24.09.2015
Aproximadamente 3,500 personas están viviendo en lo que anteriormente era un tiradero de basura a las afueras de Calais, Francia. Las condiciones en el sitio, conocido como “La Jungla”, son miserables y están empeorando a pesar de los esfuerzos de las organizaciones no gubernamentales y de las iniciativas caritativas en el lugar.
 
La lluvia ya ha causado daños en este arenoso y sinuoso sitio. Una cuarta parte del lugar ya se inundó en una semana. Las personas están viviendo en pequeñas casas de campaña que no son aptas para el invernal y lluvioso clima. Otros han construido refugios con cajas de cartón, bolsas, lonas de plástico o madera que han recolectado.
 

Un callejón sin salida

“La Jungla es un tugurio sancionado por el Estado y un callejón sin salida para muchos exiliados quienes quisieran continuar su camino hacia Gran Bretaña u obtener asilo en Francia,” dice Pierre-Pascal Vandini, Coordinador de Proyecto de MSF. 
 
“La gente que he conocido aquí está exhausta y angustiada. Un chico de 17 años, que ya había vivido como refugiado en un campo en Sudán, me dijo que nunca había estado en un ambiente tan sucio y tan poco saludable como el que se encuentra aquí en Francia,” agregó. 
 
 
El equipo de MSF, que se encuentra en el lugar desde el 10 de septiembre, está trabajando junto a Médicos del Mundo, que opera una clínica en lugar desde junio.
 
Un doctor y una enfermera de MSF están ayudando al equipo de Médicos del Mundo a brindar consultas médicas. Sin embargo, el área del campo en el que se están realizando estas consultas se inundó en los últimos días. 
 
MSF está haciendo reparaciones temporales mientras intenta buscar una locación más apropiada para la clínica.
 

Campaña de limpieza

Tres grandes tiraderos que están instalados justo afuera de La Jungla son inadecuados e inconvenientes. Como resultado, el área está llena de bolsas de basura.
 
El 21 de septiembre, MSF lanzó una gran campaña de limpieza para juntar la basura e instalar un sistema para recolectar y organizar la basura de cada comunidad.
 
“Somos trabajadores humanitarios y estamos acostumbrados a brindar ayuda a los refugiados en emergencias de salud en Sudán, Etiopía, Jordania y en otros lugares, pero la situación en este lugar ha sido impactante,” dijo Vandini.
 
“La gente ha tenido que ver por sí misma, la ley se ha hecho de la vista gorda ante la violencia, no hay suficientes tomas de agua o regaderas, y nadie está manteniendo la insuficiente estructura de salud. Es un abandono organizado.”