17.09.2020

"Recibimos garantías sobre el futuro, escuchamos que la crisis terminará y podremos volver a casa. Pero en realidad, ni siquiera pensamos en volver a casa; sabemos que tenemos que aprovechar al máximo aquí...espero que las personas escuchen mi voz" - dice John Alenda, de Old Market, en el estado de Benue.

Adamawa, Benue, Kaduna, Plateau, Nasarawa y Taraba, los estados del "cinturón medio" de Nigeria, albergan el mayor número de desplazados internos del país, fuera de la región noreste. La mayoría de estas personas han sido desarraigadas por el llamado conflicto de los "agricultores-pastores". Alrededor de 160,000 personas desplazadas están dispersas por el estado de Benue, según las estimaciones para 2019. Aquí, las comunidades desplazadas, en su mayoría agricultores, viven en uno de los ocho campos oficiales, o en campos o asentamientos informales (mercados o escuelas) o residen con familias de la "comunidad de acogida" (es decir, con personas que ya estaban asentadas en la zona). Las estimaciones oficiales aún no incluyen a las miles de personas que han sido desplazadas en 2020. Además, hay más de 58,400 refugiados cameruneses que viven en Nigeria, la mayoría en estados del cinturón medio; y más de 8,000 en Benue.

El conflicto entre agricultores y pastores

De múltiples capas y complejo, el conflicto entre agricultores y pastores está impulsado primordialmente en la competencia por los recursos, particularmente los alimentos y el agua. Los pastores migratorios están siendo empujados cada vez más al sur en busca de tierras para que su ganado paste. Algunas de las causas subyacentes incluyen la degradación ambiental y los impactos del cambio climático, como la desertificación, que reduce las tierras fértiles disponibles. Además, la constante violencia e inseguridad en las zonas de pastoreo tradicionales del norte están obligando a muchos pastores a huir. Sin embargo, las tierras donde se asientan los pastores son reclamadas por los agricultores. En 2018, un repentino y violento ascenso de los enfrentamientos anteriormente estacionales entre pastores y agricultores, obligó a unas 300,000 personas a abandonar sus hogares y mató a otras 1,300.

 

 

MSF trabaja en Benue desde 2018, especialmente con comunidades agrícolas desplazadas. Queda mucho por hacer para entender lo que está ocurriendo en otros estados del cinturón medio. Particularmente, sobre las comunidades de pastores a menudo olvidadas y el impacto que la violencia (incluyendo la de los guardias de ganado y los grupos de vigilantes) tiene en sus vidas.

En Benue, proporcionamos varios servicios de salud de atención primaria, como el tratamiento del paludismo y de casos de violencia sexual y basada en género, promoción de la salud (incluyendo temas relacionados con la COVID-19), y servicios de alojamiento, agua y saneamiento, construcción y mantenimiento de letrinas y pozos de sondeo, y la distribución de jabón. En las zonas de nuestro proyecto en Mbawa y Abagana (dos de los campos oficiales para desplazados internos), y en el entorno informal del Antiguo Mercado, hemos visto cómo el número de personas desplazadas en 2020 casi se ha duplicado, pasando de 6,619 en enero a 11,735 en julio.

La crisis no ha ido a ninguna parte, pero sí la atención mundial y la respuesta humanitaria. Un pequeño fondo creado por la ONU en 2018 (4 millones de dólares para los estados de Benue y Nasarawa) se agotó hace mucho tiempo. La mayoría de las agencias ya se habían ido en 2019. La COVID-19 impactó aún más en los pocos que quedaron, muchos suspendieron sus actividades por las limitaciones de viajes y de personal, o desviaron los recursos limitados para prepararse en la respuesta a la pandemia. Algunas organizaciones regresaron desde entonces, con un aumento en la distribución de alimentos y mejoras en el agua y saneamiento. Este es un acontecimiento positivo, pero no es suficiente. Las necesidades siguen superando a la respuesta. Los informes de junio de 2020 muestran que el presupuesto del Ministerio de Salud de Nigeria podría reducirse en un 43%, lo que es otro motivo de grave preocupación.

La exposición a los elementos y al paludismo

En Benue, la mayoría de las personas desplazadas llegan con pocas o ninguna posesión, y hay poco esperándolos. Durante una evaluación en el campo de desplazados de Naka, Agbobo Philomena, una habitante en el lugar, dijo a MSF:

"Después de que mataran a mi marido, tomé a mis cinco hijos y vine aquí... llegué tal como me ven ahora, sin posesiones. Los pastores quemaron mi casa y todo lo que tenía. No tengo colchoneta para dormir, ni jabón para lavarme. Conseguir agua limpia también es un gran desafío. Sólo tengo un mosquitero y lo uso para proteger a mi hijo menor".

Otro residente de Naka, Orchi Godwin, nos contó lo siguiente: "Dormimos fuera, en el pórtico (de un viejo edificio escolar) aquí y ni siquiera tenemos mosquiteros. Las mujeres duermen en el interior para tener su propio espacio. Hay más personas que llegan y algunas de ellas no tienen donde dormir.”

 

 

En el campo para desplazados de Mbawa, nuestros equipos han visto a dos o tres familias compartiendo un solo refugio. En Old Market, varias familias se apiñan bajo los árboles o los puestos del mercado en desuso, mientras intentan refugiarse desesperadamente.

El hacinamiento, la mala gestión de los desechos y los problemas de drenaje hacen que muchas fuentes de agua sean sucias e inseguras. Las enfermedades prosperan en estas condiciones. El paludismo es una preocupación, ya que los mosquitos se reproducen en charcos de agua estancada. Nuestros equipos han visto un aumento exponencial de pacientes con malaria en los últimos meses, de 119 en mayo a 666 en junio y 1,269 en julio, la mayoría niños menores de cinco años. Su exposición a los elementos también aumenta el riesgo de enfermedades de la piel e infecciones respiratorias.

No hay posibilidad de plantar o cosechar

Muchas granjas que alguna vez fueron exitosas ahora han sido destruidas. Incluso donde la tierra todavía es utilizable, muchas personas reportan estar demasiado asustadas para volver a plantar o cosechar. "He estado aquí mucho tiempo. Solíamos ir y venir, volviendo de casa a la granja y luego volviendo aquí por seguridad, hemos estado haciendo eso desde 2015. Pero a partir del año pasado, se volvió mucho más peligroso volver a casa", continúa Orchi.

Hoy en día, muchos de los que solían producir cultivos en una zona conocida como la "cesta de alimentos" de Nigeria ya no pueden permitirse comprar alimentos para sí mismos. A medida que el suministro de alimentos disminuye, los precios aumentan. "Ahora cuando vas al mercado por una bolsa de maíz cuesta 15,000 nairas. Antes costaba sólo 5,000 nairas. Solía ser un agricultor de maíz y ahora es difícil incluso comprarlo" dice Edward Nyam, un antiguo agricultor del campo de Mbawa.

Desde 2019, la distribución de alimentos ha sido menos regular, disminuyendo aún más con la COVID-19. Recientemente ha habido mejoras, pero la distribución todavía tiende a llegar sólo a los campamentos oficiales. Según John Alenda en Old Market, "Tenemos dos grandes desafíos: comida y refugio. Antes de la pandemia, había más distribuciones de alimentos. Hay 5,000 personas viviendo en este lugar. Pero como no es un campo de desplazamiento oficial, es más difícil conseguir suministros”.

Las personas recurren a medidas desesperadas. "Aquí no hay comida. Cuando estaba bien, mi madre iba al mercado y recogía los granos que caían al suelo, luego usaba un tamiz para separar los granos de la tierra" dice Orchi, no es la única persona que comparte esta experiencia.

 

 

El regreso no está a la vista

A pesar de los desafíos, ninguna de las personas con las que hablamos cree que puede volver a casa, no a corto plazo. "Cuando pienso en volver a casa, me recuerdo a mí mismo que un perro vivo es mejor que un león muerto. Ha habido otros que intentaron volver a sus pueblos y fueron asesinados. No tenemos esperanza por ahora, pero tal vez algún día", dice Ugber Emmanuel en el campamento de Mbawa.

Mucha gente habla de los retos para adaptarse a sus nuevas vidas. "Ya no tienes las comodidades del hogar. No sólo compartes con la familia, compartes con todos y nada es nuestro" dice Oussange, una anciana del campamento de Mbawa. A menudo la gente nos habla de sus temores para el futuro, "Incluso si volviéramos a casa sin violencia, tendríamos que empezar de nuevo. No hay comida ni refugio que nos espere en casa. Espero que la gente escuche mi voz y entienda que necesitamos ayuda", concluye Agbobo.

Esta crisis humanitaria ya no puede ser ignorada. Como MSF, pretendemos hacer más, para llegar a las comunidades afectadas en todos los lados de esta crisis; llegar más allá de Benue, más allá del cinturón medio.

No podemos hacerlo solos. Como mínimo, se deben introducir medidas básicas de agua, saneamiento, refugio, asistencia sanitaria y protección. Para lograrlo se requiere de la participación y el compromiso, tanto financiero como físico, de los gobiernos estatales y federales de Nigeria, los organismos humanitarios y las Naciones Unidas.