07.06.2019
A primera hora de la mañana del jueves, un equipo de MSF en su clínica móvil sale de la ciudad de Wardher en dos Landcruisers para dirigirse a Ton-Habalan, un pueblo remoto a dos horas de distancia en auto, en un camino arenoso de color rojo.
 
Tres equipos en clínicas móviles, formados por un director de actividades de enfermería, un supervisor de alcance comunitario, un asistente de nutrición, una partera, oficiales clínicos, un farmacéutico y conductores, brindan atención médica primaria en 17 lugares remotos de la zona de Doolo, una vasta y árida área, con una población muy dispersa, en la parte oriental de la región somalí en Etiopía, justo en el límite con Somalia.
 
La vegetación a lo largo de la ruta está seca, la escasez de agua es palpable. Son los últimos días de marzo, la época más calurosa y seca del año, cuando las temperaturas suben rápidamente y superan los 40 grados centígrados. De vez en cuando, el convoy a un lado de camellos y cabras. A través de la radio, el conductor del primer auto advierte a los demás que manejen con cuidado para no asustar ni golpear al precioso ganado. "Geel, geel, geel", advierte el conductor a los camellos; usa "adhi, adhi, adhi", para las cabras; y solo una vez dice "gaariga" para un carro que se aproxima.
 

 

La escasez de agua desequilibra la vida

La vida de los pastores en la región somalí de Etiopía se resume en tener que moverse de un lugar a otro, para buscar agua y pastos para alimentar al ganado. Dado que casi no cuentan con ningún acceso a agua potable, cada aspecto de sus vidas depende de la lluvia estacional, que usualmente se espera en abril. Cuando llega, la lluvia se acumula en estanques llamados "berkits", una fuente de agua para las personas y sus animales. Las lluvias también generan pasto para alimentar al ganado, los cuales a cambio proporciona leche y carne, el alimento básico en la región. Los camellos y las cabras son fundamentales para la cultura somalí y una línea de vida para sobrevivir en condiciones climáticas extremas y duras.
 
El convoy de MSF ocasionalmente pasa junto a un niño o adulto con un recipiente de plástico amarillo, en su camino a buscar agua. Un niño detiene los carros y pide agua para beber. Se ve deshidratado y todavía tiene que caminar alrededor de 25 kilómetros para llegar hasta el berkit más cercano, uno que aún no esté seco, para conseguir agua para él y su familia.
 
 
Dos horas más tarde, el equipo establece su clínica móvil bajo la sombra de un ancho árbol en el pueblo de Ton-Habalan. Las hojas del árbol, de un tono gris – verdoso, son una imagen rara en el árido ambiente, proporcionan sombra al equipo y a sus pacientes en el creciente y cada vez más sofocante calor. La clínica móvil semanal es el único servicio de salud en esta área, y brinda atención médica primaria, cuidados prenatales, servicios de maternidad, pruebas de detección de desnutrición infantil y distribuciones mensuales de suplementos alimenticios terapéuticos para las familias de niños con desnutrición.
 
El pueblo es hogar de unas 420 familias, pero hay muchas más familias pastorales que viven dispersas en los matorrales circundantes, mismas que visitan el pueblo con regularidad para intercambiar elementos básicos como azúcar, té, agua, herramientas y artículos de cocina sencillos para animales, leche y carne. Muchas de las conversaciones de esta mañana giran en torno a los berkits que se han secado, la ansiedad por las lluvias, y lo que podría suceder si vuelven a ausentarse.
 

El calor y la falta de agua hacen que las condiciones sean difíciles

 
Muhabba, de treinta y ocho años de edad, caminó durante dos horas con su hijo pequeño para llegar a la clínica. Una semana antes, el niño había estado demasiado enfermo y débil, tenía fiebre y una infección de garganta. La fiebre disminuyó, y gracias a esto pudo hacer la caminata larga para llegar a la clínica.
 
"Las sequías anteriores erradicaron gran parte de nuestro ganado", dice Muhabba, mientras espera la consulta de su hijo. “En el monte, todos fuimos afectados. Sólo unos pocos animales sobrevivieron. Tengo la suerte de poder volver a levantar un poco de mi rebaño. Ahora tengo 18 cabras. Es todo lo que tengo. Necesitamos la lluvia para sobrevivir. Esperamos que Dios nos traiga buenas lluvias este año para que nuestros animales y nosotros sigamos vivos ".
 
Durante la devastadora sequía en la región de Somalia en 2017, el 75 por ciento del ganado se perdió. Desde entonces, pocos rebaños de ganado han recuperado su tamaño anterior.
 
El oficial clínico de MSF, Abdi Abdullahi Abshir, revisa a un niño pequeño con amigdalitis. "Algunos de nuestros pacientes caminan hasta tres horas para llegar a nosotros", dice. “La mayoría de los problemas de salud en estos días están relacionados con el clima cálido y seco, las difíciles condiciones de vida en el monte y el agua escasa y sucia. Hoy, el equipo vio principalmente infecciones respiratorias. También tratamos a muchas mujeres con infecciones del tracto urinario".
 

 

Proporcionando atención médica sumamente necesaria en un área aislada

 
Este resulta ser uno de los días más bulliciosos desde que MSF comenzó a brindar atención médica en Ton-Habalan en 2018. Las comunidades conocen cada vez más los servicios y cada semana llegan más pacientes. El equipo ha visto a 208 pacientes antes de las 2 pm, cuando llega la hora de terminar el día y regresar a la base de MSF en la ciudad de Wardher.
 
En el camino de regreso, el convoy se encuentra con uno de sus antiguos pacientes. "El joven tiene diabetes y depende de la insulina y fue atendido por MSF cuando trabajábamos en el hospital de Wardher el año pasado", explica Maren, directora de actividades de enfermería de MSF. “Ahora lo subimos al auto cada vez que nos encontramos con él durante su camino desde su aldea en Wal-Wal hasta Warhder. Los días restantes de la semana, tiene que caminar 12 kilómetros hasta el hospital para obtener su dosis diaria de insulina, que debe enfriarse en un refrigerador. Para él es imposible mantener la insulina en casa, pues en su pueblo no hay electricidad ".
 
En esta región aislada, incluso en circunstancias normales, es casi imposible obtener atención de emergencia oportuna. El sistema de salud existente no atiende a la comunidad pastoral, que está continuamente en movimiento. Las distancias que deben recorrer para acceder a la atención médica son abrumadoras y pueden poner en peligro sus vidas.
 
Solo unas pocas ambulancias brindan atención a una población de más de 300,000 personas en la Zona de Doolo, y se encuentran dispersas en una vasta área sin carreteras pavimentadas, la mayoría de las veces son descompuestas o utilizadas por otras autoridades por otros fines. Obliga a las personas a encontrar medios de transporte alternativos, que a menudo implican tener que reunir fondos para conseguir gasolina para vehículos privados, que ni siquiera están disponibles en la gran mayoría de los casos, o caminar durante horas a pie. O rara vez, en camellos.
 
 
MSF ofrece servicios móviles flexibles de atención primaria de salud en 17 clínicas móviles, como la del pueblo de Ton-Habalan. Esta configuración móvil permite a los equipos trasladarse de un lugar a otro rápidamente, siguiendo a las comunidades pastorales a lugares donde no existen centros de salud. Desde principios de 2019, el número de pacientes ha aumentado constantemente. Esta es una buena señal, pues nos indica que estamos llegando a los sitios y comunidades correctas.
 
A finales de marzo, los equipos de MSF habían tratado a más de 4,500 pacientes, principalmente por infecciones del tracto respiratorio superior, infecciones de la piel e infecciones del tracto urinario. Adicionalmente, el número de mujeres embarazadas que acuden para recibir atención prenatal se ha duplicado y llegamos a atender más de 400 consultas en marzo. La ambulancia de MSF refirió a un promedio de cinco pacientes de emergencia por quincena al hospital de la ciudad de Wardher. Muchas referencias de emergencia son casos de mujeres embarazadas con complicaciones o con parto obstruido.
 
 
La falta de lluvia durante los últimos años ha causado sequías prolongadas y persistentes. Las familias pastorales se vieron afectadas y comenzaron a viajar largas distancias en busca de agua, alimentos y pastizales. Fuentes inestables y poco confiables de alimentos y agua, condiciones de vida poco higiénicas en lugares reducidos para personas desplazadas cerca de pueblos y ciudades, combinados con la escasa cobertura de los servicios de salud, no solo generan tensiones, sino que también producen brotes de enfermedades, desnutrición y pérdida de vidas y ganado.
 
Si las lluvias vuelven a escasear este año, el frágil equilibrio actual podría convertirse rápidamente en una emergencia y poner en peligro la salud y las vidas de los más vulnerables en la zona de Doolo, que son los pastores nómadas y las comunidades desplazadas.
 
MSF ha trabajado en la región somalí de Etiopía desde la década de 1980, apoyando a varias instalaciones de salud gubernamentales. En la zona de Doolo, MSF había trabajado en el hospital Wardher y en los centros de salud en Danod y Lehel-Yucub desde 2007, hasta que entregó las actividades en estas instalaciones a los actores locales en 2018. Desde entonces, las actividades se centran en la atención de salud primaria a través de clínicas móviles, actividades de alcance comunitario, trabajo de vigilancia y promoción de la salud en un área extensa y en poblaciones remotas.
 
Además, MSF gestiona la respuesta ante posibles emergencias y brotes de enfermedades. La organización también gestiona 17 clínicas móviles y tiene 17 puntos de monitoreo remotos para detectar oportunamente brotes de enfermedades y dar una respuesta oportuna a emergencias.

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