26.11.2020

El 1 de noviembre, uno de los tifones más fuertes de 2020 azotó Filipinas. Goni, o Rolly como se le conoce en Filipinas, causó daños generalizados en toda la región de Bicol, particularmente en las provincias de Catanduanes y Albay, a unos 300 km al sureste de Manila. Justo antes de tocar tierra, Goni fue calificado como un tifón de categoría 5, el nivel más severo.

Tres semanas después, grandes áreas de Albay y Catanduanes siguen sin electricidad, y la cobertura celular y la conexión a Internet siguen siendo poco confiables. A raíz de los daños causados por el tifón Goni, desde MSF enviamos equipos a estas provincias para evaluar la situación.

Sin embargo, ambos equipos se enfrentaron rápidamente a un nuevo desafío, pues el tifón Ulises tocó tierra los días 11 y 12 de noviembre, suspendiendo la evaluación y la respuesta de MSF. “Nuestros equipos tuvieron que detener sus actividades y esperar a que pasara Ulises, que afectó más a las áreas al norte de Manila”, explica Jean-Luc Anglade, jefe de misión de MSF en Filipinas.

El grado de daño a los edificios e infraestructura en la provincia de Albay varía sustancialmente. Las ciudades en las laderas del volcán Mayon, frente al Océano Pacífico y donde el tifón Goni tocó tierra cuando se encontraba más fuerte, se vieron afectadas de inmediato. Las ciudades bajas fueron destruidas posteriormente por el desbordamiento de ríos y violentos deslizamientos de tierra, conocidos localmente como lahares.

 

 

“Primero visitamos la ciudad de Guinobatan, donde los tifones habían causado lahares violentos. Era la primera vez en la memoria viva de los lugareños que las aldeas de San Francisco y Travesia habían sido golpeadas por lahares. Mientras inspeccionábamos el área y caminábamos sobre grandes rocas, nos dijeron que solía haber una casa donde estábamos parados. Fue bastante perturbador”, dice el doctor Rey Anicete, líder del equipo de emergencia de MSF en Albay.

Aunque la destrucción se podía ver en la mayoría de las ciudades de Albay, las evacuaciones preventivas ayudaron a minimizar la pérdida de vidas. La mayoría de las personas que tuvieron que huir pudieron regresar a sus hogares y empezaron a reparar los daños.

Dos centros de evacuación albergan actualmente a 1,037 personas evacuadas que podrían necesitar quedarse más tiempo debido al nivel de destrucción en sus comunidades y hogares. En la ciudad de Guinobatan, las casas y edificios en los pueblos de San Francisco y Travesia quedaron enterrados en el barro y los residentes se vieron obligados a evacuar. La ciudad de Tiwi fue golpeada directamente por el tifón Goni. Todos sus distritos enfrentaron fuertes vientos, lluvias, y marejadas ciclónicas en las zonas costeras. Más de un tercio de todas las casas están destruidas y casi 200 familias aún permanecen en el centro de evacuación de la escuela secundaria nacional de Joroan.

 

 

Los equipos de MSF, en ambos centros de evacuación, han comenzado a distribuir bidones para almacenar agua potable y kits de prevención de COVID-19, que incluyen dos mascarillas lavables, desinfectante para manos y un protector facial por persona. También está prevista la capacitación en prevención y control de infecciones (IPC) relacionada a la COVID-19, junto con donaciones de equipo de protección para el personal de los centros de evacuación.

“La COVID-19 ha estado afectando gravemente la vida de las personas en Filipinas desde marzo, y en un centro de evacuación es especialmente importante mantener medidas de higiene y distanciamiento físico para prevenir brotes. El personal sanitario y las personas evacuadas tienen un papel importante que desempeñar en el logro de los objetivos de IPC”, asevera Allen Borja, enfermero de MSF IPC en Albay.

En Catanduanes, una provincia insular, seis de sus 11 municipios resultaron gravemente dañados por el paso del tifón Goni. La isla sufrió más en términos de destrucción y pérdida de medios de vida. Afortunadamente, la población de esta provincia logró salir rápidamente de los centros de evacuación para regresar a sus hogares y comenzar a repararlos.

“El equipo de MSF lanzó su respuesta el 24 de noviembre en San Miguel, uno de los cuatro municipios considerados en la respuesta. Junto con los trabajadores sanitarios de las oficinas de salud municipales, el personal médico y de enfermería de MSF proporcionó suministros médicos para realizar las actividades de alcance comunitario en los pueblos más afectados. El equipo inició la distribución de pastillas para purificar el agua y bidones para almacenarla a unas 2500 familias”, concluye la doctora Hana Badando, líder del equipo de emergencia de MSF en Virac, Catanduanes.