedan dos años de trabajo por delante en Mozambique. ¿Cuáles son los principales desafíos de la misión?

 
Creo que los principales desafíos que va a tener la misión es consolidar nuestras actividades con respecto a la TB resistente, que es una problemática que está creciendo. Hoy tenemos además de TB resistente, también TB extremadamente resistente (XDRTB), por lo que hay que consolidar esas actividades, traer los nuevos medicamentos de tuberculosis resistente y al mismo tiempo nos gustaría avanzar en el tema de las coinfecciones de VIH/sida y hepatitis virales, garantizar el acceso a tratamiento a los infectados por hepatitis C, los nuevos antivirales para tratamiento de hepatitis C, avanzar con el tema de las hepatitis B, la consolidación de la introducción de los análisis de carga viral para medir VIH/sida en sangre y el tema de falencias terapéuticas. 
 

¿Cómo avanzó el tratamiento de VIH/sida en los últimos años?

 
Hay nuevos desafíos en el VIH/sida hoy en día, hay nuevas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), nuevas guías de tratamiento donde las recomendaciones son el diagnóstico y si el paciente es positivo ofrecerle tratamiento inmediatamente.
 
Estos son todos nuevos avances que va a costar implementar, porque requieren de una preparación previa tanto de los equipos de salud, de los centros de salud y de la cadena de abastecimiento de medicamentos. Ya que la demanda va a ser mucho más grande, el costo también va a ser mucho más grande.
 
Para dar este paso gigantesco que es muy innovador, revolucionario y que va a tener muchísimos beneficios hay que hacer las cosas paulatinamente y poco a poco porque requiere de una preparación muy grande y no se puede improvisar en esto. Estos son desafíos que vamos a ir acompañando si el gobierno de Mozambique en algún momento se decide a implementar esta nueva política. En este momento, nuestras operaciones están focalizadas un poco en los desafíos que mencioné anteriormente, pero todo apunta a que los nuevos desafíos en el VIH/sida son diagnosticar y tratar.
 
 
Son las recomendaciones que ya están implementadas en los países más desarrollados con el objetivo de 90-90-90 que quiere decir que el 90% de la gente infectada por VIH/sida sepa que es VIH/sida positivo, que de esos el 90% estén en tratamiento antirretroviral y que el 90% de esos tenga su carga viral indetectable en sangre.
 
Ese es uno de los desafíos lanzados por las Naciones Unidas, por el UNAIDS, que está en línea con lo que nosotros pensamos: garantizar diagnóstico, tratamiento e indetectabilidad a todos los que están infectados por el VIH/sida.
 

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