País: Nigeria
Nacionalidad: Británica

Pippa LetchworthAsesora obstetra y ginecóloga
05.09.2018

Pippa es una asesora obstetra y ginecóloga originaria del Reino Unido. Actualmente está en una misión junto a Médicos Sin Fronteras en Jahun, en la parte norte del estado nigeriano de Jigawa, trabajando en un proyecto de maternidad dentro de un área donde hay un alto número de mujeres y niños que mueren durante el parto.

 

Hay ocasiones, después de un parto complicado, en que no puedes exhalar silenciosamente de alivio. Algo muy común dentro de este ambiente. En Jigawa, la decisión de operar es compleja.

 

Hablamos acerca de las mujeres en términos del historial de su embarazo: número de embarazos que ha tenido, cuántos partos y cuántos niños sobrevivieron. Es común ver mujeres que han tenido 10 embarazos, ocho partos y cuatro niños sobrevivientes o “12, 10, 6” o “6, 6, 2”.

 

La mayoría de las mujeres están embarazadas o amamantando durante toda su vida fértil, y casi todas tienen a hijos que murieron. Sabemos que al menos el 20 por ciento de los recién nacidos no llegan a su quinto cumpleaños (UNICEF).

 

Tomando decisiones difíciles

 

En Jigawa, sólo alrededor del 10 porciento de las mujeres darán a luz en una instalación de salud. Por lo tanto, realizar una cesárea es un gran reto.

 

La operación puede dejar a las mujeres con un útero vulnerable, con riesgo de una ruptura uterina que potencialmente podría causar que se enfermen rápidamente e incluso mueran; mientras que en mi hogar, en Reino Unido, no importa lo que hagas, rara vez te encuentras a más de una hora de un lugar donde puedas tener una cesárea; en regiones como Jigawa, el acceso a esta cirugía vital a menudo está a horas o días de distancia

 

Todos estos problemas juntos hacen que mi decisión de practicar una cesárea se difícil y sobre todo para el beneficio materno: salvar la vida de la madre y no necesariamente al bebé.

 

 

 

La mortalidad maternal obviamente es un tema devastador, pero los efectos que tiene en las familias y en la comunidad, e incluso nacionalmente, son alarmantes. Hay estudios que muestran que en estas áreas los hijos de madres que fallecieron son 15 veces más propensos a morir que aquellos niños cuyas madres sobrevivieron.

 

Así que sí, es difícil decidir realizar una operación.

 

Si continúas, quieres que todo salga perfecto, pero a menudo eso no pasa. Y cuando no pasa, tu alma busca y reflexiona todos los pasos de tu procedimiento y se pregunta si podrías haber hecho algo para cambiar el resultado.

“Podía ver una cantidad significativa de sangre en su útero”

Amina llegó con una abrupción, es decir, la placenta se había desprendido del vientre antes de que el bebé naciera. En el ultrasonido pude ver una cantidad significativa de sangre en su útero. Pero ella se encontraba estable, no había sangrado y el bebé seguía con vida. Amina había tenido dos bebés antes, así que debería dar a luz rápidamente. Traté de apresurar el parto con medicina.

 

Después de un par de horas, su labor de parto no estaba progresando rápidamente. No se encontraba tan mal, pero su conteo sanguíneo disminuyó significativamente, sugiriendo que había un sangrado.

 

Así que tomé la decisión de realizar el parto por cesárea, y lo hicimos.

 

 

La operación fue rutinaria y durante la cirugía encontramos al menos un litro de sangre en el útero, mismo que fue removido. Amina estaba bien. Ya no había ningún sangrado; ella ya no se encontraba en peligro; la cirugía técnicamente fue fácil.

 

Los latidos del bebé eran normales antes del parto, pero había visto el turbio y ominoso meconio (la primera evacuación intestinal de un recién nacido) antes de ingresar al quirófano. Es una señal de que el bebé está en peligro, por lo que al momento del parto estuvimos atentos para analizar el meconio y preparar todo en caso de que tuviéramos que hacer una resucitación.

 

Resucitación

Y aquí estoy, conteniendo la respiración de nuevo, pero esta vez no hay una exhalación silenciosa. La habitación hace lo mismo, como pasa en cualquier parte del mundo cuando las situaciones médicas se vuelven complicadas. Hay silencio, los ruidos ambientales y los pitidos de las máquinas se vuelven más prominentes a medida que las personas se concentran en su tarea actual ... resucitar al recién nacido.

 

¿Debería haberlo hecho antes? ¿Hubieran sido diferentes las cosas?

 

Aún no hay llanto, han pasado cinco minutos. Estoy operando a mi paciente, pero pregunto al equipo qué está pasando con el bebé. ¿Cómo está su ritmo cardiaco? El ritmo cardíaco es bajo, han pasado 10 minutos... y el bebé está jadeando, ¡es un niño pequeño!

 

Mientras transferimos al niño a la unidad neonatal, sé que es poco probable que salga del hospital. Está débil y respira con dificultad, pues trata de lidiar con la falta de oxígeno causado por la abrupción, el meconio en sus pulmones y la dificultad de la reanimación.

 

Y no hay ruido en la habitación.

 

El pequeño niño de Amina

Amina está encantada de tener un niño, pero aún no sabe qué tan enfermo está. El resto del equipo lo sabe y estamos con un semblante sombrío. El anestesista le explica a Amina que su bebé necesita ayuda. Y me enfrento con la obstetricia de MSF nuevamente. La vida de la madre es primordial, pero el bebé se ve mal. Esto no es lo que quiero y Amina ahora tiene una cicatriz de cesárea en su útero.

 

¿Debería haberlo hecho antes? ¿Las cosas hubieran sido diferentes? ¿El bebé ya estaba en mal estado antes de que llagaran al hospital? ¿No debería haber hecho la cesárea? La historia sería diferente para el bebé y ahora habría diferentes riesgos para Amina, pero no riesgos a largo plazo para futuros embarazos.

 

Estoy en un proceso reflexivo. Doy vueltas alrededor de las decisiones que tomé, preguntándome si podría haber cambiado el resultado, sabiendo que si estuviéramos en Reino Unido el niño haría bien ... entonces tengo que seguir adelante, pues ha llegado el próximo paciente y debo tomar otra decisión.

 

Voy a ver al bebé después. En mi mente, aún se ve decaído.

 

Al día siguiente, estoy en la cocina en la base de MSF. La neonatóloga está almorzando y me dice:

 

“Tu bebé, el de ayer, se ve mucho mejor. Me sorprendió, está mucho mejor.”

 

Así que veremos si el pequeño de Amina podrá ser dado de alta del hospital. Entonces se enfrentará a los desafíos de ser un niño menor de cinco años en este contexto. ¿Será lo suficientemente fuerte para eso?