16.07.2018

Simon, 25 años. Trabajador social de MSF en el campo de refugiados de MSF en Hitsats.

Soy originario del sur de Eritrea, donde era un estudiante universitario.  Sinceramente, no quería convertirme en refugiado, pero después me di cuenta que todas las personas que conocía y tenían un título universitario, no ganaban suficiente dinero para sustentarse ni a ellos, ni a sus familias.

Muchos de ellos fueron obligados a trabajar en el ejército y tenían muy poca capacidad para tomar decisiones sobre sus vidas. Una vez que me percate de esto, sentí que la única manera en que podría ser libre para decidir lo que quisiera, y poder ganarme la vida dignamente, era abandonar el país.

Estoy muy agradecido con mi familia. Mi padre hizo todo lo que pudo para brindarme una buena educación, a pesar de que era costosa. Conozco a muchas familias que no tenían suficiente dinero para llevar a sus hijos a la escuela. Otro obstáculo es que, desde el 12° grado en adelante, te vuelves parte de las fuerzas armadas. Al finalizar el 11° grado, te obligan a realizar un examen muy difícil. Si obtienes un puntaje alto, continuarás tu educación bajo el ejército, de lo contrario solo realizarás entrenamiento militar.

Las asignaturas que estudiarás en la universidad dependen del puntaje de tu examen y de las cuotas establecidas por el gobierno. No hay posibilidad de elegir. Obtuve una buena calificación y entré a la universidad, con especializaciones en enseñanza y química, pero todos los deberes extra y la capacitación hicieron que fuera extremadamente difícil encontrar el tiempo para estudiar adecuadamente. Además, la calificación se basa más en la experiencia militar que en el conocimiento de los temas.

Realmente me hubiera gustado ser enfermero, pero si el gobierno quiere convertirte en maestro, te convertirán en maestro, incluso si inicialmente te asignaron una educación diferente. ¿Cómo puedes vivir en un lugar donde no tienes control sobre tu vida?

Mi primer intento por cruzar la frontera fue la peor experiencia de mi vida. Lo hice de noche, junto a algunos de mis amigos de la universidad. Fue muy difícil moverse en la oscuridad. No teníamos idea de hacia dónde nos dirigíamos. Después, nos encontramos con un grupo de soldados de la patrulla fronteriza que comenzaron a dispararnos. Sucedió hace tres años, pero todavía recuerdo muy claramente el brillo de las balas volando sobre mí. Una chica que intentaba escapar con nosotros se cayó.

No podía dejarla, así que me detuve para ayudarla. Los soldados nos alcanzaron y nos golpearon muy violentamente. A pesar de que estaba gravemente herido me metieron en la cárcel, donde me tuvieron durante dos meses sin asistencia médica antes de enviarme a un entrenamiento militar. Aún no sé qué le pasó a la chica.

Después de algunas semanas de entrenamiento militar decidí huir salir del país nuevamente y lo logré. No tenía idea hacia dónde quería ir. Todo lo que sabía era que quería tener acceso a una buena educación, conseguir un trabajo y poder sustentarme a mí y a mi familia. He estado en este campo durante tres años y no he podido hacer ninguna de estas cosas. Muchos otros eritreos permanecen en Etiopía por un corto tiempo, pero no tengo el dinero para pagar un viaje a otros países. A veces me arrepiento de no intentar desplazarme a otro lugar porque vivir en el campo no es tan fácil. Las raciones de alimentos a las que tenemos derecho no son suficientes. También estamos muy expuestos a enfermedades como la malaria y no hay mucho que podamos hacer al respecto. Es difícil mantener la esperanza en tu vida cuando vives así.

Cuando llegué por primera vez al campo no la estaba pasando bien. Revivía constantemente todas las cosas que experimenté cuando intenté cruzar la frontera por primera vez y mientras estaba en la cárcel, como el tiroteo, la tortura y el abuso. Tenía flashbacks recurrentes y pesadillas, estaba muy estresado y me sentía culpable porque no sabía qué le había pasado a la chica a la que traté de ayudar. Cuando me di cuenta de que MSF estaba brindando servicios de salud mental, fui a buscar ayuda. El asesoramiento realmente me ayudó a recuperar mi vida y me di cuenta de que es algo con lo que podría ayudar a otras personas. Solicité convertirme en un trabajador social y conseguí el trabajo. Ahora, voy de un refugio a otro en el campo para crear conciencia sobre los problemas de salud mental y los servicios que brinda Médicos Sin Fronteras. También organizamos diversas actividades para reunir a las personas, como eventos deportivos, ceremonias de café tradicionales, grupos de teatro y sesiones de dibujo. Todo esto para intentar que las personas busquen ayuda y superen su estigma hacia la salud mental.

Trabajar como trabajador social en el proyecto de salud mental de MSF aquí en el campo de Hitsats es lo único que me ha dado estabilidad y motivación. Tener un propósito me ha ayudado a no pensar demasiado sobre otros desplazamientos y el hecho de extrañar a mi familia, mis amigos y mi hogar. Mucha gente aquí sufre de trauma y problemas de salud mental. Cuando veo que mejoran, debido a la ayuda que proporciono a través de mi trabajo, siento que vale la pena quedarse aquí. Incluso si no pude convertirme en un enfermero como soñaba, aún puedo ayudar a la gente y esto me hace muy feliz.

*El nombre ha sido cambiado para proteger la identidad de la entrevistada. Según lo solicitado, para proteger su anonimato, no hay imágenes disponibles de Simon.

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