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16.07.2021

En las provincias sudafricanas de Gauteng y KwaZulu-Natal (KZN), los disturbios sociales, incluyendo los saqueos generalizados, han provocado la interrupción de servicios médicos esenciales, el acceso a alimentos y a otros bienes básicos. Hasta la fecha, se ha reportado que 72 personas han muerto a causa de la violencia, y cientas más sufrieron lesiones, como laceraciones, heridas de bala y quemaduras. 

¿Cómo comenzó todo? 

Lo que comenzó como protestas contra el encarcelamiento del ex presidente Jacob Zuma durante el fin de semana del 9 al 11 de julio, rápidamente se convirtió en una escala sin precedentes de incendios provocados y saqueos de camiones, tiendas y centros comerciales, así como a 90 farmacias y algunos centros de salud. Las estampidas han dejado muchas personas muertas, mientras que otras más han fallecido en el caos y la violencia resultante. 

La prolongada desigualdad, los altos niveles de pobreza, una tasa de desempleo mayor al 30 por ciento y las devastadoras consecuencias económicas de cierres sucesivos a causa de la COVID-19 desde marzo de 2020 han dejado a millones de residentes de Sudáfrica desesperados y enojados. La estela de la devastación causada por los disturbios y los saqueos ya está afectando el acceso a los alimentos, ya que los grandes almacenes de suministros en la ciudad portuaria de Durban, KZN, ahora están vacíos. Debido a la violencia, se interrumpió la distribución regular de combustible y una refinería petroquímica que produce el 35% del suministro de combustible del país ha suspendido sus operaciones. 

La combinación de estos factores supone un grave retroceso en la cadena de suministro, especialmente para las 11 millones de personas que viven en KZN, de las cuales casi 1,7 millones dependen de los medicamentos antirretrovirales (ARV) para controlar su VIH. En los principales centros de KZN y Gauteng, se han cerrado los puntos de recolección de medicamentos para enfermedades crónicas basados en la comunidad, lo que ha causado mucha angustia a los pacientes mientras las autoridades sanitarias buscan soluciones alternativas. 

Mientras la policía y las Fuerzas de Defensa Nacional de Sudáfrica se despliegan para recuperar el control y las operaciones continúan, existe una creciente preocupación por la inseguridad alimentaria y un aumento inevitable en los casos de COVID-19. Antes de los disturbios, varias ciudades importantes de Sudáfrica estaban firmemente afectadas por una tercera ola de contagios por COVID-19 desde finales de junio. 

 

 

Atención sanitaria interrumpida 

A lo largo de la semana del 12 al 16 de julio, los disturbios han impedido la prestación de atención médica esencial al impedir que los pacientes, el personal médico y los suministros esenciales lleguen hasta las instalaciones. Se han producido interrupciones en todos los distritos de KZN, donde el personal no puede trabajar debido a los paros del transporte público, los cierres de carreteras y la suspensión de los servicios de ambulancia privados. Algunos hospitales de Gauteng y sus servicios de urgencia, ya saturados por un aumento de casos de COVID-19, se encuentran abrumados debido a la escasez de personal y una gran afluencia de casos de trauma relacionados con la violencia, lo que obliga al personal médico a elegir quién recibe tratamiento y quién no. También se han cerrado varios sitios de vacunación contra la COVID-19. 

Además del impacto en las instalaciones del departamento de salud, los servicios médicos y las operaciones de apoyo de MSF también han sufrido interrupciones directas: 

En Empangeni, KZN, un equipo de MSF que apoya la respuesta regional a la COVID-19 del Hospital Ngwelezane, así como el personal médico del departamento de salud, se vieron obligados a permanecer fuera como resultado del saqueo y los disturbios en la zona, lo que obstaculizó la respuesta general a la COVID-19. Nos preocupa que las personas con casos graves de COVID-19 se queden en casa, y también nos preocupa el inevitable aumento de pacientes que podría experimentar el hospital una vez que se alivien las tensiones y se reanude el transporte. 

En Eshowe, KZN, donde MSF tiene proyectos de tratamiento de VIH y tuberculosis desde 2011, nuestro equipo se vio obligado a suspender todas las actividades médicas y comunitarias. Los servicios clínicos para estas enfermedades actualmente son inaccesibles para muchas personas, y quienes padecen diabetes e hipertensión, que tienen un elevado riesgo de sufrir COVID-19 severo, no pueden acceder a sus medicamentos. Nuestra organización asociada, SHINE, sufrió daños y saqueos en sus oficinas y nuestro equipo logró ocultar dos de nuestros vehículos de transporte médico de los saqueos que ocurrían en la misma calle de la oficina de MSF. Uno de nuestros médicos se vio atrapado en el tumulto de los saqueos y fue afectado por el gas lacrimógeno. 

En Tshwane, la amenaza de los disturbios llevó a nuestro equipo médico a cerrar temporalmente la clínica y el centro de atención apoyado por MSF en el centro de la ciudad, que atiende a personas vulnerables como migrantes indocumentados, solicitantes de asilo y refugiados que viven en el área metropolitana de Tshwane. Se trata de personas que, en la mayoría de los casos, no pueden acceder a servicios sociales o sanitarios adecuados, y más aún durante la violencia y los disturbios. 

El trabajo ha continuado con normalidad en Gqeberha, en Cabo Oriental, donde otro equipo médico de MSF brinda apoyo a la sala de tratamiento de COVID-19 en el Hospital Terciario de Livingstone. Sin embargo, las protestas podrían impedir que este equipo acceda al hospital, haciendo que la sala de tratamiento de COVID-19 no funcione, afectando directamente la atención a las y los pacientes. 

La respuesta de MSF 

A pesar de las interrupciones, los equipos de MSF en KZN y Gauteng han evaluado las necesidades de algunos centros de salud que se encuentran desbordados y saturados en áreas críticas. Estos equipos móviles buscan formas de ofrecer apoyo práctico a medida que vaya aumentando la afluencia de pacientes en los próximos días.  

Hay dos equipos médicos formados por personal de enfermería de MSF y un médico, que trabajan junto con el personal de salud del equipo base en los departamentos de urgencias de la Clínica Alexandra en Johannesburgo y del Hospital Thelle Mogoerane en Vosloorus. El domingo, el único médico de la sala de emergencias y el limitado personal de enfermería se vieron desbordados con 25 pacientes con heridas de bala mientras seguía llegando un flujo de pacientes con COVID-19 gravemente enfermos. Los equipos de MSF también están estudiando la mejor forma de apoyar el trabajo de restablecimiento del suministro de medicamentos crónicos a los pacientes en algunas zonas de las dos provincias afectadas. 

Salvaguar la atención médica 

Numerosos informes y la experiencia de los equipos de MSF indican que los violentos disturbios se caracterizan por un flagrante desprecio por la inviolabilidad de las instalaciones sanitarias y el personal médico. 

Por lo tanto, Médicos Sin Fronteras llama a los líderes comunitarios, líderes políticos, al grupo de seguridad del gobierno de Sudáfrica y a la Presidencia de Sudáfrica a tomar medidas inmediatas para salvaguardar el derecho a la atención médica y la seguridad de los pacientes, el personal sanitario, la infraestructura médica y los suministros con el fin de evitar una drástica escalada de la actual crisis sanitaria impulsada por la COVID-19. 

"Es crucial que se garantice con urgencia que las instalaciones y los suministros médicos no sean el objetivo durante los disturbios sociales y la violencia, más aún durante el apogeo de la actual ola de contagios por COVID-19", afirma Philip Aruna, jefe del equipo de MSF en el sur de África. 

Si no se respetan y protegen los servicios médicos y al personal sanitario habrá consecuencias desastrosas, especialmente para las personas más vulnerables de la sociedad durante la crisis sanitaria en curso: pacientes con COVID-19, con traumatismos, con enfermedades crónicas, personas adultas mayores, madres embarazadas, bebés, migrantes y solicitantes de asilo. La violencia debe terminar”, concluye Aruna.