25.06.2020

Médicos Sin Fronteras, que ya estaba presente en Kivu Norte e Ituri con diversos proyectos para atender a los desplazados por el conflicto y la violencia, y con programas contra la desnutrición infantil, la violencia sexual, el sarampión y el VIH, ha estado activa en la respuesta desde el mismo día en que el Ministerio de Salud Pública declaró el brote en Mangina, Kivu Norte, el pasado 1 de agosto de 2018.

En Médicos Sin Fronteras (MSF) acogemos con alivio y muchísima alegría la noticia del fin del brote de Ébola en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC). Sin embargo, alertamos sobre la necesidad de que todos los actores mantengan un alto nivel de vigilancia. La aparición de un solo caso podría desencadenar otro brote y echar por tierra el progreso realizado en las últimas semanas.

Sin ir más lejos, el virus del Ébola reapareció en la provincia de Ecuador, noroeste del país, el pasado 1° de junio y ha causado cinco víctimas mortales, entre ellos una adolescente de 15 años.

El brote de Ébola en el noreste del país deja a su paso casi 2,300 muertes y un sistema de salud aún más frágil, en una región donde las necesidades son enormes. De hecho, el brote de Ébola ha sido solo una más de las muchas emergencias humanitarias que afectan al norte de la RDC. En esta región, las principales causas de mortalidad no son ni el Ébola ni la Covid-19, sino enfermedades perfectamente prevenibles y tratables, como la malaria y el sarampión. Además, el largo conflicto que azota la región provoca desplazamientos masivos de población, hasta el punto de que casi 3 de cada 4 personas desplazadas en el mundo durante los últimos tres meses han sido en el norte de la RDC.

El enfoque inicial de los actores implicados en la respuesta a la epidemia de Ébola se centró únicamente en la vacunación y el tratamiento, dejando de lado todos estos problemas anteriormente mencionados, lo cual ha sido una de las razones por las cuales se fracasó a la hora de ganarse la confianza de las comunidades. Por esa misma razón durante la evolución del brote, en MSF decidimos ampliar nuestro apoyo a los servicios de atención primaria en los centros de salud y hospitales de la región. En varias áreas de Kivu Norte e Ituri, MSF apoyó campañas de vacunación masiva para combatir la epidemia de sarampión, que en menos de un año se ha cobrado otras 6.000 víctimas mortales, la mayoría de ellos niños. Estas acciones trataron de mejorar la calidad de la atención médica, así como el acceso a otros servicios básicos que resultan tan necesarios como la respuesta a la propia epidemia de Ébola. Ahora que en el país los casos de COVID-19 comienzan a crecer de forma rápida, esperamos que no se caiga de nuevo en los mismos errores, ya que de lo contrario habrá otras enfermedades que causen muchas más víctimas mortales que la propia COVID-19 o que el Ébola.