29.07.2019
Entre cinco mil y seis mil personas refugiadas y migrantes están retenidas arbitrariamente en los centros de detención de Libia que, teóricamente, están bajo la autoridad del Ministerio del Interior con sede en Trípoli.
 
En los últimos meses, su situación se ha vuelto aún más peligrosa a causa del recrudecimiento del conflicto interno. Sin embargo, a pesar de los reiterados llamamientos para su protección y evacuación inmediata, refugiados y migrantes siguen expuestos a un altísimo riesgo. Mientras esto sucede, más personas están siendo devueltas por la Guardia Costera libia apoyada por la Unión Europea al mismo ciclo de violencia y detención que viven en el país.
 
En otras zonas más alejadas de los combates, cientos de personas permanecen encerradas por tiempo indefinido en condiciones dañinas, expuestas a abusos y muertes, y llevadas a la desesperación.
 
Al sur de Trípoli, en las montañas de Nafusa, personas que necesitan protección internacional y que están registradas ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) como solicitantes de asilo o refugiadas llevan meses o años confinadas sin casi asistencia alguna.
 
Entre septiembre de 2018 y mayo de 2019, al menos 22 personas murieron mientras permanecían detenidas en los centros de Zintan y Gharyan. La mayoría habría fallecido por tuberculosis. Entre las víctimas mortales había hombres jóvenes, mujeres y un niño de ocho años.
 
En el centro de detención de Zintan, 700 personas han permanecido encerradas en condiciones de hacinamiento en un almacén agrícola.
 
 
Las condiciones de saneamiento en el almacén agrícola eran terribles. Las personas detenidas contaban solo con cuatro inodoros que apenas funcionaban, tenían que orinar en cubos, no había duchas y apenas tenían acceso a un agua que, además, no era potable.
 
Es probable que un virulento brote de tuberculosis haya estado activo en el centro de detención durante meses.
 
Las personas detenidas en Zintan huyen, en su mayoría, de la persecución y la violencia de Eritrea y Somalia. Algunas llevan confinadas ahí desde marzo de 2017. La mayoría llegó al sitio procedente de otros centros de detención de Trípoli, en septiembre de 2018, tras el estallido de los combates en la capital. Las llegadas más recientes se produjeron en mayo tras ser arrestadas en un puesto de control.
 
El almacén principal quedó vacío en junio y las personas refugiadas y migrantes que quedaban fueron distribuidas entre el resto de edificios que conforman el recinto de detención. Algunos duermen ahora en salas de 15 metros cuadrados que acogen a un máximo de 20 personas.
 
A principios de año, 50 detenidos que se encontraban en peor estado de salud fueron trasladados desde Zintan al centro de detención de Gharyan. Este recinto quedó emplazado en una zona muy militarizada cuando el Ejército Nacional Libio tomó el control de la misma durante su ofensiva sobre Trípoli en abril.
 
La situación llegó a tal punto que los detenidos en el centro recibieron una cadena y un candado para cerrar ellos mismos las celdas y protegerse así de las incursiones de individuos armados en ausencia de guardias.
 
 
El 26 de junio, 29 personas seguían en el centro de detención de Gharyan cuando las fuerzas del Gobierno del Acuerdo Nacional Libio recobraron la ciudad tras intensos combates que incluyeron ataques aéreos. Los detenidos temían por sus vidas y no tenían a dónde ir en medio de la batalla.
 
Finalmente, una semana después, fueron reubicados en Trípoli: ocho de las personas migrantes fueron derivadas por Médicos Sin Fronteras (MSF) para recibir tratamiento en el hospital y 21 fueron referidas un programa de refugios de una ONG.
 
Un detenido muestra las cicatrices y heridas que le infringieron durante su cautiverio en manos de traficantes de personas. La mayoría ha pasado por experiencias terribles en Libia, incluido el secuestro por parte de traficantes que los sometieron a violaciones y torturas. Muchos padecen secuelas físicas y psicológicas.
 
Misa de domingo para los refugiados cristianos de Eritrea en el centro de detención de Zintan DC. En lugar de recibir una salida y la protección a la que tienen derecho, estas personas están condenadas a un ciclo indefinido de violencia y detención.
 
 
El nivel de trauma y desesperación, agravado por la detención indefinida, es tan profundo y doloroso que se han reportado varios intentos de suicidio. Es habitual que los detenidos tengan que controlar y contener a compañeros de celda con problemas diversos de salud mental para evitar que se autolesionen o agredan a otros.
 
Desde finales de mayo, MSF brinda consultas médicas y organiza derivaciones al hospital desde en el centro de detención de Zintan. Durante la primera semana de julio, los equipos derivaron cuatro pacientes al hospital y realizaron más de 120 consultas. En total, la organización médico humanitaria ha derivado a 17 pacientes desde el centro de detención de Zintan y 11 desde el de Gharyan para recibir tratamiento hospitalario.
 
MSF lamenta las enormes limitaciones que enfrentan sus equipos médicos para aliviar el sufrimiento de los pacientes dado que, una vez atendidos, permanecen en las mismas circunstancias de detención prolongada y sus necesidades de protección internacional no obtienen respuesta.
 
Pan y pasta son los principales alimentos que se proporcionan a las personas detenidas, lo que hace que, durante un tiempo prolongado, su dieta sea muy pobre, lo que resulta especialmente grave para las personas con necesidades médicas. Además, la tuberculosis puede llevar a la desnutrición y, a su vez, esta aumenta el riesgo de tuberculosis.
 
 
 
Los equipos de MSF han realizado varias distribuciones de alimentos para mejorar la dieta de las personas detenidas, proporcionando atún, sardinas, dátiles y zumos de frutas. También han entregado leche infantil en polvo y artículos de higiene.
 
El pasado 3 de junio, ACNUR trasladó a 96 personas desde el centro de detención de Zintan a un centro administrado por la propia agencia de Naciones Unidas para los refugiados en Trípoli, donde esperan la evacuación del país. En la actualidad, 585 personas permanecen en el centro de detención de Zintan.
 
Deben aumentarse con urgencia las evacuaciones y los reasentamientos de refugiados y solicitantes de asilo desde Libia. Para muchas personas atrapadas en centros de detención, se trata de una cuestión de vida o muerte.