26.05.2016
El reloj estaba a punto de marcar las siete de la tarde cuando la tierra comenzó a agitarse el 16 de abril pasado en Ecuador. El sismo de magnitud 7.8 que sorprendió al país y que provocó graves pérdidas humanas y materiales fue unos de los peores que debió atravesar Ecuador en las últimas décadas: según cifras oficiales, murieron más de 660 personas y más de 28700 se encuentran viviendo en albergues, luego de que sus casas fuesen destruidas de forma parcial o completa. 
 
Desde ese día, las réplicas continúan sacudiendo al país. Sólo el 18 de mayo se registraron dos nuevos sismos de 6.7 y 6.8 en la escala de Richter, con epicentros entre los cantones de Quinindé, Muisne y Pedernales. Las autoridades locales señalaron que ambas réplicas fueron las más fuertes desde el terremoto, afectando hasta el momento algunas edificaciones y dejando a ciertas poblaciones sin energía eléctrica.  
 
Cuatro equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) se desplazaron a Ecuador luego del primer terremoto y trabajaron durante el último mes en las zonas más damnificadas de las provincias de Manabí y Esmeraldas, centrando sus esfuerzos en brindar apoyo en salud mental, realizando actividades psicosociales y distribuyendo kits de medicamentos, refugio, artículos de cocina y de higiene.
 
 

Salud mental, en emergencia

 
Los equipos de MSF que trabajaron en las provincias de Esmeraldas y Manabí proporcionaron asistencia en salud mental, realizaron actividades psicosociales y brindaron capacitaciones para trabajadores de la salud, psicólogos, profesores, trabajadores sociales y líderes comunitarios. En total, el personal de MSF desplegado en estas regiones proveyó atención psicológica y capacitaciones a 4950 personas.
 
Muchos de estos profesionales de la salud se han visto particularmente afectados a raíz del terremoto, ya que al igual que sus pacientes, ellos también han sufrido pérdidas familiares y materiales, teniendo que manejar la carga emocional de sus pacientes, la de sus seres queridos y la propia. En este sentido, el personal de MSF facilitó capacitación en técnicas de consejería y desarrollo de programas psicosociales dentro de los servicios de salud y formó a más de 60 profesores para que pudiesen desarrollar sus propias capacitaciones y llevar ayuda a los miembros de su comunidad.
 
“Es muy valioso el aporte que MSF nos ha entregado”, dijo Mariel García, 40 años, responsable en salud mental de la zona de Manabí y Santo Domingo. “Los profesionales de la salud están afectados por el cansancio y muchos sufren trastornos de ansiedad. Para nosotros el terremoto fue devastador. Tenemos que estar preparados para saber qué hacer, dónde recurrir, cuál es la estrategia de aquí en adelante para que nuestra situación mental también esté bien; realizar técnicas y trabajos de superación para que el duelo sea elaborado y no se transforme en un trastorno”, añadió.
 
Los equipos también brindaron capacitaciones en actividades de grupo a maestros de escuelas primarias, para ayudar a los niños y a las familias a hacer frente a las consecuencias del terremoto. Además, realizaron consejerías grupales en refugios temporales.
 

Distribución de kits para las familias afectadas

 
Durante las cuatro semanas de intervención, los equipos de MSF distribuyeron kits de refugio, medicamentos, cocina e higiene, entre la población afectada.
 
En Jama, cantón ubicado a orillas del mar en la provincia de Manabí, MSF distribuyó 500 kits de refugio, cocina e higiene para dar apoyo a 500 familias. Los kits incluían tiendas, colchones, mosquiteros, mantas y artículos de cocina. En total, más de 2000 personas han resultado beneficiadas en esta zona. 
 
“El día del terremoto mi casa se destruyó, no quedó nada, y con mi hija y mis nietos tuvimos que salir a buscar un refugio donde poder quedarnos”, cuenta Analcibar Ceballos, 50 años, de la ciudad de Jama, ubicada a orillas del mar en la provincia de Manabí. “Ahora, al contar con una tienda propia, podemos tener un poco más de privacidad con nuestras familias y ampararnos del sol y de la lluvia. Mi piel ya estaba toda chamuscada porque andábamos buscando palitos para poder armar una carpa y protegernos del sol”.
 
El personal de MSF desplegado en la zona realizó también 120 consultas médicas y distribuyó kits de medicamentos y material médico para apoyar la atención sanitaria en el Centro de Estabilización de Pacientes y al Centro de Salud de Pedernales, en el hospital de Cojimíes, al norte de Pedernales, y en el hospital de Jama.
Además, otro de los equipos de MSF distribuyeron entre la población afectada 180 kits de higiene, alrededor de 200 kits de cocina, más de 60 tiendas, colchones, mantas, lonas de plástico y 10 tanques de agua con 5000 litros de capacidad.
 
 

Kits de pesca para los trabajadores afectados

 
En las provincias de Manabí y Esmeraldas, el personal de MSF distribuyó también kits de pesca para los trabajadores afectados. La pesca ha resultado uno de los sectores más perjudicados como consecuencia del sismo y muchos pescadores debieron buscar refugio en zonas seguras. 
 
“Tras el terremoto, se cayó mi casa y ahora vivo en un albergue con mis 4 hijos y mi mujer”, explicó Ángel Delgado Domínguez, 31 años, pescador. “Vivo de la pesca artesanal, pero en este momento estoy desempleado porque no hay a quién vendérsela. Estoy inhabilitado, esperando que dentro de pocas semanas ya se normalice el trabajo”.