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05.11.2020

El décimo brote de Ébola en la República Democrática del Congo, que afectó a la parte oriental del país entre 2018 y principios de 2020, se convirtió en el más grande en la historia del país. El undécimo brote, que está actualmente en curso en la provincia de Équateur, en el oeste del país, es muy diferente a su predecesor: avanza a un ritmo lento, creando pequeños grupos de contagio en zonas aisladas y una tasa de mortalidad general más baja.

 

¿Cómo ha evolucionado la respuesta médica? ¿Cómo podemos aprovechar la experiencia de los brotes anteriores?

Guyguy Manangama dirige las actividades del Ébola de Médicos Sin Fronteras (MSF),y  describe en esta entrevista la situación tras su visita a la provincia de Équateur.

 

¿Cuál es la situación actual de la epidemia de Ébola en la provincia de Équateur?

El undécimo brote de Ébola en la República Democrática del Congo (RDC) fue declarado el 1° de junio de 2020. Desde entonces, 130 personas enfermaron y 55 han muerto a causa de la enfermedad. Los primeros casos se registraron en la ciudad de Mbandaka, centro administrativo de Équateur, antes de que comenzaran a aparecer pequeños grupos de contagio en los distritos más periféricos. Desde entonces, el brote ha avanzado a ritmo lento. Aunque la situación parece estar bajo control, la experiencia demuestra que todavía pueden aparecer nuevos grupos de contagio.

Al mismo tiempo, estamos observando niveles significativamente más bajos de carga viral y mortalidad, en comparación con el décimo brote de Ébola que afectó al este del país entre 2018 y 2020. La mortalidad sigue siendo elevada, con un 43% en la actualidad, pero es inferior al 67% que vimos durante el brote en las provincias de Kivu del Norte e Ituri.

Una posible explicación es que existe algún tipo de inmunidad natural entre los habitantes de la provincia de Équateur, ya que esta región ha experimentado antes brotes de Ébola, el más reciente en 2018. Los depósitos del virus están tradicionalmente presentes allí. Es posible entonces que algunas personas hayan experimentado una exposición de bajo nivel al virus antes y puedan ser inmunes de alguna manera.

Esta es sólo una hipótesis basada en observaciones: se necesita un análisis más profundo para entenderla. Además, hoy en día nos estamos beneficiando de los progresos científicos realizados en los últimos años, incluyendo nuestra capacidad para utilizar una vacuna, y los tratamientos curativos que han demostrado ser eficaces en los ensayos clínicos realizados durante el anterior brote en Kivu del Norte.

 

¿Cuáles son las principales diferencias entre el décimo y el undécimo brote? ¿Cómo afectan las actividades de Médicos Sin Fronteras?

La anterior epidemia fue excepcional en muchos aspectos, entre ellos el hecho de que se produjo en una zona que nunca antes había visto la enfermedad y que era una zona de conflicto. El brote que se está produciendo actualmente es bastante diferente. No vemos grandes grupos de contagio urbanos, sino casos esporádicos que no parecen propagarse de manera lineal; al carecer de carreteras importantes que atraviesen largas distancias, por ejemplo, las comunidades se desplazan a lo largo de los serpenteantes canales de la zona a medida que van de una pequeña aldea a otra. Como resultado, los pacientes se encuentran dispersos en una vasta área que incluye 12 de los 17 distritos sanitarios de la provincia.

 

 

¿Qué pasa con las nuevas herramientas desarrolladas durante el último brote en la parte oriental del país, a saber, la primera vacuna contra el Ébola y los nuevos tratamientos que se proporcionaron en el marco de un protocolo de atención compasiva o como parte de ensayos clínicos? ¿Qué papel desempeñan en la respuesta al brote actual?

La vacuna se usó en los primeros momentos del brote actual y puede haber desempeñado un papel importante en la reducción de la propagación del virus. La estrategia se basa en vacunar a quienes tuvieron contacto directo o indirecto con personas enfermas, pero en las zonas rurales y poco pobladas suele ser más conveniente y eficaz vacunar a toda la comunidad. Esto daría lugar a un mayor nivel de protección. Después de algunas demoras, los nuevos tratamientos también se han puesto en marcha en los centros de tratamiento.

Hoy, estos instrumentos permiten un cambio radical de enfoque; si bien la limitación de la circulación del virus del Ébola sigue siendo un objetivo muy importante en la respuesta, los esfuerzos se centran ahora cada vez más en la atención y la recuperación del paciente.

Anteriormente, no podíamos hacer más que aislar a los enfermos y proporcionarles tratamientos para sus síntomas, como para la fiebre o la deshidratación, por ejemplo. Ahora que disponemos de tratamientos curativos, los y las pacientes y la calidad de la atención que les brindamos pueden ocupar un lugar central.

Se han producido más avances en cuanto a la profilaxis posterior a la exposición; esto incluye la administración de anticuerpos monoclonales a las personas con una alta probabilidad de desarrollar la enfermedad, después de haber tenido una exposición de alto riesgo al virus (por ejemplo, a través del contacto con la sangre de un paciente), siempre que se realice dentro de las 72 horas posteriores a la exposición.

 

 

Uno de los principales desafíos en Kivu del Norte e Ituri fue la reacción de las personas ante la llegada de los equipos de respuesta. ¿Cómo es la relación con la comunidad de la provincia de Équateur?

En el noreste de la República Democrática del Congo, trabajamos en un contexto inestable, marcado por un conflicto muy violento que generó tensiones políticas durante largos períodos de tiempo. En Équateur, el ambiente es mucho más tranquilo.

La buena relación entre el personal sanitario y la población local también puede atribuirse al nuevo enfoque adoptado por la respuesta, que se basa en el empoderamiento de las microestructuras descentralizadas para la atención del Ébola en los centros sanitarios locales, cerca de los pacientes y las comunidades, confiando en los trabajadores sanitarios locales y limitando el uso de grandes instalaciones centralizadas y personal extranjero. En resumen, apoyamos la red de atención médica local para identificar, aislar y tratar a los pacientes con Ébola, minimizando la necesidad de un sistema paralelo.

Promovimos este enfoque en 2019, mientras abordábamos el brote anterior en el este. Ahora ha sido adoptado por todas las partes involucradas en la respuesta médica, incluyendo al Ministerio de Salud, y tiene muchas ventajas. Los grandes centros de tratamiento no son apreciados por las comunidades ni fácilmente aceptados por los pacientes y sus familias; están herméticamente cerrados, son impenetrables... provocan miedo. La incomprensión y la hostilidad que generaron los centros en 2018 y 2019 produjeron reacciones duras, en ocasiones muy violentas.

Al tener la opción de recibir tratamiento más cerca de sus hogares, en instalaciones conocidas y accesibles para sus familias, los y las pacientes están mucho más dispuestos a presentarse en caso de tener síntomas. Si están contagiados de Ébola, la admisión oportuna a los cuidados también aumenta sus posibilidades de recuperación. Al enviar nuestros equipos móviles, también hemos tenido en cuenta las necesidades de salud más amplias de las personas además del Ébola; esto también ha contribuido en gran medida a la buena aceptación de nuestros equipos por parte de las comunidades.

Este virus mortal por fin está empezando a parecer una enfermedad muy grave pero tratable, e incluso prevenible hasta cierto punto mediante la vacunación, en lugar de una amenaza biológica.