18.05.2020
El problema puede afectar a los más de 700 mil desplazados internos que tiene el país, población que no tiene acceso a servicios de salud y cuyos niños no han sido vacunados.
 
Cuando se confirmaron los primeros casos de pandemia del COVID-19 en la República Centroafricana en marzo, el país ya se encontraba en medio de una gran emergencia humanitaria y de salud. A principios de este año, se declaró una epidemia de sarampión en todo el país, el mayor brote en casi dos décadas. Médicos Sin Fronteras (MSF) está tratando y vacunando a los niños a gran escala en varias áreas del país.
 
Ndongue es un pueblo aislado en el oeste de la República Centroafricana, cerca de la frontera con Camerún. Decenas de padres y niños pequeños se están alineando en un puesto de vacunación que MSF ha establecido debajo de un gran árbol de mango en el centro de la aldea. El equipo está aquí para administrar la vacuna contra el sarampión y la neumonía (PCV13).
 
Algunos de los niños que esperan su turno tienen máscaras y tiras de corteza de mango y hoja, un remedio tradicional para el sarampión y otras dolencias. Para la mayoría de las personas que viven en esta área remota, la medicina tradicional es la única opción si se enferman.

¨Nadie aquí puede pagar un hospital, así que tratamos de curarnos usando la medicina tradicional. Como último recurso, vamos a los curanderos tradicionales y les pagamos con un pollo si no tenemos dinero”, explicó Véronique, una agricultora local que vino a vacunar a la más pequeña de sus seis hijas, Sarah André, de tres meses.

"Esta es la primera vez que escuchamos sobre una vacuna", remarcó.

 

Después de muchos años de violencia e inseguridad, la República Centroafricana se encuentra en un estado de emergencia de salud crónica. Muchos de los cinco millones de habitantes del país, más de 700 mil de ellos desplazados internos debido a la inseguridad no tienen acceso a servicios de salud y muchos niños no han sido vacunados.

En estas condiciones, una enfermedad prevenible, pero altamente contagiosa como el sarampión, puede propagarse rápidamente. En enero, el Ministerio de Salud declaró una epidemia nacional de sarampión.

En apoyo de las autoridades de salud, MSF lanzó una campaña de vacunación masiva para vacunar a más de 340 mil niños contra el sarampión en siete zonas de salud en todo el país.

"Los desafíos logísticos y los costos de establecer una campaña de vacunación a gran escala en partes tan remotas y aisladas del país son enormes", remarcó Ester Gutiérrez, jefa de misión de MSF en la República Centroafricana.

"A muchas de estas áreas solo se puede llegar en avión. Nuestros equipos móviles a menudo pasan varios días en el campo para llegar a las aldeas más remotas. La inseguridad es otro problema. En el área entre Bria y Ouadda en el centro del país, por ejemplo, los enfrentamientos nos impidieron llevar a cabo nuestras actividades médicas y de vacunación planificadas", señaló.

 

Mantener las vacunas frías en áreas sin electricidad confiable es un gran desafío. Zacharie Musangu es un personal veterano de MSF que comenzó a trabajar con la organización en su natal República Democrática del Congo en 2004. En la base temporal de MSF en la pequeña ciudad de Baboua, cerca de la frontera con Camerún, el experto en logística se levanta cada día a las 3 de la mañana para preparar vacunas para los ocho equipos móviles que los llevan en automóvil o en moto a las aldeas remotas del distrito.

“La parte más importante es mantener la misma temperatura cuando las vacunas se toman de los congeladores en nuestra base, lo que llamamos la cadena de frío activa, a la cadena de frío pasiva en cajas más frías que nuestros equipos móviles llevan a los sitios de vacunación. Es un procedimiento muy delicado”, detalló Zacharie, a quien todos llaman 'Papa Zac'.

Paralelamente a la campaña de vacunación, los equipos de MSF también tratan a niños que ya están enfermos de sarampión. Desde principios de 2020, más de 6 mil 200 casos sospechosos de sarampión han sido notificados y tratados por MSF en la región de Ouham y los distritos de salud de Nangha Boguila y Bossangoa en el norte del país.

Yvonne Zongagofo llevó a su hijastro Maxime a un puesto de salud que MSF apoya en el pueblo de Benzambe, a varias horas en automóvil de la ciudad de Bossangoa. Maxime ha estado enfermo por tres días. Tiene fiebre y no quiere comer.

"He insistido con mi familia en llevar a Maxime al puesto de salud. Sabía que era sarampión", dijo. "No hemos tenido a nadie enfermo por esta enfermedad durante años, pero reconocí los síntomas porque recuerdo la última epidemia, cuando era una niña. En aquel entonces, la medicina tradicional era el único remedio, y no había ONG, médicos u hospitales en esta región. Hoy en día la situación ha mejorado ligeramente, tenemos un poco más de acceso a la atención médica, pero no es suficiente. Los niños siguen muriendo en mi comunidad”.

Después de la consulta en el puesto de salud, Maxime es llevado al hospital apoyado por MSF en Bossangoa, donde se ha establecido una sala especial de sarampión.

 

Los niños cuyo sistema inmunológico está debilitado por el sarampión a menudo desarrollan una variedad de otros problemas de salud, incluidas infecciones respiratorias graves, como neumonía o diarrea. Otra complicación frecuente es la desnutrición. Muchos niños con sarampión desarrollan úlceras dolorosas que pueden evitar que coman adecuadamente. Los niños enfermos no tienen muchas reservas y se desnutrirán rápidamente. Los equipos de MSF tratan esas comorbilidades, así como enfermedades independientes como el sarampión o la malaria, que siguen siendo los principales asesinos de niños en la República Centroafricana.

Soulaimani Bouldi, de 30 años, es un comerciante del pueblo de Besson, donde un equipo móvil de MSF llevó a cabo una campaña de vacunación unos días antes. Soulaimani había traído a su hijo Hammadou, de dos años, para que lo vacunaran, pero nuestro equipo médico diagnosticó desnutrición en el niño, que previamente había estado enfermo de sarampión, y lo remitió al hospital Baboua, donde MSF está apoyando temporalmente a la sala de pediatría, con hasta tres carpas para tratar casos de sarampión con complicaciones.

"Nuestra vida ha sido increíblemente dura los últimos años", relató Soulaimani. "Hace cinco años tuvimos que huir a Camerún debido a los ataques de grupos armados. Cuando regresamos, nuestra casa fue destruida y nuestros animales fueron robados. No tenemos dinero para pagar los medicamentos para nuestros hijos", comentó.

Lamentablemente, para algunos niños y sus familias, la ayuda llega demasiado tarde. Una mujer llamada Zari Odette lleva a su bebé al hospital de Baoua, pero el niño está muerto al llegar. Recientemente había estado enfermo de sarampión y probablemente murió de complicaciones respiratorias.

Solo en 2018, el sarampión se cobró la vida de más de 140 mil personas en todo el mundo, la mayoría de ellos niños pequeños, y se espera que las cifras para el último y este año sean mucho más altas, con grandes brotes devastadores en varios países.

"Los niños no deberían morir de una enfermedad prevenible como el sarampión", enfatizó Adelaide Ouabo, coordinadora médica de MSF. "A diferencia del COVID-19, hemos tenido una vacuna contra el sarampión durante décadas y debemos asegurarnos de que la mayor cantidad posible de niños tenga acceso a ella", agregó.

 

El primer caso de COVID-19 se confirmó en la República Centroafricana en marzo, y MSF apoya la respuesta de las autoridades sanitarias a la pandemia.

"Al mismo tiempo, nuestra prioridad sigue siendo continuar nuestros proyectos médicos que salvan vidas en muchas áreas del país", enfatizó Ouabo. “Debemos asegurarnos de que las medidas de contención de COVID-19 no pongan en peligro la batalla contra los asesinos silenciosos como el sarampión, la malaria, la neumonía o la desnutrición. Sabemos por experiencia que la reducción del acceso a los servicios médicos en tiempos de emergencia conduce a más crisis de salud”, explicó.

Médicos Sin Fronteras está preocupada de que un acceso reducido a las vacunas pueda crear brechas de inmunidad peligrosas que conducirán a un aumento de las enfermedades prevenibles por vacunación en los próximos meses.