03.06.2016
Una epidemia de fiebre amarilla asola Angola desde diciembre de 2015 y preocupa que la enfermedad pueda extenderse a otros países de África o Asia. Uno de los principales problemas es el número de vacunas disponibles. Michel Van Herp, epidemiólogo de Médicos Sin Fronteras (MSF), nos da más información sobre este tema.
 

¿En qué consiste la fiebre amarilla?

 
Se trata de una enfermedad vírica, considerada hemorrágica, transmitida por el mosquito Aedes. Tras un breve período de incubación, la persona infectada puede desarrollar síntomas leves comunes a la mayoría de los virus (gripe, malaria, etc.), o incluso permanecer asintomática, y es posible que no ocurra nada más, como sucede en aproximadamente el 80% de los casos.
 
Pero puede darse una segunda fase, conocida como amarilla debido a que el hígado se ve afectado. Esta fase también puede llegar a ser hemorrágica si se ven afectados otros órganos. En esta segunda fase, la tasa de mortalidad puede ser alta: alrededor del 25% o 30%.
 

Desde un punto de vista médico, ¿qué herramientas están disponibles para combatir la enfermedad?

 
A finales del siglo XIX y principios del XX, la fiebre amarilla causó estragos en muchos lugares del planeta. La investigación condujo al desarrollo de una vacuna altamente eficaz. Se pusieron en marcha campañas de vacunación sistemáticas y se redujeron considerablemente las epidemias. Pero a finales del siglo XX, la vacunación sistemática de la población dejó de ser una prioridad en algunos países africanos y esto dio lugar a nuevas epidemias, como la que asoló Guinea en el año 2000.
 
En vista de la escasez de vacunas en el mercado, se creó un grupo internacional de coordinación (ICG) para gestionar una reserva estratégica de seis millones de dosis al año, para poder responder a una epidemia. Sin embargo, no existe un tratamiento específico disponible. El tratamiento es sintomático: se ayuda al paciente a superar la enfermedad combatiendo los síntomas. Durante la segunda fase, cuando el virus desaparece y el paciente ya no es contagioso, lo más importante es evitar que el hígado se vuelva necrótico. 
 

¿Por qué es inusual el brote que tuvo lugar en Angola a principios de año?

 
En los últimos tiempos, las epidemias se han desarrollado en zonas boscosas o alrededor de puntos de agua. En cambio en el caso de Angola se desarrolló en la capital, Luanda, que había estado libre del virus durante décadas y donde no había mosquitos portadores. La enfermedad probablemente llegó hasta allí por medio de una persona que la contrajo en el bosque, o que trajo los huevos de los mosquitos portadores del virus.
 
Por lo tanto, comenzó con un número reducido de personas y mosquitos infectados. Sin embargo, la epidemia afectó a un mercado muy frecuentado, visitado por gente de toda la ciudad que luego propagó el virus. En el momento en que se tuvo conocimiento de esto y pudo darse una respuesta, el número de casos en personas había aumentado y, por tanto, el número de mosquitos infectados también. La epidemia se extendió a otras regiones y, a través de los viajeros, se extendió a países como China, Kenia, y en una etapa posterior, a República Democrática del Congo.
 

¿Cuál es el riesgo de propagación de la epidemia fuera de Angola?

 
Es difícil de predecir. Influyen múltiples factores: ¿el viajero está en una fase de contagio de la enfermedad?, ¿hay mosquitos en la zona? En Beijing, por ejemplo, los viajeros infectados llegaron durante el invierno, cuando no había mosquitos. Tercer factor: el propio mosquito que pica a la persona debe enfermar, lo que no ocurre de manera sistemática. Por último, la transmisión a través de los huevos de los mosquitos infectados tampoco sucede sistemáticamente.
 
Antes de que un brote se vuelva explosivo, se desarrolla lentamente, sobre todo porque se trata de un mosquito perezoso que no se desplaza mucho. Por lo tanto, es el desplazamiento de las personas lo que propaga la enfermedad dentro de un país. Se deben tomar medidas durante este aumento gradual de los casos, tal como estamos haciendo ahora en Congo mediante la combinación de campañas de vacunación selectivas y actividades de control de vectores, es decir, contra el mosquito y sus larvas. Cuando se confirma un caso, hay que identificar el distrito del que procede la persona, llevar a cabo la vacunación y enviar equipos para implementar las medidas de control de vectores en un radio de 150 metros.
 

¿Existe el riesgo de brotes masivos en otros países de África o en Asia, que nunca se ha visto afectada por la fiebre amarilla, pero donde el mosquito Aedes está presente? 

 
Es importante tener en cuenta que existe un riesgo. Como medida de precaución, debemos ponernos en el peor de los casos para identificar cualquier punto débil u obstáculo, sobre todo en términos de producción de vacunas. 
 
La vacuna contra la fiebre amarilla es una vacuna que la mayoría de las veces no requiere una producción a gran escala. Por otra parte, es muy difícil de fabricar. En Angola se utilizó la reserva que había de seis millones de dosis. Pero hemos repuesto las existencias con dosis que hemos encontrado todavía en el mercado, a través de donaciones y haciendo uso de vacunas destinadas a programas de vacunación más amplios.
 
Otra vía por explorar es el uso de dosis divididas: un estudio realizado en un tipo de vacuna demuestra que es tan eficaz que si la dosis se divide por cinco, todavía proporcionará inmunidad. Sin embargo, aún no se han llevado a cabo otros estudios, en particular para evaluar la duración de la inmunidad.
 
Una propagación explosiva de la enfermedad solo puede deberse a una negligencia, ya que puede evitarse perfectamente mediante un esfuerzo continuo en materia de vigilancia y capacidad de respuesta allí donde surgen los casos.

 

Más información: Los equipos de MSF ayudan a contener la fiebre amarilla en Angola y RDC