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"Queda mucho por hacer y mejorar. Tantas preguntas sin respuesta. Ahora, durante nuestras distribuciones, además de Plumpy’Nut, un alimento auxiliar rico en calorías, distribuimos jabón y bidones".

BENJAMIN LE DUDALENFERMERO
14.07.2021
El enfermero Benjamin Le Dudal escribe desde el final de su misión con Médicos Sin Fronteras para atender la crisis nutricional en el sur de Madagascar.
 
"El camino hacia Mahaly fue más difícil de lo que esperaba. Un convoy de 15 personas cargadas de Plumpy’Nut, tiendas de campaña y equipaje no se mueve por los caminos malgaches con la misma facilidad que una camioneta ligera. 
 

Mahaly

Llegamos a un pueblecito apartado. Unos cuantos niños pateaban un balón desinflado mientras un grupo de adolescentes veían cómo bajábamos de nuestros vehículos identificados con el logo Médicos Sin Fronteras (MSF).
 
Mahaly alguna vez fue una de las ciudades más ricas del sur del país. En los últimos años, ha perdido gran parte de su población debido a la sequía y a los robos de ganado. Ahora es una de las zonas más pobres y desatendidas del distrito. Tras algunas dudas, acampamos en los terrenos de la escuela, cerrada por la COVID-19. Se trata de uno de los pocos lugares de la ciudad en los que encontramos terrenos relativamente poco afectados por el problema de la defecación al aire libre. 
 

Pasando el relevo 

Por la mañana, partimos hacia Behareno, una aldea que habíamos identificado la semana anterior como lugar prioritario debido a su distancia del dispensario de Mahaly y a la prevalencia de casos de desnutrición. 
 
Mientras viajaba por la carretera llena de baches, observamos el amanecer sobre la sabana rodeada de montañas y me di cuenta de que éste era mi último viaje a una clínica móvil. Intento observar estos paisajes a través de los ojos de Sinan, un enfermero recién llegado que los ve por primera vez. Durante la semana, mi tarea consistirá en darle la información necesaria para que pueda asumir mi papel sobre el terreno. Me siento dividido entre un verdadero alivio al pasar el relevo y un sentimiento de partida cuando nuestra tarea aún está incompleta. 
 
 
 

Preguntas

Queda mucho por hacer y mejorar. Tantas preguntas sin respuesta. Ahora, durante nuestras distribuciones, además de Plumpy’Nut, un alimento auxiliar rico en calorías, distribuimos jabones y bidones. Pronto se proporcionará arroz, aceite y legumbres para evitar que los niños y niñas recaigan en la desnutrición por falta de alimentos en sus hogares. 
 
¿Tiene sentido distribuir albendazol (un medicamento que elimina los parásitos) a los niños y niñas de las aldeas en las que, por falta de una bomba de agua, se volverán a infestar en una semana al beber agua del río? ¿Cuáles son las alternativas? ¿Hay alguna otra agencia que pueda proporcionar agua potable aquí, mientras nuestros equipos se centran en brindar atención médica? 
 
¿Será fácil desprenderse de un país en el que la hambruna es una amenaza constante y en el que, en muchas comunidades, las personas sólo sobreviven por las distribuciones de alimentos? 
 
¿Debemos introducir el cultivo de cereales que consumen menos agua que el arroz y el maíz, a pesar del riesgo de vernos envueltos en una interferencia ecológica? ¿O es mejor optar por una política agrícola eficiente, con la construcción de canales de riego y la distribución de semillas? ¿Será suficiente? ¿O los pueblos seguirán vaciándose poco a poco y el Gran Sur se convertirá en un desierto, víctima de los primeros efectos claramente perceptibles del cambio climático?
 
Todas estas circunstancias quedan fuera de las áreas de trabajo de MSF, pero tras haber trabajado en la crisis nutricional aquí, es difícil no pensar en soluciones a largo plazo. 
 

Behareno

En Behareno, encuentro a las personas que nos acogieron durante nuestra aventura. Están encantadas de que volvamos en gran número para brindar atención médica a los niños y niñas que la necesitan. La mujer del cocinero insiste en que pruebe el plato de yuca que ha preparado. 
 
El equipo de la segunda clínica móvil ahora está bien establecido y es impresionantemente eficiente. Montamos pérgolas y redes de sombra en menos de una hora. Sedra le enseña a Sinan los trucos del oficio, desde el cálculo de la puntuación Z de nuestros datos, hasta las complejidades del registro donde registramos información clave. Por mi parte, aprovecho el momento de tranquilidad para hacer algunas fotos y anotar mis impresiones en mi cuaderno.
 

Una noche con el equipo

Al regreso, compré dos pollos para organizar una comida deliciosa con el equipo. Es mi última noche con ellos y, por lo tanto, es un momento especial para mí. Cae la tarde en el monte. La luna llena se alza sobre las colinas, iluminando el entorno como en una escena de película filmada en una noche estadounidense.
 
Mientras Charles enciende una fogata, Naina acerca el Nissan Patrol, donde comienza a sonar música malgache a todo volumen. Todo el mundo está reunido, conductores, el equipo de enfermería, logistas y asistentes de nutrición. Aprovecho la ocasión para brindar por mis colegas y por el trabajo realizado juntos.
 
 
 
 
Algunos de mis colegas son de todo el mundo y otros son de Madagascar. Juntos hemos explorado la región a bordo de vehículos 4x4, en motocicletas o a pie, cruzamos un río en balsa, dormimos en tiendas de campaña, cocinamos alrededor de una hoguera y ayudamos en múltiples reuniones mientras trabajábamos para hacer frente a la crisis nutricional de este lugar. 
 

Una buena razón para levantarse 

También recuerdo las sonrisas de las personas que he conocido, su generosidad y la fuerte impresión que me ha causado su valor y tenacidad. Durante estos tres meses, rara vez me he quedado en la cama después de las 6 de la mañana, pero levantarme tan temprano, (casi) nunca fue difícil porque cada día teníamos una razón para levantarnos. 
 
Hubo muchos desafíos. Por supuesto, no todo salió como estaba previsto. Durante mucho tiempo nos quedamos sin medicamentos y equipos, aún no somos capaces de tratar todas las patologías que encontramos en el terreno. A pesar de la frustración generada, también fue una oportunidad de aprender muchísimo. Me sumergí en los principios de la intervención nutricional de emergencia y pude poner en práctica mis conocimientos de medicina tropical. 
 
Tuve que entender y aceptar las responsabilidades de mi rol como enfermero y supervisor, que es muy diferente a mi trabajo en Francia, para aprender sobre la marcha a supervisar un equipo, al mismo tiempo que participaba en la organización y la logística de nuestras actividades. 
 

Algún día

¿Haré otra misión con Médicos Sin Fronteras? Algún día, sin duda. 
 
Por el momento, mis pensamientos están en Francia y en estos proyectos de ayer y de hoy que espero realizar: escribir, viajar en pareja y formar una familia.